La SIDE toma impulso entre la visita de Peter Thiel y el nuevo protagonismo del “comisario político” de Santiago Caputo
La visita del magnate tecnológico Peter Thiel a la Casa Rosada no fue un episodio más en la agenda oficial. Su encuentro con Javier Milei llegó después de una reunión previa con el asesor Santiago Caputo por fuera del circuito institucional y se concretó en una jornada histórica, marcada por restricciones para la totalidad de la prensa acreditada. Salvo una breve mención del propio Presidente en el canal de streaming Neura, no hubo comunicación oficial sobre el contenido del intercambio con una de las figuras que mejor conectan el mundo tecnológico con las estructuras globales de inteligencia y seguridad. En ese clima de hermetismo, una pregunta recorre el poder por lo bajo: ¿qué está pasando con la SIDE?
El telón de fondo de esa inquietud es doble. Por un lado, la decisión del Gobierno de exhibir capacidad operativa con la puesta en marcha del Centro Nacional Antiterrorismo (CNA), una estructura formalizada por decreto en octubre del año pasado, que busca “centralizar información, coordinar agencias y fijar prioridades en la lucha contra el terrorismo”, según detallan oficialmente. Por otro, una seguidilla de episodios que, lejos de consolidar ese relato de profesionalización, abrieron interrogantes sobre el funcionamiento real del organismo y, sobre todo, sobre quién conduce efectivamente esa agenda.
La inauguración del CNA, realizada el 16 de abril, funcionó como vidriera. Con presencia del FBI y del embajador estadounidense, Peter Lamelas, el acto tuvo al jefe de la SIDE, Cristian Auguadra, como protagonista, pero fue presentado como un punto de inflexión por el subsecretario administrativo José Francisco Lago Rodríguez, quien en paralelo empezó a construir algo inusual para ese cargo: visibilidad pública. “La presencia del FBI y del embajador de Estados Unidos en la Argentina en la inauguración del Centro Nacional Antiterrorismo es un paso clave para fortalecer la protección de la República Argentina”, celebró a través de un comunicado. Y fue más allá: “Después de décadas de abandono e improvisación, estamos profesionalizando el Sistema de Inteligencia Nacional”.
Su nombre es nuevo en los pasillos del poder, aunque en los últimos meses empezó a pesar cada vez más. Abogado de formación, Lago Rodríguez proviene de los estudios Cassagne, donde integró el equipo que encabezaba María Ibarzábal Murphy, hoy al frente de la Secretaría de Legal y Técnica. Su perfil combina ese recorrido jurídico con una identidad más ligada al mundo de la seguridad: en la biografía de su flamante cuenta de X —abierta a la par del acto de inauguración de la CNA— se presenta como “Subsecretario de Inteligencia” y también como “oficial de reserva del Ejército Argentino”. Ese doble registro no es menor para entender el lugar que empezó a ocupar.
Sin embargo, su desembarco en la primera línea de la SIDE no fue leído como un movimiento técnico sino como la instalación de un “comisario político” en un área sensible. Y esa lectura se reforzó en noviembre pasado, cuando elDiarioAR reveló su tumultuosa visita nocturna al domicilio de Sergio Neiffert, entonces titular del organismo, en un episodio cargado de tensión interna que dejó al descubierto la disputa por el control de la inteligencia entre Santiago Caputo y Karina Milei.
Aquella escena, tan inusual como grotesca, funcionó como un anticipo de lo que vendría. Hoy, con Auguadra en la conducción nominal, distintas fuentes coinciden en que el poder real dentro del organismo está más distribuido. En ese esquema, Lago Rodríguez no solo ganó volumen propio sino que, en algunos casos, aparece con mayor capacidad de decisión que su superior formal. ¿Quién conduce realmente la SIDE en este nuevo esquema de poder? No es un dato menor en un área donde las jerarquías suelen ser más rígidas que en el resto del Estado, pero también más opacas.
El crecimiento de Lago Rodríguez no se explica solo por su cercanía con Santiago Caputo, sino también por los movimientos en el resto del organigrama. En particular, por la virtual salida de Diego Kravetz, cuyo corrimiento abriría un vacío precisamente en el mismo casillero con el que el joven abogado decidió presentarse en redes sociales. La coincidencia no pasó desapercibida en el mundo de la inteligencia: su autoidentificación como “Subsecretario de Inteligencia” funciona, en los hechos, como una señal de posicionamiento en esa transición aún no formalizada.
Pero ese reordenamiento no ocurre en el vacío. Forma parte de una interna más amplia en el vértice del poder libertario. El esquema que responde al asesor presidencial viene siendo observado de cerca por Karina Milei, que en los últimos meses buscó avanzar sobre ese territorio con su propia lógica de control. Si hace un mes la tensión era más explícita, hoy aparece algo más contenida, aunque lejos de resolverse. En ese contexto, la exposición de Lago Rodríguez también puede leerse como un movimiento dentro de ese equilibrio inestable.
