Crisis climática y transición energética

“Boom' de placas solares en barrios obreros de Madrid: ”Se pueden amortizar en dos años“

Paneles fotovoltaicos para autoconsumo colectivo de energía, en Illes Balears.

Daniel Yebra

Madrid/elDiario.es —

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“Había que hacerlo”, afirma con seguridad José Luis, vecino de cerca de 70 años de una comunidad grande, de 110 viviendas y 12 portales, en Vallecas, el conocido barrio obrero del sureste de Madrid. Lo que “había que hacer” es instalar paneles de energía fotovoltaica en su edificio. Y más de la mitad de los propietarios lo aprobaron en la última junta, la de antes del verano. “¿Porque el ahorro en la factura de la luz será importante?”. “Bueno, sí, vamos a mover más de una decena de ascensores con las placas solares”, admite. Pero “no es eso, es que hay que hacerlo”, insiste, y sin decirlo muestra su preocupación por la emergencia climática.

Esa era la principal motivación de quienes se interesaban por el autoconsumo de energía renovable hace unos años, incluso hace solo unos meses. La escalada de los precios, sobre todo desde la invasión rusa de Ucrania, lo ha cambiado todo. “Ahora hay comunidades de vecinos y otros consumidores que solo tienen razones económicas”, apunta Mario Sánchez-Herrero Clemente, director y cofundador de la organización enfocada al autoconsumo Ecooo, quien considera que “estamos viviendo un auténtico boom de autoconsumo, que es algo por lo que hemos estado luchando”.

Esta lucha, que en buena parte aglutina la Plataforma por un nuevo modelo energético, por la independencia del oligopolio energético y el abastecimiento de energía 100% limpia, generada principalmente con paneles solares, tomó vuelo desde 2019 con la nueva normativa del sector –el Real Decreto (RD) 244/2019 que eliminó el “impuesto al sol”– y ha estallado definitivamente con la actual crisis energética. “En 2021 se instalaron 1,2 GW de autoconsumo, y en 2022 van a ser más de 2 GW”, calcula Sánchez-Herrero.

En diciembre de 2021, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico recogía que, “de acuerdo con un estudio del Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDAE), el autoconsumo puede alcanzar entre 9 GW y 14 GW de potencia instalada en 2030”. El director de Ecooo es más optimista y opina que podrían ser “20 GW”. Hasta la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) previó poco después de conocer esta hoja de ruta del Ministerio que “el autoconsumo eléctrico tendrá una penetración muy superior en el año 2025 a la que pronostica para 2030”.

¿Qué es el autoconsumo?

Sencillamente consiste en instalar placas fotovoltaicas en un edificio y “producir tu propia energía renovable”, ya se trate de una sola casa particular, de una empresa o institución o de una comunidad o varias de vecinos. En este último caso, se trata de autoconsumo colectivo, “el más interesante”, incide Sánchez-Herrero. Y solo es necesario que lo apoye un tercio de los propietarios.

Su organización sin fines de lucro, Ecooo, está especializada en estas instalaciones y proyectos, que, según resumen en su página web, sirven para conseguir “un ahorro de energía consumida de la red entre el 40% y el 60% y un ahorro anual en la factura de la luz en torno al 50%”.

De media, Ecooo asegura que se “recupera la inversión en un plazo de 5 a 7 años y a partir de ahí, se ahorra durante el resto de la vida útil de la instalación [cerca de 30 años]”. Sánchez-Herrero va más allá y señala que “con subvenciones” [existen distintas convocatorias abiertas, tanto estatales como autonómicas y locales] y en comunidades grandes (donde se reparte la inversión en las placas y la instalación), localizadas en zonas geográficas con muchas horas de exposición al sol, “se puede amortizar en apenas 2 años, y durante los otros 28 estás consiguiendo electricidad gratis”.

“No es lo mismo poner paneles en Vigo que poner paneles en Almería”, advierte. Con el autoconsumo, no se evita el coste fijo “por el hecho de estar conectado a la red, según la potencia contratada. Pero luego está la parte variable, dependiendo de los kWh efectivos que se consumen: los que coinciden con el momento en el que la planta fotovoltaica está produciendo salen gratis, el resto se obtienen directamente de la red”, continúa.

¿Qué sucede con la electricidad que se produce en las horas solares y que no se consume porque no hay nadie en casa? “Con el régimen actual, una legislación relativamente reciente, pero que ha sido un cambio radical respecto a la normativa del impuesto al sol, se compensa económicamente esta electricidad que se entrega a la red de la instalación fotovoltaica para que salga más barata la electricidad que se consume por la noche o en los días en los que no hace sol”, relata el director de Ecooo. El gran salto del autoconsumo individual al colectivo es el reparto del ahorro que se logra dentro de las comunidades de vecinos.

