Nunca hubo tanta ropa y de tan mala calidad: qué se puede hacer con ella

Nunca antes en la historia tuvimos tanta ropa. Y nunca antes en la historia hubo tantos cuestionamientos a la forma de fabricarla. La industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo. Hace poco nos conmocionamos con las imágenes del desierto de Atacama, en el norte de Chile, donde se acumulan toneladas de desechos textiles, en general provenientes de Estados Unidos, Europa o Asia. 

Eso tiene que ver con la “moda rápida” (fast fashion), que es como las cadenas de moda se refieren a los diseños que pasan rápidamente de las pasarelas a las tiendas con las tendencias de moda más actuales. La práctica se remonta a los años 80, cuando las empresas empezaron a buscar aumentar el número de colecciones anuales para vender más. La idea es que los consumidores quieran tener siempre lo más nuevo. Pero es ropa que va a parar rápidamente a la basura. Las prendas no están hechas para durar. Y, en general, están fabricadas en un 60 por ciento de sintético, que no se descompone y genera microplásticos.

Las empresas empezaron a buscar aumentar el número de colecciones anuales para vender más. La idea es que los consumidores quieran tener siempre lo más nuevo. Pero es ropa que va a parar rápidamente a la basura. Las prendas no están hechas para durar

Pero no todos las problemáticas en torno a la ropa tienen que ver con lo ambiental. También es una industria que tiene serios cuestionamientos a las condiciones en que se fabrican las prendas: hay trabajo esclavo, trabajo infantil y condiciones laborales indignas en general.

Para luchar contra esta situación es que surgieron movimientos como Fashion Revolution, que tiene su sección argentina en la que Jesica Pullo coordina a un gran grupo de voluntarios. 

El movimiento nació en 2013 con el derrumbamiento del edificio Rana Plaza en Dhaka, Bangladesh, que dejó 1.138 muertos. “Era un edificio que se dedicaba a confeccionar prendas de las marcas de los grandes grupos monopólicos, las más conocidas de fast fashion o de retail”, explica Pullo a elDiarioAR. Las creadoras de Fashion Revolution fueron la italiana Orsola de Castro y la británica Carry Somers que, a raíz del derrumbe, se empezaron a preguntar: ¿quién hizo mi ropa?“.

“En ese entonces, no había tantas redes sociales para difundir información, entonces fue un shock, porque estaba muy tapado todo este tema”, asegura Pullo.

Fashion Revolution busca sobre todo generar consciencia sobre el origen de la ropa. Por eso, trabaja en diferentes campañas: reclama un salario digno para los trabajadores, insta a los consumidores a preguntarse de qué está hecha la ropa y plantea alternativas, es decir, reutilizar la ropa que ya tenemos, transformándola para darle otro uso, donándola o vendiéndola. 

En este último punto entran, por ejemplo, todas las ferias o locales de ropa vintage, es decir, ropa de segunda mano, que revenden prendas usadas. María de Vintage Reciclado lleva once años haciendo “rescates”, como los llama ella, de ropa usada. “El concepto lo inventé yo. Fue mi manera de nombrar al hecho de ir a rescatar esas prendas que están como olvidadas. Cuando empecé tenía un calendario y todas las semanas llamaba a todas las parroquias de Cáritas. Armaba la agenda: tal día hay feria, tal día hay feria. Y esos son los rescates. Después empezó a surgir esto, que también pasó en pandemia, de gente que está todo el día en la casa y que dice: che, tengo ropa, qué hago, hay una chica que vende. Y me empezaron a contactar”.

“El término rescate viene de ahí. Porque lo que yo hago es ir a comprar ropa, claramente, eso se sabe. Pero me pareció simpático el término de ”voy a rescatar prendas que están olvidadas“. Porque hay lugares en los que están en impecable estado, colgaditas, tipo local, y hay lugares donde es un desastre cómo están. Entonces hay como una cosa de rescatar para que vuelvan al círculo y a tener una nueva dueña”, explica. 

María, que vende su ropa exclusivamente a través de vivos en Instagram, tiene muy en claro la diferencia entre la ropa de antes y la de ahora: “La ropa de ahora en unos años no va a existir más. Porque hoy te comprás una remera y en un mes, en dos lavados, ya no la tenés más porque el algodón es malo, la calidad es mala. Y la ropa de hace un montón de años tiene eso: la moldería es buena. La moldería es el esqueleto de la prenda. Entonces ya te sienta perfecto. Los géneros son buenos. Eso es lo que hace que la ropa todavía esté. La calidad. O sea, son prendas que a veces tienen 20 años y se siguen usando. Esa es la diferencia con la ropa de ahora. La ropa de ahora la podés usar dos veces, tres lavados. Y listo”. 

María cree que si bien hay quien compra vintage por un tema de consciencia también hay muchas personas que consumen un montón. “En el consumo de la ropa usada hay que poner un poco el ojo también. Tengo clientas que me compran todos los meses. Ahí también hay una cosa de consumo, que a mí me sirve porque es mi trabajo, pero no es que con esto de la ropa reciclada y de feria no consumimos tanto. Compran compulsivamente. Sí, claramente está el tema de los desechos. Acá estamos comprando ropa que ya está. Y sí, empiezan a darse cuenta. Pero igual la gente sigue comprando. Se siguen matando por la liquidación en Zara. Le suman un poco de lo vintage, pero es una locura lo que consumimos”.

