Toda maternidad es política: Fabiola Yáñez, las primeras damas y los nacimientos en el poder

Alberto Fernández y Fabiola presentaron a Francisco

El embarazo empezó como un juego de sugerencias. Una mano apoyada sobre la panza, preguntas gambeteadas y especulaciones en los medios, muy cerca del escándalo disparado por la difusión de las imágenes sobre el festejo del cumpleaños de la primera dama durante la cuarentena estricta. Un mes y poco después vino la confirmación desde Presidencia: Fabiola Yáñez, la pareja del Presidente Alberto Fernández, transitaba la décima semana de su embarazo y Alberto se convertiría en el primer Presidente reciente que es padre en ejercicio de funciones, con antecedentes en Julio Argentino Roca y Justo José de Urquiza. 

Como todo nacimiento, el de Francisco Fernández se dio en un tiempo y espacio que aportan a la interpretación de lo que ese bebé trae al mundo. Pero como muy pocos en la historia, el bebé Fernández motorizó una máquina opinadora, bufona, inferencial, imposible de disociar de las coordenadas políticas, económicas y sociales en la que sus padres se inscriben. Incluso aunque su padre no haya hecho del embarazo y el futuro nacimiento un tema presente en su comunicación. 

Quienes la conocen, comentan que a Fabiola la afecta mucho lo que lee en redes sobre ella. Si durante su puerperio decidiera adentrarse, encontraría, además de felicitaciones públicas, un alud de críticas despiadadas en todas las direcciones: dudas sobre la paternidad de Francisco, apodos clasistas, montajes alrededor de la reunión clandestina en Olivos; también, opiniones sobre su maternidad. Ninguna madre está exenta de que cualquiera diga lo que tiene que hacer una con sus hijos, pero menos lo está una figura pública vinculada con la política en la era de la polarización y de la exhibición en Instagram. Entonces, en estos días pudimos leer desde una hipótesis de que hubo violencia obstétrica porque el tiempo que pasó entre su ingreso a la clínica con trabajo de parto y la cesárea fue muy corto o cuestionamientos de la hora a la que le tomaron las huellas de los pies al recién nacido, hasta la puesta en duda de la existencia misma del embarazo. 

El último aluvión de comentarios vino disparado por una serie de fotos que la mostraban vestida impecable, peinada con brushing y maquillada cuatro días después de haber sido operada de una cesárea –un esfuerzo físico usualmente descomunal que decidió hacer y postear– o, en otra, ayudando a Alberto en la tarea de alimentar al bebito con una mamadera, acción que llamativamente irrita a un porcentaje de observadores y observadoras de maternidades ajenas. 

Ella ya había adelantado que quería salir de la clínica vestida con uno de los colores favoritos cuando le preguntaron si había pensado el look de salida: “Aún no, no lo pensé todavía, tampoco sé cómo se encontrará mi cuerpo en ese momento, lo único que puedo decir que será algo de alguno de mis colores preferidos como el blanco o el tiza”. Si la primera entrevista que dio durante la campaña de Alberto fue al diario Página/12, ya primera dama eligió revistas menos vinculadas con la actualidad. La última aparición –de las contadas que hizo– fue en la revista Para Ti. Con una producción de moda en la que vestía a veces blanco y a veces negro, su imagen angelical se coronaba con una cadenita de la que colgaba un pequeño crucifijo. 

A la Fabiola madre, “las redes” –o voces más y menos escuchadas que ahí se pronuncian– le pidieron algún grado de ejemplaridad en temas como la lactancia materna o la violencia obstétrica. En cierto modo, se le pide ser una referente en temas vinculados a la agenda de género y alzar la voz públicamente sobre eso. Sin embargo, de una mirada panorámica a su Instagram se desprende que no son temas que la convoquen especialmente más allá del posteo institucional en la semana de la lactancia. Si bien parte de sus actividades tienen que ver con representar al país en campañas de organismos internacionales destinadas a mujeres, es difícil escucharla enunciando consignas feministas u opiniones espontáneas. Cuando la entrevistaron en campaña en 2019 había dicho que el aborto era una cuestión de “salud pública” y que penalizarlo no había sido la solución, pero su Instagram no tiene mención alguna a la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, aunque sí hay lugar para reiteradas imágenes con el Papa Francisco, la celebración del aniversario de la Ley de los Mil Días (aprobada en la misma sesión que la IVE) y una agenda tradicional e intensa vinculada a la solidaridad con ademanes proselitistas. 

Yáñez, además, no es parte del círculo político de su pareja más que lo que protocolarmente se requiere. Está, dicen los que conocen la dinámica de Olivos, más bien aparte de la cotidianidad de la gestión. 

