Raj Patel, autor de “Obesos y famélicos, el impacto de la globalización en el sistema alimentario mundial” Entrevista

“El trigo resistente a la sequía es un intento desesperado por mantener el monocultivo, pero no es la forma más inteligente de adaptarse al cambio climático”

Raj Patel

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Gran parte de la familia de Raj Patel tiene graves complicaciones de salud. Dueños de un negocio de comida, se acostumbraron a la malnutrición: exceso de azúcar, sal y grasa, que dieron paso a enfermedades crónicas. El economista es uno de los referentes del movimiento que propone un cambio saludable desde el plato. Su mirada crítica acerca del capitalismo colonial tiene sustento, alguna vez trabajó para el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio y las Naciones Unidas. Hoy desde la vereda opuesta, habla de regeneración de los suelos y de los vínculos, y promueve la desmercantilización de los alimentos.

 

En el marco del festival político y gastronómico Terra Madre, del movimiento Slow Food, realizado en Turín, Italia, habló con elDiarioAR. El popular académico, autor de “Obesos y famélicos, el impacto de la globalización en el sistema alimentario mundial” (2008), entre otros, que incursionó en el mundo del cine documental, fue invitado al evento para participar en una conferencia centrada en la crisis del actual sistema alimentario. En la conferencia que compartió con la doctora y música Rupa Marya, el periodista Michael Moss y la cheff, escritora y activista Bela Gil, contó algo de su propia historia.

Mucha gente cree que comer alimentos orgánicos es algo “cool” o una moda. El mercado vende “comida orgánica” y transforma un derecho humano en algo elitista. ¿Cómo ves esto de manera global? 

Tristemente veo que estamos yendo en una dirección equivocada. Lo que vemos es el fracaso del derecho a la alimentación, la soberanía alimentaria erosionada por la política económica capitalista, particularmente en la recesión, con la inflación de los precios de los alimentos y el impacto en la cadena de suministros, incluso antes de la guerra en Ucrania, pero empeorados por la guerra. Entonces, en ese nivel, solo miremos la cantidad de personas que pasan hambre en el mundo. Ese número está subiendo y subiendo y subiendo. Y los economistas prometen que en el futuro ese número se reducirá pero asumen que no habrá otra pandemia, que el cambio climático no empeorará mucho las cosas, que no solo no habrá más conflictos, tampoco más turbulencias económicas. Como resultado de la pandemia, se han visto algunos momentos de soberanía alimentaria en los que los alimentos circulaban mucho más localmente de maneras que hacían que, en un momento muy oscuro, las comunidades se sintieran poderosas. Y creo que eso es importante. Es importante reconocer la forma en que las comunidades se defendieron cuando pudieron hacer algunos cambios muy transformadores en la forma en que compraban y accedían a los alimentos. Michael Moss (ganador del premio Pulitzer 2010) dice que a la industria alimentaria le fue muy bien con la pandemia, y tiene razón, obtuvieron muchas ganancias. Pero también ocurrió con las personas con cadenas de suministro cortas, por lo que a los agricultores y consumidores locales, y a los agricultores de la economía circular solidaria les fue bien. Desde una perspectiva global, creo que las cosas a nivel macro no se ven tan favorables. Pero siempre puedes encontrar estos pequeños puntos de luz dondequiera que mires, si miras lo suficiente y reconoces que las comunidades tienen dignidad y organización. Entonces, incluso si cuentas una historia global, todavía hay historias de victorias locales.

En 2021 se estrenó la película “Las hormigas y el saltamontes”, en la que Raj Patel y Zak Piper son productores y directores. El documental muestra el caso Anita Chitaya, una maestra  africana influyente en su aldea de Malawi, en donde trabaja para acabar con el hambre y la desigualdad de género. Anita es invitada a viajar a Norteamérica para persuadir a granjeros y políticos de que el cambio climático es real y que deben realizar acciones concretas para afrontar sus consecuencias en el sistema alimentario. Los realizadores proponen descolonizar nuestra mirada, buscar las soluciones entre las voces campesinas. 

Se muestra en un principio una sociedad patriarcal, que se ve obligada a modificar hábitos para sobrevivir. ¿Has notado algún cambio después de esta película? ¿Estás en contacto con ellos?

