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El documental que explica el giro del voto obrero hacia la ultraderecha en Francia

Javier Zurro

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El escritor Didier Eribon huyó de Reims cuando tuvo la oportunidad. Salió hacia la universidad y dejó atrás un pueblo donde ser gay era complicado. Negó su pasado hasta que la muerte de su padre lo hizo volver a sus orígenes y aceptarlos, así como cuestionar sus contradicciones. Lo plasmó todo en Regreso a Reims, un ensayo político donde radiografió la historia de la clase obrera a través del testimonio real de sus padres y abuelos. Hombres condenados a trabajar en la fábrica y mujeres condenadas a ser esposas abnegadas y sufridoras. Al bucear en su pasado, entendía también su propia historia.

Cuando el director Jean-Gabriel Périot se enfrentó al reto de adaptar al cine en forma de documental Regreso a Reims, volvió a leer el texto que ya lo había cautivado tiempo atrás. En esa revisión, se dio cuenta de que la clave para contarlo desde la actualidad estaba en un momento de la obra en el que el autor cuenta cómo su madre le confesó, casi con vergüenza, que en el año 81 votó al Frente Nacional. Una mujer obrera, que siempre se había manifestado como comunista, había llegado a dar su voto a Le Pen. El escritor, y ahora el director, querían entender cómo era posible que una clase obrera explotada y sin oportunidades terminara apostando por la extrema derecha. 

Años después, aquella anécdota de la madre de Didier Eribon cobra más fuerza, especialmente tras unas elecciones francesas donde el dilema ha sido elegir entre la derecha de Macron y la extrema derecha de Marine Le Pen. Para contar esta historia, Périot decidió apostar por el material de archivo. Hay imágenes documentales y entrevistas, pero también fragmentos de películas de autores como Jean Vigo, Maurice Pialat o Jean-Luc Godard que acompañan a la voz en off de la actriz y activista Adèle Haenel. No solo la acompañan, también dialogan con ella y muestran cómo la ficción ha retratado varios de los momentos de la historia de la izquierda. Una idea con la que, además, aporta “otras voces, cuerpos e historias de la clase obrera”.

La película cambia el punto de vista. Mientras que en la obra es un hombre, aquí es una mujer. El director explica que esa decisión surge en el momento en el que tiene claro que lo que más le interesa es esa madre que vota al Frente Nacional e “intentar explicar su gesto”, pero también aprovechar esta película para hablar “sobre las condiciones de la parte femenina de la clase obrera”. Lo hace como hijo de mujeres que pertenecen a ella, convirtiendo su filme en un relato íntimo a la vez que político. Además, la presencia de Haenel une el filme con el presente gracias a “una voz feminista y comprometida”.

Regreso a Reims —que llega este viernes a los cines de España— quiere “contar la gran historia de la clase obrera”, pero alejándose de la hagiografía, del retrato ya conocido, de “la mitología, de la huelga y el comunismo” y centrándose en “los interrogantes y las contradicciones, y en particular en la vida de las mujeres en esta historia. ”Había que contar la vida de estas mujeres desde los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial porque hay una contradicción dentro de un grupo que se llama de izquierdas pero en donde la mujer ha tenido una doble penalización, ha estado sexualizada, no podía divorciarse ni abortar, no se escuchaba su voz… y todo eso me parecía importante contarlo, porque no se habla suficiente, tampoco dentro del feminismo“, cuenta el director.

A través de su película, intenta que la izquierda se haga preguntas y mostrar cómo es posible que muchos obreros voten a la extrema derecha. Gente que se siente abandonada, que ve que aquellos que se autocalifican como de izquierdas no toman ninguna medida en favor de los más desfavorecidos y se comportan de la misma forma que la derecha. Su traición hace que nunca vuelvan a confiar en ellos y vean en los discursos populistas de Le Pen la solución donde escuchan, por primera vez en mucho tiempo, alguien que se dirige a ellos. No demoniza a esos obreros, pero tampoco les salva, ya que muestra cómo el racismo de cierta clase obrera francesa impera desde los años 60 y ha sido un caldo de cultivo perfecto para la xenofobia del Frente Nacional. 

