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Iglesia, IA y poder

El día que Peter Thiel buscó a Grabois para hablar del futuro de la humanidad

Juan Grabois y Peter Thiel.

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¿Por qué Peter Thiel quiso escuchar a Juan Grabois? ¿Qué puede encontrar uno de los empresarios tecnológicos más influyentes del planeta en la mirada de un dirigente social argentino? ¿A quién representó exactamente Grabois cuando se sentó frente al fundador de Palantir: a un opositor de Javier Milei, a un referente de la economía popular o a uno de los intérpretes más visibles en la Argentina del pensamiento social que impulsó el papa Francisco y que León XIV acaba de actualizar para la era de la inteligencia artificial?

La existencia del encuentro fue revelada originalmente por Juan Luis González en la revista Noticias. Lo que hasta ahora no había trascendido era quién había impulsado la reunión y cuál había sido su principal motivo. Según pudo reconstruir elDiarioAR, no fue Grabois quien buscó a Thiel sino exactamente al revés. El propio magnate estadounidense tomó la iniciativa y se contactó con el dirigente social a través de Instagram para invitarlo a su residencia de Barrio Parque. El miércoles de la semana pasada, a las 9.10 de la mañana, el referente de Patria Grande cruzó las puertas de la propiedad. Y el eje central de la conversación estuvo lejos de la coyuntura política argentina: Thiel quería hablar sobre Magnifica Humanitas, la primera encíclica de León XIV.

La casa que compró Peter Thiel tiene 1600 m2 y seis dormitorios.

La reunión —en la que también hubo referencias a otros temas que hoy ocupan al empresario en la Argentina, entre ellos la ley de sociedades automatizadas y sin empleados que impulsa Federico Sturzenegger— tampoco ocurrió en cualquier contexto. Desde hace semanas, Thiel desarrolla una intensa agenda de contactos en Buenos Aires. El fundador de Palantir ya no es un visitante ocasional. Compró una casona en uno de los barrios porteños más exclusivos, instaló a su familia en la ciudad y viene desplegando una red de vínculos que incluye a funcionarios, empresarios y referentes del ecosistema tecnológico local. El 23 de abril visitó la Casa Rosada para reunirse con Javier Milei, en un encuentro que el Presidente definió después como “maravilloso”.

Antes de llegar a Balcarce 50 había mantenido una conversación reservada con Santiago Caputo en la sede de la Fundación Faro, ubicada a pocas cuadras de la sede de Gobierno. El objetivo excede largamente la política argentina: el país aparece en el radar de Thiel como un laboratorio donde confluyen energía barata con recursos naturales, además de combinar infraestructura para centros de datos y una administración particularmente receptiva a sus ideas.

El 23 de abril, Milei recibió a Peter Thiel en la Casa Rosada.

En ese tablero, sin embargo, Grabois parece una pieza extraña. A diferencia de la mayoría de los interlocutores que frecuenta Thiel, no pertenece al mundo de los negocios ni ocupa cargos en el Gobierno. Tampoco forma parte del ecosistema libertario que rodea a Milei. Su valor para el empresario parece residir en otro lugar. Más precisamente, en su capacidad para interpretar una de las novedades intelectuales más relevantes surgidas del Vaticano desde la muerte de Francisco: la decisión de León XIV de intervenir directamente en el debate global sobre la inteligencia artificial.

Aunque ya no integra formalmente la estructura de la Santa Sede, Grabois conserva vínculos y credenciales poco habituales para un dirigente político argentino. Su mandato como miembro del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral finalizó en 2025, poniendo fin a una etapa de casi una década de relación institucional con el Vaticano. Había comenzado en 2016 como consultor del entonces Pontificio Consejo de Justicia y Paz y, cinco años más tarde, en 2021, fue incorporado oficialmente por Francisco al organismo encargado de promover la doctrina social de la Iglesia en temas vinculados al trabajo, la pobreza, las migraciones y el desarrollo humano.

El Papa Francisco en su residencia de Santa Marta junto a Grabois. Detrás, el dirigente social Emilio Pérsico.

Cara a cara

La escena reunía a dos figuras que, a primera vista, parecen habitar universos incompatibles. De un lado estaba uno de los hombres que más contribuyó a moldear el capitalismo tecnológico contemporáneo: inversor temprano de PayPal y Facebook, aliado político de Donald Trump y fundador de Palantir, una compañía especializada en análisis masivo de datos y sistemas de vigilancia utilizados por gobiernos, agencias de inteligencia y fuerzas armadas de buena parte de Occidente. Del otro, uno de los dirigentes políticos argentinos más identificados con la doctrina social de la Iglesia, heredero político del vínculo construido durante años con Francisco y atento lector de la nueva agenda que León XIV intenta imprimirle al Vaticano.