Sí, usamos WhatsApp y nos comunicamos mucho. La organización (Soil and Food), ha estado recibiendo donaciones como resultado de la película, ese era uno de los objetivos. Lo estaban haciendo antes de que empezáramos a filmar, por lo que continúan con su trabajo, y estoy muy contento por eso. Pero la pregunta interesante es, ¿hay un cambio en las personas que ven la película? Y también estamos viendo eso, lo cual me emociona, es conmovedor. Sí alguien que escribe un libro espera que la gente lo lea para cambiar el mundo, eso no va a suceder. Incluso la Biblia necesita que la gente se siente y te hable de ella. Así que es lo mismo con esta película, estamos en contacto con muchos organizadores y haciendo material para que encuentren la película útil en su trabajo, y en particular en las iglesias de Estados Unidos porque hay mucha fe en esta película. Les habla a ciertas personas, particularmente en Estados Unidos, sobre la necesidad de abordar el cambio climático y abordar el racismo y el odio. Entonces esa conversación está sucediendo y tenemos datos para mostrar que las personas están respondiendo. Así que estoy emocionado por eso. Si hay un cambio, la respuesta es sí.

Me parece interesante buscar cómo inspirar a la mayoría de las personas, tal vez este lenguaje, el documental, sea el mejor.

Pero también creo que no se trata solo de ponerlo en Netflix. Se necesita gente que se esté organizando en las comunidades, y creo que eso es lo que están haciendo estos pastores y las iglesias porque cuando la gente pasa hambre, van a la iglesia. Cuando la gente está celebrando, van a la iglesia. Cuando la gente quiere un cambio, van a la iglesia por ciertas cosas. Por eso es que está funcionando aquí porque estamos usando la iglesia como base organizativa.

En 2021 Raj Patel y la doctora Rupa Marya escribieron el libro “Inflamados: medicina profunda y anatomía de una injusticia”.  Hablan de las enfermedades inflamatorias que nos están afectando, de la salud no como algo individual, sino como un proceso colectivo. El escritor le cede la palabra a la doctora, presente en la sala en donde transcurre la entrevista para explicar ese concepto básico de la inflamación.

¿Cómo se relaciona la violencia social con la enfermedad inflamatoria?

Bueno, la inflamación es la respuesta del cuerpo al daño o la amenaza de daño, y es la forma en que el sistema inmunitario del cuerpo se cura cuando se encuentra con ese daño. En una respuesta inflamatoria aguda, como ante un corte de papel, la respuesta inflamatoria cura esa herida y luego se frena. Pero con la inflamación crónica, lo que estamos viendo es que el daño continúa, y luego el sistema inmunitario se queda en este estado activo tratando de sanar constantemente. Esas moléculas que se movilizan para la curación provocan daños colaterales en los tejidos y crean enfermedades inflamatorias. Y estamos viendo esa inflamación en el corazón, en los vasos, en el cerebro, con la enfermedad de Alzheimer, en el colon, con el cáncer de colon, este tipo de cosas. Entonces, lo que estamos viendo es que los factores sociales y ambientales alrededor del cuerpo son más predictivos sobre si va a desarrollar o no la enfermedad inflamatoria que su genoma. Por lo tanto, es fundamental que observemos cómo esos factores sociales y ambientales están creando señales de daño en el cuerpo.

Y a través de tu propio análisis social, Raj, ¿qué podrías decir sobre esto?

Bueno, ya sabes, si vives con miedo en una sociedad, si te preocupa que la policía te esté atacando, ya sea las mujeres en Irán por el hiyab, o si se trata de los indígenas, incluso en Argentina, preocupados por la brutalidad policial. Entonces, la policía no decide simplemente que estas personas sean el enemigo, siempre es parte de un proceso social. Si vives con miedo de ser atacado por la sociedad, siempre estás listo para pelear. Si siempre estás listo para una pelea, tu cuerpo comienza a inflamarse. Y este es precisamente el proceso del que habla Rupa.

Todo está conectado.

Exactamente. Y debido a las historias que nos cuentan y de las que somos parte, nuestros cuerpos están íntimamente conectados con la narrativa de la política.

Ok, no sé si estás al tanto de esto. Tenemos el primer transgénico en Argentina y es resistente a la sequía, supuestamente, pero además es resistente al glufosinato de amonio, aun más tóxico que el glifosato. ¿Crees que sería un desastre masivo?