El círculo virtuoso se completa si, aprovechando este ahorro en electricidad, se invierte en una bomba de calor como fuente de calefacción y en un calentador y se prescinde así de otras fuentes de energía. Hacia ahí se dirige Hugo, un vecino de Villalbilla que instaló en abril en su vivienda 5,5 kW (12 placas) por algo más de 7.000 euros y que cuenta con una subvención europea de 3.500 euros, un reducción del IBI por parte de su municipio del 50% durante 4 años y también una deducción en la declaración de la Renta, al mejorar la calificación energética de su casa.

“La empresa instaladora calculó 4 años para amortizar la inversión, pero van a ser menos”, comenta, y admite que el siguiente paso será un termo para calentar el agua y “el último, el coche eléctrico”, para lo que piensa en baterías en las que pueda almacenar la electricidad que produce a 0 euros por el día. Aunque advierte de que el gran problema lo ha encontrado con la distribuidora y el sistema de compensación, para el que ha tenido que esperar varios meses y un par de inspecciones, hasta julio, y cambiar de comercializadora, de Naturgy a Próxima Energía, “que tiene una oferta muy interesante”, según la que se pueden acumular los kW de excedente que sobrepasan el ahorro máximo en una “hucha” virtual para los meses menos soleados y “se ahorra hasta el coste fijo”.

Mientras, la Unión Española Fotovoltaica (UNEF) se detiene en otra fórmula de autoconsumo “sin compensación”, según la que la electricidad tampoco se pierde, sino que se vende, aunque este tipo de autoconsumo requiere una gran cantidad de excedente.

“Jamás pudimos imaginarnos que los gobiernos nos pidieran ahorrar en el consumo de energía (en lugar de gastar, que es el alimento del sistema capitalista) y, sin embargo, está ocurriendo porque un problema con un país productor de gas (Rusia) nos deja totalmente desarmados. España es un país privilegiado para la producción de energía renovable. Se puede hacer en grandes plantas fotovoltaicas o parques eólicos y se puede hacer a pequeña escala, gracias al autoconsumo energético. Ambas formas son importantes para afrontar los retos que se nos vienen encima”, reflexiona Juan de Dios Bornay, CEO de Bornay, otra empresa especializada en autoconsumo.

Para Mario Sánchez-Herrero, de Ecooo, falta un empujón más, y este sería que el límite que existe ahora de 500 metros de distancia desde el contador a la fuente de generación de energía renovable (los paneles) para que se considere autoconsumo colectivo pase a ser de dos kilómetros. “En Francia o Portugal ya es así”, destaca.

“Renovables sí, pero no así”

El autoconsumo en general y concretamente el autoconsumo colectivo en las comunidades de vecinos de la ciudad son una alternativa a la generación de energía contaminante y cara, y también un freno para la proliferación de macrogranjas de renovables, que ocupan y descapitalizan el suelo de la España vaciada con el objetivo de abastecer a los grandes núcleos urbanos. “Y económicamente son menos eficientes porque se añade el coste de transporte de la energía”, recalca Sánchez-Herrero.

Con el lema “renovables sí, pero no así”, la Alianza Energía y Territorio (Aliente) denuncia esta tendencia de grandes “huertos solares” en el mundo rural pensados para la gran ciudad, exacerbada en los últimos años.

Con este mismo espíritu, y en la propia España vaciada, una pequeña asociación de Guadalajara ha decidido instalar placas solares con un coste de unos 2.000 euros que financiará al 80% la Asociación para el Desarrollo Local de la Sierra Norte de Guadalajara (Adel): “Va a suponer un gran cambio para nuestra actividad [agricultura y ganadería extensiva principalmente], al no sufrir los altos precios de ahora, y además queríamos renovables”.

Este tipo de decisiones se van multiplicando por todo el Estado, en la ciudad y en el mundo rural. “Las grandes empresas están llenando los paisajes de paneles solares y, por lo tanto, los están echando a perder, y también las posibilidades de desarrollo económico con el turismo, con la agricultura... Entonces, no traigan las placas a los pueblos, en medio de la nada, para generar energía que luego hay que transportar y se pierde un 10%, como mínimo, hasta la ciudad”, clama Sánchez-Herrero, quien cree que la solución pasa por ampliar el radio del autoconsumo colectivo, hasta dos kilómetros o más desde la fuente de energía renovable a los contadores. “Si se logra, las grandes granjas dejarán de tener sentido”, concluye.

DY

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