En cuanto a Alberto, también se le exige ejemplaridad en cuestiones que hacen al nacimiento de niños y niñas. En su caso, protagonizó el lapsus más celebrado de los últimos años al inaugurar su gestión diciendo que volvían “mujeres” (en lugar de “mejores”), alardeó ponerle “fin al patriarcado” cuando promulgó la ley IVE a días de su aprobación, estrenó el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad y su vuelta a la arena política de primera línea trajo consigo la novedad de una familia diversa: su hijx Dyhzy transita su identidad por fuera de las categorías binarias y cambió su DNI por uno que incluyera el sexo “X” y el nombre de Tani Fernández Luchetti.

La amplitud familiar de Fernández es notoria: declaró, hace pocos días, que su hijo menor lleva el nombre Francisco inspirado en el Papa.

Con el nacimiento del bebé, una parte de la ciudadanía o de sus votantes esperaban un gesto sensible al problema de la inequidad de las licencias por paternidad –cinco y dos, en el sector público y privado respectivamente– y el cuidado de los niños en Argentina. Si bien el día del nacimiento de su hijo habló de cambiar “pañales” en lugar de “ministros”, prefirió mostrar que está trabajando a full en un contexto crítico en todos los frentes en lugar de hacer un tema de los poquísimos días que tienen de licencia los varones padres. Por cierto, no es este el único caso en el que el tema despierta fervor y discusión en la opinión pública, con voces a favor y en contra. Cuando Tony Blair fue papá de su cuarto hijo en el 2000, el tema de su licencia por paternidad inundó la agenda política los días previos al nacimiento, mientras él decía públicamente que no sabía qué hacer al respecto. Finalmente se tomó unas vacaciones. Boris Johnson, que fue padre en 2020, decidió no tomarse una licencia por paternidad sino “unos días con la familia” sin interrumpir sus responsabilidades como primer ministro. En 2018, Jacinda Arden, primera ministra de Nueva Zelanda, sí se tomó una licencia por maternidad de seis semanas. 

Primeras damas, una figura estancada

El nacimiento de Francisco, las imágenes posadas de Fabiola impecable, y antes, en los preparativos, volvieron a poner el foco en una figura que podría ser algo incómoda para los gobiernos que se asumen progresistas o modernos pero que finalmente no parece serlo. La historia de amor que unió a Yáñez involucra una entrevista de ella a él para su tesis de licenciatura mientras estudiaba Periodismo becada en la Universidad de Palermo. Sin embargo, ella no parece explorar su costado de periodista o actriz de modo contundente como parte de su rol.

En Instagram, donde deja constancia de sus actividades solidarias, protocolares o de gestión en las fundaciones de las que es parte, sus poses, vestidos y apariciones son completamente producidas. Su persona pública, por caso, recuerda más al de Juliana Awada que a la de Cristina Fernández de Kirchner, que pidió que no le dijeran primera dama sino “primera ciudadana” durante el gobierno de Néstor Kirchner y fue clave políticamente como senadora. Antes de asumir Alberto Fernández la presidencia, Fabiola, adelantó que se veía haciendo cosas “por los pobres y por los chicos”.

Awada era un puntal fundamental en la comunicación macrista y les ganaba en engagement a buena parte de la primera línea de gobierno. Tanto en el caso de Juliana como en el Fabiola, las discusiones y luchas feministas tan presentes en los últimos años no parecen ser parte de su discurso. La directora de la maestría de La Nación y Universidad Di Tella y doctora en Literatura y Lenguas Romances, Karina Galperín, es una observadora de estas figuras femeninas y llama la atención sobre una posible contradicción con los nuevos modelos y roles femeninos: “Estoy empezando a pensar que, en nuestras sociedades, algunos de los cambios en torno al lugar de la mujer están afianzados desde el discurso pero son todavía mucho más precarios de lo que creemos en la práctica y sobre todo en las mentalidades, tanto de hombres como de mujeres. Creo que hay muchísimas mujeres, incluso muchas mujeres cuyo discurso y modo de pensarse van por otro lado, a las que sin embargo todavía les gusta ver ese rol tradicional de primera dama, con modelos de ropa cara, preparando el ajuar del bebé, decorando la casa...”. También, dice, suele pasar que los cambios culturales abruptos no sucedan en bloque sino que sus diferentes aspectos se modifican a distintas velocidades. “Creo que muchas mujeres tenemos muchas ambivalencias con cosas con las que decimos o creemos que no las tenemos. Instagram es una prueba flagrante de eso”.

Ahora se inicia una nueva etapa en la vida de Fabiola y también probablemente en su manera de narrarse para el gran público. Si bien, a diferencia de Mauricio Macri, Alberto Fernández no involucra a su familia en su estrategia de comunicación –sí lo ha hecho más reiteradamente con su perro Dylan–, y el antecedente del escándalo del cumpleaños de Yañez probablemente lo aleje de esa idea, la primera dama maneja un vínculo aparte con su comunidad digital a la que ahora le contará sus días como mamá primeriza.

Es de esperar que esa comunidad siga opinando.

NS

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