Creo que lo será porque no lo podemos detener. El problema es que el cambio climático no es una sola cosa. Como hemos visto, el cambio climático es sequía, y luego llega toda la lluvia en un día. Y luego es también más calor extremo y más frío extremo y nuevas plagas. Y no hay cantidad de ingeniería genética en un cultivo que pueda cubrir todo eso y al mismo tiempo hacer que el cultivo sea rentable y tenga el mismo nivel de rendimiento. Quiero decir, puedes hacer que el arroz produzca mucha más vitamina A, por ejemplo el arroz dorado genéticamente modificado estaba destinado a ser una historia de éxito. Pero ningún agricultor lo sembrará, porque, para que el arroz produzca vitamina A, es mucho menos productivo. Este trigo resistente a la sequía genéticamente modificado es un intento desesperado por mantener el monocultivo. Pero no es la forma más inteligente de adaptarse al cambio climático, la mejor manera de hacerlo es tener una cantidad de cultivos diferentes, en la que puedas reconocer cuáles funcionarán bien determinados años. No obstante, si tienes biodiversidad los cultivos están trabajando juntos para crear un ecosistema robusto. Entonces, si aparece una nueva plaga, esa plaga puede encontrar su nicho pero no destruir el sistema. Y creas una red de vida más rica. Entonces, el monocultivo nunca ha sido una muy buena idea en tiempos inciertos. Estos son tiempos inciertos.  Ajustar un gen en un monocultivo puede brindar, en el mejor de los casos, cierta protección para servir a un tipo de clima extremo.

Estamos preocupados por el aumento del consumo de carne a nivel mundial. Las granjas porcinas están creando nuevas pandemias, como sabemos. ¿Crees que la alimentación vegetariana podría ser una salida? ¿Un mundo vegetariano podría ser posible? ¿O es una utopía?

Creo que comer principalmente plantas es posible y necesario. Pero también es posible tener solo monocultivos de soja, como sabes. Son solo plantas, y luego haces tofu con ellas, y todos son explotados en cada paso del camino. Así que la dieta es importante, pero la política y el poder son mucho más importantes. Tener una reforma agraria y una rematriación de la tierra, como lo está haciendo Rupa con el “Círculo de Medicina Profunda”, es una forma mucho más interesante de reconocer y nivelar las relaciones de poder que simplemente decir, “come col rizada”. Porque todavía se puede tener explotación en la producción de todo tipo de hortalizas. Y lo que muestra el Círculo de Medicina Profunda es que es posible curar la tierra y la gente en ella de una manera que sea digna para todos. La biodiversidad continúa. Y también desmercantilizar la comida, regalarla.

Bueno, estamos aquí en el festival Terra Madre. Es un encuentro optimista en donde queremos cambiar el mundo de alguna manera, donde la tierra y la regeneración del suelo son importantes. En alguna entrevista dijiste que eres un optimista práctico. ¿Cómo podrías definir eso? 

Bueno, porque puedo ver lo que hace Rupa, lo que hacen los camaradas en Malawi, el MST, La Vía Campesina. Y todos pasan por luchas, creo que la gente se está defendiendo. Y a veces en estas preguntas sobre el optimismo sale la palabra esperanza y me irrita, creo que la esperanza es una mierda. Y desearía que tuviéramos menos conversaciones al respecto porque se siente como una especie de complemento que necesitas para poder hacer las cosas. Y la mayoría de los movimientos sociales que conozco, nunca escucho la palabra esperanza, porque en general la gente está cansada, tiene exceso de trabajo y hay demasiadas cosas que hacer. Pero no lo haces porque tengas o no tengas esperanza. Lo haces porque hay que hacerlo. 

Tengo una pregunta sobre tu vida personal. Sos un ciudadano del mundo pero elegiste Texas para vivir. ¿Cuál fue la razón? 

Oh, porque mi pareja fue reclutada para ayudar a iniciar una escuela de medicina. Esta es una facultad de medicina que se toma en serio la idea de que no se puede tener salud en un cuerpo individual, sino que tiene que ser un proyecto comunitario. Así que eso es algo por lo que estoy muy dispuesto. Y Texas está jodidamente loca, gran parte de América es violenta, la misoginia, el racismo y el odio a las mujeres en particular en Texas es bastante malo. En este momento, estoy allí para complicar las cosas y contraatacar. Pero, ya sabes, esta es una lucha que debe librarse en todas partes. Y creo que donde sea que termine, estas son las peleas que vale la pena pelear. Para cerrar esta conversación, me gustaría decirle algo a los argentinos. Creo que en lugar de esperanza puedes tener lo que. Martin Luther King llama la feroz urgencia del ahora: el conocimiento de que esto debe suceder. Si sientes que pierdes la esperanza, puede ser que estés pasando más tiempo solo del que deberías. Porque si están trabajando juntos en un movimiento, siempre hay alguien que se preocupa por ti. Siempre hay alguien para cuidar de los hijos. Siempre hay alguien que te prepara la comida. Siempre hay alguien para recogerte cuando te caes. Y eso es mucho mejor que la esperanza. 

KO/SH

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