Taylor Swift tocará en noviembre, ellas la esperan desde mayo

Horas de acampe en un excel y un reglamento estricto: cómo es el día a día de las “swifties” que esperan a su ídola en River

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Desde hace meses, fans de Taylor Swift esperan frente al estadio River Plate en Buenos Aires los conciertos que la cantante dará en noviembre. Una de ellas es Julieta Pavan, de 22 años. Tener la entrada no es suficiente para ella. Quiere la mejor ubicación en el estadio, justo delante del escenario. Por eso montó su carpa cuando ni siquiera estaba claro si la cantante estadounidense visitaría la Argentina. Al principio, sólo había rumores. 

El 31 de mayo, Pavan montó la carpa número uno. Tres días después, llegó el anuncio oficial: Taylor Swift dará conciertos el 9 y 10 de noviembre. No tardó en añadirse una nueva fecha, el 11 del mismo mes. 

Pavan no espera sola. En su carpa “conviven” unas 50 personas, en su mayoría fans mujeres, que se alternan por turnos. Durante el día, dos o tres personas cuidan la carpa, situada a unos cien metros de la entrada. Por la noche, pueden ser cuatro. Cada una de ellas tiene que cumplir un mínimo de 35 horas al mes, una noche incluso, sin límite máximo.

Pavan trabaja de 7 a 13 trabaja en una clínica como extraccionista de sangre. Siempre que tiene tiempo, después viene al estadio. Si pasa la noche acá, se levanta temprano y va directo al trabajo. “Me encanta venir porque estoy con mis amigas”, dice. “Acá conocí a mi familia, son como mis hermanas. Están igual de locas que yo, básicamente”.

Celeste Herrero, de 21 años, es otro miembro de esta familia. Las dos mujeres se conocieron el año pasado mientras acampaban para el concierto de Harry Styles, exintegrante de la banda británica One Direction. Juntas esperaron durante medio año la noche del concierto.

Pavan ya ha acampado para varios conciertos a la vez. El año pasado Herrero pasó nueve meses en la calle acampando, con una breve interrupción de dos semanas. “Valió la pena –dice –. Fueron las mejores noches de mi vida”.

En noviembre quiere estar lo más cerca posible de Taylor Swift. “Me identifico mucho con sus letras. Es como si me estuviera escuchando. No me conoce y al mismo tiempo me conoce tan bien. La admiro muchísimo. Es la mejor mujer del planeta, la amo”, dice.

El amor de los “swifties”, como se llama a los fans de la cantante, parece no tener límites. Algunos llevan semanas viviendo en las inmediaciones del estadio aunque todavía no tienen entrada. Esperan conseguir una para el día del concierto.

Al lado de la carpa de Pavan hay dos carpas más, la número dos y la número tres. El orden es importante porque determina quién y en qué momento entrará en el estadio el día del concierto. Por el momento, Pavan sería la primera. No sólo porque ocupa la carpa delantera, sino porque es la que más horas ha pasado hasta ahora frente al estadio: alrededor de 400. Las horas se registran en una plantilla Excel. Para coordinar el grupo de 50 personas, también hay dos calendarios de turnos y tres grupos de Whatsapp.

En su smartphone, Pavan muestra un pdf de dos páginas. En el encabezado dice: “Bienvenido a la Carpa I, estás sola, muchacha”. Y las reglas: no está permitido cumplir horas para otras, la carpa nunca debe dejarse sola, el lugar debe mantenerse limpio.

La limpieza se hace una vez al día, esta tarde de manera minuciosa; un desconocido hizo pis en un rincón junto a las carpas. Todas ayudan, no sólo Pavan y Herrero, sino también dos chicas de las otras dos carpas, también amigas de conciertos anteriores. Juntas friegan el suelo, sacan colchones y mantas de las carpas y vuelven a meterlos, barren las hojas caídas.

Las noches en la carpa pueden ser bastante incómodas. “Anoche casi me morí de frío”, dice Victoria Díaz, que forma parte de la carpa número dos. “Esas son las cosas no tan buenas de acampar”.

A partir de septiembre u octubre, cuando las temperaturas empiecen a subir, se añadirán más tiendas, y la situación se volverá más confusa. “Tratamos de mantener la calma lo más que se pueda”, dice Díaz.

La semana anterior al concierto comienzan las preparaciones para el gran día. Las organizadoras de las carpas como Pavan establecen el orden de acceso. Cuantas más horas se haya cumplido hasta entonces, más se avanza en la fila.

El día antes del concierto, a última hora, llegan todos. Con unas 50 personas por carpa, son bastantes. Todo el mundo tiene escrito en la mano su lugar en la fila. “Es importante conocer a la que tenés adelante y a la que tenés atrás, nadie más”, dice Díaz.

Tras desmontar las carpas, comienzan la fila en la entrada. Cada una toma su sitio donde pasará la noche y el día. Luego, unas horas antes del concierto, cuando llega la gran multitud, se enganchan unas debajo de otras y forman una barricada humana. “Para que nadie se meta”, dice Díaz. Ninguna de ellas cede el lugar que han pasado cientos de horas defendiendo.

CF/DTC