También a ella le importa en qué condiciones se fabrica la ropa hoy. “Sí me interesa todo el tema de los desechos textiles, pero me interesa muchísimo más: ¿y los talleres? ¿Y los pibes chiquitos que tenés metidos en un taller que hace unos años se quemaron acá en un taller clandestino?”. (En 2015 murieron dos niños de 7 y 10 años en un taller clandestino del barrio porteño de Flores). “Está bien, le comprás a Zara. ¿Y de dónde viene la ropa de Zara. ¿Y cómo la producen? Sepamos a quién le compramos la ropa”.

Fashion Revolution Argentina lanzó ya tres mapas interactivos de tiendas de segunda mano y un mapa de reparadores de ropa y accesorios. “Y este año, en la Fashion Revolution Week, lanzamos el mapa de puntos de recepción de telas y prendas en desuso”, cuenta Pullo.

Para Jesica, la consciencia sobre el tema está creciendo en la Argentina pero también hay mucha información turbia. “Después de la pandemia se vio mucho crecimiento con todo el tema de los emprendimientos sostenibles. Pero también creció mucho el greenwashing (lavado de imagen verde) de las empresas. Hay mucha desinformación. Por ejemplo, tal marca de fast fashion dice 'saqué esta línea de algodón orgánico o de poliester reciclado' y eso ya es sustentable. Y no es así. O sea, ¿en qué condiciones las personas cosieron las zapatillas esas de plástico? ¿Dónde fueron confeccionadas? ¿Quién lo hizo? Puede ser un niño. No sabemos”. 

“Y, además, nos ponemos a investigar un poco, el reciclado de plástico lo hacen unas personas sin... no sé, ni siquiera zapatos... derritiendo plástico, respirando esos gases super tóxicos, no tienen guantes. Y eso me parece el quid de la cuestión. Hay un montón de marcas de cueros que hacen carteras de cuero, que de alguna forma dicen que son sostenibles. Es imposible. Lo vemos en el Riachuelo. El Riachuelo se contaminó por la cantidad de curtiembres que había en su lecho”, añade.

Jesica cree que hay modos de producción que ya están obsoletos. “No pueden ser sostenibles porque son de raíz tóxicos, como la producción de algodón. La cantidad de pesticidas que se usan en nuestro país. El desmonte que hay. Incluso la lana. O sea, la oveja es una especie introducida. La forma de pastar que tiene no es respetuosa con los biomas o el ecosistema del sur”.

Para Jesica y todo el equipo de Fashion Revolution Argentina, la solución a todos estos temas pasa por tomar consciencia. “Uno medio que ya sabe en qué condiciones están las personas que hacen la ropa. Mirá si dijéramos: yo la verdad esto no me lo puedo poner. Prefiero tirar con esta ropa que tengo y arreglarla o incluso remendarla o agarrar dos prendas y hacerme algo. Intervenirlo, dárselo a una costurera. Hay miles de maneras”.

“Este es el momento en que más ropa tenemos en la historia. Antes las personas no tenían tanta ropa. La ropa salía cara. Hay que pensar lo que era un vestido para nuestras abuelas”, reflexiona. “No es como ahora que tengo 40.000 remeras. Este es un momento bastante especial en la humanidad. Entonces si la gente dijera: yo no puedo comprarme esta ropa porque no está hecha en condiciones éticas o no sé en qué condiciones está hecha, fin. Sea en Avellaneda o sea en un shopping. La única solución es un cambio de consciencia, empezar a creer que uno sí tiene las herramientas y el poder para cambiar las cosas. Y, obviamente, pensar en que haya leyes que prohíban cierto tipo de explotación”.

Jesica recomienda informarse. “En Fashion Revolution tenemos fanzines y un montón de información en nuestras redes sociales. También hay muchos documentales en plataformas, incluso gratis. Yo sé que no es lindo ver algunas cosas, que son crudas, pero es importante verlo, conocerlo, porque la información es poder. Nosotros proponemos preguntar siempre a las marcas '¿quién hizo mi ropa?' mostrando la etiqueta y arrobando a la marca. Todas las acciones aunque parezcan pequeñas sí son escuchadas, porque las marcas están viendo qué hacen los usuarios. Y sobre todo tener ese pensamiento crítico para poder elegir bien. Si uno necesita comprarse algo, ver si no se lo pueden prestar, si no lo puede comprar usado o si lo tiene que comprar, comprarlo a un emprendedor o a un negocio de cercanías, local”.

Para María, para recuperar una relación más sana con la ropa hay que correr el foco de querer pertenecer a algo. “La gente compra para pertenecer. Porque si no, la pollera plisada que ves en Zara la podés comprar en una feria. Pero es de Zara. Entonces creo que hay que correrse de esa cosa de creerse que porque tenés la marca pertenecés a un status social. Y jugar un poco más también. Las argentinas somos muy de lo que está de moda y lo que se usa. Hay que correrse un poco. ¿A vos te gusta? ¿Te queda bien? Ya está. Usalo. No es que porque sale más caro es de mejor calidad. Te tiene que gustar a vos. Me parece que es esta cosa de descontracturar un poco, de mezclar. Tiene que ser algo lúdico el vestirse”. 

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