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OPINIÓN

Milei, el presidente que se cree un rockstar pero se negó a despedir a la mayor leyenda del rock nacional

Los fans despiden al Indio Solari en Plaza de Mayo después de que Javier Milei se negara a dar un sitio oficial para su velatorio.

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La muerte, como cualquier situación extrema, nos deja al descubierto. Nos muestra tal cual somos. Ni el Indio Solari, o más bien su muerte, ni Javier Milei, son una excepción. La noticia del fallecimiento de uno de los mayores artistas que tuvo este país mostró al Gobierno libertario sin capacidad de reacción y volvió a exponer la falta de empatía ante el dolor ajeno.

El Indio tendrá hoy su funeral a la altura de quien fue. Desde hace dos días, sus fans no paran de rendirle homenaje. Rebalsaron la Plaza de Mayo, volvieron a juntarse en el Obelisco y se agolparon en cada rincón del país. Ni la familia ni sus fans son los perjudicados por la decisión del Gobierno de negarle un funeral cómo si lo tuvieron otros artistas de su embergadura –Mercedes Sosa, Sandro, Gustavo Ceratti–. El que termina padeciendo esa decisión es este Estado maltrecho que otra vez vuelve a ponerse de espaldas a quienes sufren.

El Indio Solari, no hay ninguna duda, estaba en las antípodas de este gobierno y de los hermanos Milei. No sólo por lo que pensaba, por las fotos con Cristina Kirchner o los elogios a su hijo. Más bien porque el Indio fue la voz de esas generaciones de desangelados, le dio cuerpo a un fenómeno tan único e inmanejable que dificílmente pueda encontrarse en este planeta otro artista con la capacidad de convocatoria que él tenía. Y sobre todo, porque mostró que para ser masivo y popular no hace falta ser vulgar.

Mientras en todo el país se replican las “misas” ricoteras para llorar la muerte del héroe, el Gobierno prefirió enfrascarse en un debate sobre la conveniencia o no de darle espacio a semejante multitud. Un debate esteril, porque la multitud se terminó convocando sola sin pedir permiso a nadie. Es, en definitiva, lo que Indio enseñó en todo estos años.

Vi por primera vez a los Redondos en el año '89 en alguna disco de la calle Corrientes de la cual no recuerdo su nombre. Era un lugar atestado de gente y humo. La banda empezaba a salir del under y todos los espacios le quedaban chicos. No era fanática pero tenía varios cassettes grabados, me sabía varias letras y tenía claro que el cantante era pelado y que Patricio Rey no existía. La primera impresión fue un poco decepcionante. El tipo llevaba una chomba parecida a la que usaba mi ex novio jugador de rugby y se movía en el escenario sin demasiada gracia. No tenía ninguna de las parafernalias del rock and roll. ¿Donde estaban los pantalones de cuero y los gestos provocativos? Pero no, nada de eso hacía falta, porque como escribió Pablo Perantuono en este diario, el Indio era una rayo de energía musical que te atravesaba de cabo a rabo. Y sí, desde entonces, el Indio, los Redondos fueron parte de la banda sonora que musicalizó mi vida.

Ese mismo rayo, inexplicable y tan argento, que no necesita de cueros y parafernalias, es el mismo que atravesó a miles y cientos de miles y que convirtió a los Redondos y al Indio en un fenómeno único, y volvió sus conciertos en una ceremonia tan amplia que necesitó de misa y procesión.

Inmerso en el mundo que le dicta el algoritmo de su cuenta de X, el Presidente no supo que hacer frente al ídolo muerto y esa multitud que se avecinaba. Prefirió ignorarlos. Extraño de parte de alguien que se autopercibe como un rockstar.

No hubo hasta el cierre de esta columna una sola muestra de condolencias por parte del Gobierno –a excepción del tweet del secretario de Cultura que de tan escueto pareció una provocación– ante la muerte de uno de los mayores artistas del país. No pasará mucho tiempo, cuando ya no cuente con los privilegios del poder, que Javier Milei será recordardo por haber tomado una decisión tan obtusa.

El Indio Solari logró convocar multitudes como nadie lo hizo y vivió toda su vida como un auténtico rocker, un rocker sin cueros pero como un auténtico outsider. Eligió vivir fuera del sistema y construyó el suyo.

En estos días en que las imágenes de sus conciertos aparecen en loop me vino a la memoria aquel “recital” que el presidente Milei ofreció en el Movistar Arena. La banda de aduladores, los excesos de cuero en la vestimenta, los movimientos exagerados sobre el escenario, la inexplicable necesidad de hacerlo, transformaron el espectáculo en un concierto de rock hecho con ofertas de Temu.

Hoy, el Indio Solari tendrá su misa ricotera. El Presidente podrá conformarse con la que le ofrece por streaming un tal Gordo Dan.

MG

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