El despliegue del CNA, en ese sentido, también puede leerse en clave interna. La estructura apunta a coordinar políticas antiterroristas y a articular información con organismos locales y extranjeros. También ofrece una plataforma desde la cual construir legitimidad y mostrar resultados. Lago Rodríguez lo entendió así y se posicionó como uno de sus principales voceros. “El terrorismo es una amenaza que requiere coordinación internacional para prevenirla”, sostuvo. Y remarcó que “la participación del FBI en la inauguración del CNA refleja la reinserción del Sistema de Inteligencia Nacional en los principales esquemas de cooperación mundial”.
Pero ese relato de apertura y profesionalización convive con episodios que lo ponen en tensión. El más evidente fue el comunicado que la SIDE publicó el 24 de marzo, en el que informaba una reunión entre Auguadra y el director de la CIA en Langley. El mensaje, amplificado al día siguiente por Manuel Adorni, fue eliminado horas después sin explicación inmediata. La versión posterior, recogida por elDiarioAR, habló de una decisión estratégica: esperar la foto oficial para reforzar el anuncio. Sin embargo, no faltaron quienes pusieran en duda el núcleo del relato. Según fuentes con conocimiento del viaje, el encuentro no habría sido con el director sino con su número dos, una diferencia que en el mundo de la inteligencia tiene un peso específico. ¿Fue un error de comunicación o una forma de sobreactuar un vínculo que todavía está en construcción?
A ese episodio se le suma otro, distinto pero igual de revelador. El 2 de abril, la SIDE publicó un nuevo comunicado donde se subía a la investigación realizada por un consorcio de periodistas acerca de una supuesta campaña de desinformación contra el gobierno de Milei financiada por Rusia. Allí se afirmaba que se trataba de un caso que “ya había investigado y puesto en conocimiento de la Justicia Federal y el Ministerio Público Fiscal en octubre de 2025”. Esa declaración fue la que motivó una presentación judicial del abogado Jorge Monastersky. Sin embargo, cuando la causa recayó en el juzgado de Sebastián Ramos, lo primero que hizo el magistrado fue buscar ese expediente previo al que hacía referencia el organismo.
La sorpresa fue que no existía. No había ninguna causa anterior impulsada por la SIDE. Ante ese escenario, Ramos delegó la investigación en el fiscal Ramiro González, que todavía espera una respuesta formal del organismo a un oficio enviado para esclarecer qué información maneja. Mientras tanto, el expediente sigue sin avanzar y los abogados de los periodistas señalados en la investigación original no logran acceder a elementos concretos. La reconstrucción de ese derrotero —dada a conocer por el periodista Camilo Cagnacci en boga.ar— agrega un elemento incómodo para el Gobierno: no solo no hay evidencia de una investigación previa, sino que la propia afirmación oficial fue la que terminó activando una causa judicial sin sustento inicial. ¿Qué quiso decir entonces la SIDE cuando aseguró que ya había intervenido en el caso? ¿Se trató de una sobreactuación discursiva o de un intento de construir iniciativa donde todavía no la había?
Es en ese punto donde la historia se corre del plano técnico y entra de lleno en la lógica del poder. La SIDE no solo se reconfigura hacia afuera, con acuerdos de cooperación, promesas de equipamiento y vínculos con agencias internacionales. También se redefine hacia adentro, en una disputa que atraviesa al oficialismo. El intento de capitalizar una foto en Langley, la sobreexposición del CNA y la emergencia de figuras como Lago Rodríguez parecen responder tanto a una estrategia de posicionamiento interno como a una narrativa de política exterior alineada con Estados Unidos.
En ese tablero, la figura de Peter Thiel agrega una capa adicional. Cofundador de PayPal y cerebro detrás de Palantir, una empresa especializada en el análisis masivo de datos, su trayectoria lo ubica en un cruce sensible entre tecnología, inteligencia y poder estatal. Se trata de alguien que trabaja con agencias de seguridad y defensa y que desarrolla plataformas capaces de integrar grandes volúmenes de información, cruzar bases de datos y producir análisis predictivo.
En ese sentido, y como señaló Mauricio Caminos en este diario, el desembarco de Thiel en la Argentina puede leerse como parte de un movimiento más amplio del Gobierno orientado a expandir las capacidades estatales de procesamiento de información, flexibilizar su circulación y reforzar la cooperación internacional en materia de seguridad, un esquema que abre oportunidades pero que tampoco está exento de controversias por su impacto en las libertades civiles. Tras el polémico DNU 941 de enero de este año, el área de ciberseguridad dejó de depender de la SIDE y pasó a la órbita de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, que a su vez depende de la Jefatura de Gabinete. Pese a ese corrimiento institucional, al frente del área se mantiene el criptógrafo Ariel Waissbein.
Bajo ese contexto, la escena cobra otro cariz. Que el magnate tecnológico haya tenido acceso al corazón del poder argentino en simultáneo con el cierre de la Casa Rosada a la prensa puede haber sido una coincidencia, pero no parece un dato menor. Tampoco lo es que todo ocurra en paralelo al relanzamiento de la SIDE como actor visible, con nuevas estructuras, nuevos voceros y viejas disputas. En ese cruce de agendas, la inteligencia vuelve a ocupar un lugar central. La incógnita es si ese protagonismo responde a una política de Estado en consolidación o a una puja interna que todavía no terminó de resolverse.
PL
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