La elección del interlocutor difícilmente haya sido casual. Apenas diez días antes, el 25 de mayo, Grabois había publicado en su canal de YouTube una extensa reflexión sobre Magnifica Humanitas en la que interpretó la encíclica como una respuesta de la Iglesia a la nueva revolución tecnológica. Según su lectura, el sumo pontífice intenta hacer frente a las “cosas nuevas” del siglo XXI del mismo modo en que León XIII respondió a los conflictos sociales de la Revolución Industrial con la Rerum Novarum de 1891.

El dirigente organizó su análisis alrededor de varias claves simbólicas. Una de ellas, explicó, es que Magnifica Humanitas remite al Magnificat y a una idea central del cristianismo: la necesidad de poner límites a quienes concentran poder y devolver protagonismo a los humildes. Otra fue la metáfora que atraviesa buena parte del documento: la oposición entre la torre de Babel, símbolo de la construcción orientada al dominio, y los muros de Jerusalén reconstruidos por Nehemías, concebidos como una obra colectiva destinada al cuidado de la comunidad.

Pero el aspecto que probablemente más haya llamado la atención de Thiel aparece en otro tramo del texto, donde León XIV advierte sobre la concentración del poder tecnológico y cuestiona la idea de que la tecnología sea neutral, además de reclamar que la política recupere capacidad de regulación sobre procesos cada vez más decisivos para la vida humana. Según resumió Grabois en su video, la encíclica denuncia la existencia de poderes “supraestatales o paraestatales” capaces de influir sobre los deseos, las conductas e incluso los aspectos más íntimos de la personalidad humana.

El papa León XIV, el mes pasado, en la presentación de su primer encíclica.

No es difícil advertir por qué ese mensaje puede resultar particularmente interesante para alguien como Thiel. Después de todo, buena parte de la trayectoria del empresario está atravesada por los mismos debates que la encíclica intenta abordar. Palantir debe su nombre a las piedras videntes imaginadas por J.R.R. Tolkien en El Señor de los Anillos, una referencia que León XIV parece haber recuperado deliberadamente cuando incorporó una cita de la obra en su primer gran documento doctrinario. La alusión difícilmente haya pasado inadvertida durante la conversación con Grabois. El dirigente social es un lector y admirador declarado de Tolkien, autor al que suele citar en conferencias y publicaciones.

A fin de cuentas, la distancia entre Thiel y el Papa no es solamente económica o política. También es filosófica. En los últimos años, el empresario desarrolló una visión teológica singular que combina cristianismo con tecnología y geopolítica. En una serie de conferencias privadas realizadas en 2025 y posteriormente filtradas a la prensa, el fundador de PayPal sostuvo que la principal amenaza para la humanidad no es la inteligencia artificial ni el cambio climático, sino precisamente el miedo a esas amenazas. Según su razonamiento, ese temor podría ser utilizado para justificar la aparición de estructuras globales de control capaces de concentrar poder a escala planetaria.

Peter Thiel fue uno de los empresarios más entusiastas de Donald Trump en 2016.

“La forma en que el Anticristo dominaría el mundo sería hablando sin parar del Armagedón. Se hablaría continuamente del riesgo existencial”, afirmó durante una de aquellas exposiciones. Para Thiel, el riesgo real proviene de quienes buscan frenar la expansión tecnologíca. En distintas intervenciones llegó a sugerir que tanto los organismos internacionales como los movimientos ambientalistas y los partidarios de mayores regulaciones podrían terminar allanando el camino hacia formas inéditas de dominación global. No casualmente, se trata de actores que suelen reclamar límites para industrias como la que él mismo ayudó a construir.

¿Qué buscaba entonces exactamente Thiel en la conversación con Grabois? ¿Quería comprender mejor el mensaje de León XIV? ¿Conocer cómo estaba siendo leído en América Latina? ¿Discutirlo, cuestionarlo o simplemente poner a prueba algunas de sus propias convicciones? Por ahora no hay respuestas definitivas. En el entorno de Grabois aseguran que el dirigente no hablará públicamente sobre el encuentro, al menos por el momento. Lo único que se sabe con certeza es que durante una mañana de junio, en una mansión de Barrio Parque, uno de los empresarios más poderosos de Silicon Valley decidió dedicar varias horas a conversar sobre una encíclica papal. El resto permanece, por ahora, detrás de puertas cerradas.

PL/CRM

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