Creativo multipremiado, navegante solitario
La decisión de soltarlo todo
Hay algo en el tono de David Ruiz que desarma de entrada. “Irse es el resultado de atreverse”, dice, como si no hiciera falta más explicación. Pero detrás de esa frase hay cuatro años navegando en solitario, seis cruces del Atlántico, una vuelta al mundo y una decisión que, en términos profesionales, parecía irracional: cerrar —aunque fuera temporalmente— un estudio creativo con más de 25 años de trayectoria y más de 150 premios internacionales.
Ruiz está en Buenos Aires presentando una serie de charlas que convergen en un mismo punto. Por un lado, una reconstrucción detallada de su travesía entre 2016 y 2020. “Es una charla ilustrada con fotos y vídeos, donde explico las motivaciones, la preparación y las anécdotas más interesantes del viaje, así como los aprendizajes que me ha regalado esta gran experiencia de vida”. Por otro, una reflexión más amplia, sobre la capacidad que tenemos para crear nuestro propio futuro “a partir de las decisiones que vamos tomando a lo largo de la vida”. ¿Dónde surgió la idea? “Hablé con Paco Savio, un gran amigo y compañero de trabajo durante los años 90 en España y fue él quien empezó a mover hilos hasta conseguir un tour de 12 charlas. El objetivo es presentar en Argentina el libro Irse y compartir mi experiencia tanto profesional como de navegante”. Y ese segundo eje es, en realidad, el que termina ordenando todo. Porque la vuelta al mundo no aparece como un gesto aislado, sino como la consecuencia de una trayectoria que Ruiz decide revisar desde el inicio: “Hago un recorrido que se inicia diseccionando mi trayectoria profesional y termina con la decisión de soltar amarras durante cuatro años”, señala.
Porque antes del mar hubo otra vida. Ruiz se formó en diseño industrial en la Escuela Elisava de Barcelona, aunque rápidamente encontró su lugar en el diseño gráfico y la dirección de arte. “Me entusiasmó ver que un diseño entregado hoy podía verse impreso en un periódico al día siguiente. En diseño industrial, ver un diseño producido puede tardar dos años”, recuerda. Esa inmediatez lo atrapó. Su carrera fue ascendente: pasó por distintas agencias hasta convertirse en director creativo en Bassat Ogilvy & Mather. “Los primeros éxitos llegaron con las campañas que realizamos para Levi´s. León en Cannes, el Grand Prix de los Clio Awards, la medalla de oro del Art Director’s Club de Nueva York”, enumera como si se tratara de una lista ya lejana. En 1993 fundó su propio estudio, Ruizcompany, con una ambición clara: “buscar la excelencia en cada proyecto”. Durante más de dos décadas trabajó en branding, editorial, packaging, publicidad. Todo parecía en orden. “Pensé que sería dramático llegar a cierta edad y tener que arrepentirme de haber dedicado mi vida casi por completo a trabajar”, admite.
La idea de dar la vuelta al mundo no apareció de golpe. Venía de lejos. “A los 15 años devoraba libros sobre navegación en solitario y decidí que algún día yo haría lo mismo”. Pero como suele pasar, ese “algún día” quedó suspendido durante décadas. “El momento fue en 2016, cuando analicé mi situación y me di cuenta de que podía hacerlo”, explica. Las condiciones estaban dadas: sus hijos ya eran grandes, su empresa funcionaba bien y tenía recursos. “Muchos amigos me decían que iba a tirar años de trabajo y esfuerzo por la borda. Yo veía claramente sus miedos. El miedo que castra los sueños”. La clave fue construir un plan para la vuelta. “Me di cuenta de que a mi regreso cumpliría 60 años, así que me dije que a esa edad montaría una nueva empresa y sería la etapa más fructífera de mi carrera”. No se trataba de romper con todo, sino de reconfigurar. Hoy la experiencia en el océano aparece condensa momentos de belleza extrema, pero también situaciones límite. Como el primer cruce del Atlántico en solitario. Así recuerda la llegada al Caribe después de 19 días de navegación: “Cuando vi las luces de Santa Lucía, la emoción fue indescriptible. Lo había conseguido”.
Pero no todos los viajes fueron placenteros. En una regata entre Canarias y Colombia, una tormenta cambió todo: “Una borrasca atlántica nos atrapó. Una ola descomunal tumbó mi velero y me rompí los tendones del brazo izquierdo”. Diez días navegando herido y solo. “Fue uno de los momentos más difíciles”. Hubo otros: una avería en el norte de Australia que casi le hace perder el barco. Un mes entero tratando de salir de una zona de corrientes adversas. Y, sin embargo, no hay arrepentimiento. “Siempre he visto estos momentos como pruebas a superar de una aventura en la que has decidido meterte”. Más allá de la geografía, el aprendizaje fue otro. “Acabas entendiendo cómo funciona tu cabeza. Y solo entonces empiezas a ser dueño de tus decisiones”. Esa transformación tiene consecuencias concretas. “Hoy veo el miedo como una advertencia para prepararme, no para quedarme quieto. La adversidad es necesaria para crecer”.
No es un discurso teórico. Es una conclusión práctica. Y lo refleja en “Irse”, un libro sobre algo más que viajar que nace casi sin proponérselo. Ruiz escribía un blog —“¿Dónde está David Ruiz?”— para mantener informados a amigos y familiares. Ese material terminó siendo la base del proyecto. “El libro no es solo para navegantes. Mucha gente que no tiene nada que ver con el mar se siente atraída por la idea”, explica. La clave está en el sentido amplio del título. “Habla de cambiar de vida, de animarse a otra cosa. Algunos me dicen que han llorado de risa y también de emoción”. Hay anécdotas, momentos dramáticos, pero también estrategias concretas. “Por ejemplo, obligarme a bailar diez minutos al día para generar endorfinas y cambiar el estado de ánimo”.
Una de las preguntas inevitables es si todo esto fue una forma de escapar. El autor lo niega sin rodeos: “No fue una huida. Estaba bien donde estaba. Fue una búsqueda. De nuevas experiencias, de ponerme a prueba, quizás de mí mismo”. Y la distinción es importante porque rompe con la idea de que solo se cambia cuando algo está mal. En su caso, el cambio surge cuando todo está bien.
MR/MF