VIOLENCIA ENTRE LOS JÓVENES

Una de cada dos muertes de adolescentes se produce por un hecho violento

El caso de Fernando Báez Sosa se instaló con fuerza en la agenda pública y en los medios de comunicación. La juventud de todos los implicados y la violencia del hecho sacuden a la sociedad desde que se conoció la muerte de la víctima hasta el presente, cuando se debaten responsabilidades, penas y futuros. “Hay mucha violencia, pero reducirla solamente a los jóvenes es un gran error. Por supuesto que siempre es importante prevenirlo, concientizar, sensibilizar, pero hay que partir de una violencia general que es la violencia que existe socialmente”, dijo el juez penal juvenil, Rodrigo Morabito, a elDiarioAR.

La mayor proporción de muertes en la población adolescente ocurre por causas evitables, asociadas a situaciones de violencia que provocan lesiones intencionales o no intencionales, autoinflingidas o infligidas por terceros. Desde la Dirección de Adolescencias y Juventudes del Ministerio de Salud indican que para el año 2020 -el año en que Fernando fue asesinado- hubo 2.609 muertes totales de adolescentes de 10 a 19 años. Más de la mitad, el 56%, de esas muertes adolescentes corresponden a causas externas asociadas a la violencia y en su mayoría prevenibles, que incluyen incidentes viales, suicidios, homicidios y agresiones. De ese 56%, el 76% de las muertes son de adolescentes varones.  

“Crecemos aprendiendo que llorar no es de hombres, que si te pegan tenés que defenderte y de esta manera vamos aprendiendo que la pelea es el modo legítimo de resolución de conflictos y espacio además de disputa de poder o de territorio. No estamos acostumbrados a hablar de lo que nos pasa sino a resolverlo a través de la pelea y esto es una construcción cultural que nos atraviesa a todos”, dice Juan Carlos Escobar, director de Adolescencias y Juventudes, quien describe a la violencia como un fenómeno multicausal e interseccional. Desde la Dirección realizaron un estudio cualitativo sobre construcción de masculinidades en adolescentes varones de Argentina, allí analizan que la masculinidad se demuestra y consolida en los grupos de pares y que “en los grupos de varones es donde se avalan y reproducen muchas de las prácticas más nocivas para ellos y para quienes se relacionan con ellos”. En los encuentros realizados con jóvenes de distintas regiones del país para el abordaje cualitativo, quedó de manifiesto que la socialización de los varones es a través de la violencia. Entre los grupos relevados surgen algunos puntos en común: el recurso de la pelea como resolución de un conflicto, peleas en las escuelas originadas por distintas causas como insultos o miradas y la justificación de la violencia física de los padres hacia sus hijos en función de la educación. El informe hace énfasis en la importancia de no victimizar a la masculinidad sino de tomar los datos para analizar los factores de riesgo que esta construcción de identidad implica, tanto para los varones como para las personas con las que se vinculan, como las mujeres y otras identidades de género. 

Datos del Ministerio de Salud de la Nación muestran que esta es una realidad que se repite. En 2018, el conjunto de causas externas representó el 55% de las muertes adolescentes, y el 66% de las muertes por estas causas fue de adolescentes varones. Ellos sufrieron casi 4,5 veces más lesiones por agresiones que las mujeres. El director de Adolescencias y Juventudes contextualiza que, si bien hubo un descenso en las muertes de adolescentes en general -en 2018 el total de muertes adolescentes fue de 3.014 y en 2020 el número bajó a 2.609- el porcentaje por causas externas sigue siendo alto, así como el impacto en los varones: “Las causas siguen siendo las mismas. Sigue siendo un tema de salud pública, nos sigue preocupando y el descenso no es tampoco tan significativo como uno quisiera. En este sentido sigue siendo un problema y un tema priorizado”.

Entre otros hallazgos del informe cualitativo aparece la falta de involucramiento de los adultos en el aula cuando se dan casos de bullying, la violencia como demarcación de límites dentro de la familia y la violencia en entornos digitales, donde las redes sociales son consideradas como lugares donde “vale todo”. Involucrar a toda la sociedad en esta problemática, dice Escobar, es necesario para reflexionar sobre las prácticas sociales que la habilitan, “si no caemos en el riesgo de pensar que siempre el violento es el otro y eso nos lleva a des responsabilizarnos de nuestras acciones. Esta cuestión es fundamental para pensarla con pibes porque es necesario la construcción de un pensamiento crítico, que puedan responsabilizarse también de sus actos”.

JLC/MG