Cuando llegamos a posiciones que no estaban previstas que fueran para nosotros, el sistema nos utiliza, pero si yo lo logré no es porque el sistema funcione, sino por azar

“Creo que debemos interrogarnos sobre nuestra historia y sobre sus fracasos, porque para muchos militantes parece que todo se hace muy bien, incluso cuando los resultados no son buenos, y por eso hay que traer la historia de nuestro bando y contar que ser una mujer de clase obrera no era genial, que había mucho racismo, que la pureza no existe y que si no empezamos por cuestionarnos a nosotros mismos no podremos hablar a los demás. Empecé esta película en un momento donde la izquierda estaba moribunda y ahora parece que las cosas se están moviendo, y eso se ve al final de la película, con los chalecos amarillos, el feminismo… quería mostrar luchas concretas, porque la izquierda real está en la calle, no en los partidos políticos”, opina el realizador. 

Su película termina con los chalecos amarillos, y hace referencia así a una clase obrera desesperada. Muestra su lucha sin demonizarla, como cree que han hecho muchos medios y mucha parte de la izquierda: “Hay una incomprensión hacia ellos, sobre todo desde intelectuales y representantes de la izquierda. Es la primera vez desde el 68 en el que hay un movimiento popular tan amplio en toda Francia. Hay opiniones de todo tipo de gente, y focalizarlo en aquellos elementos que votan a la extrema derecha era una manera de intentar quitar credibilidad al movimiento, cuando era algo increíble. Yo vengo de una familia que ha pasado de votar a la izquierda al abstencionismo, pero era la primera vez que todos se interesaban por la información política y tengo primos que se han manifestado por primera vez ahora. Cuando vi este efecto en mi familia, me di cuenta de que era importante y veía cómo los partidos y los sindicatos pasaban de ellos y cómo los intelectuales de izquierda los miraban con distancia y arrogancia”.

Tanto Didier Eribon como Jean-Gabriel Périot son ejemplos de hijos de clase obrera que consiguieron ascender en el llamado 'ascensor social', pero el director deja claro que eso son casos aislados que se utilizan de forma política para fomentar el concepto de meritocracia. “Cuando llegamos a posiciones que no estaban previstas que fueran para nosotros, el sistema nos utiliza para decir, 'mirad, si lo hacéis bien en el colegio podéis lograrlo'. Mis hermanas y mis primos no llegaron a mi situación, y si yo lo logré no es porque el sistema funcione, sino por azar. Usarlo como ejemplo, además, hace que una parte de la clase obrera lo utilice de contraejemplo y piensen que si ellos no lo logran es porque lo han hecho mal”, apunta.

Regreso a Reims destila verdad, y contrasta con el retrato maniqueo de la clase obrera que a menudo hace la ficción. Algo que, según su director, en Francia ocurre desde los años 80, ya que “hasta ese año, una parte de la industria hacía películas dirigidas a la clase obrera y debían parecerse a su público, además parte de la industria estaba afiliada al Partido Comunista”. Todo cambió a partir de entonces. Esas películas dejaron de hacerse, y cuando aparece la clase obrera “hay un discurso terrible”. “O hay una caricatura, con el parisino que va a provincias y se burla de la gente que trabaja, o es un cine de reconciliación social que cuenta que si hay una huelga también es duro para el patrón y que si trabajamos juntos podemos reconstruir la sociedad, y eso es inadmisible. Eso de que si nos tomamos un café juntos lo resolvemos es una traición todavía peor”, dice. 

Un filme que estaba preparado para estrenarse antes de la llegada de la COVID-19, que se presentó en Cannes el año pasado, y que ha terminado estrenándose después de las elecciones francesas donde Le Pen ha logrado su mejor resultado. Por desgracia, su director tiene claro que Regreso a Reims será tan relevante ahora como lo era hace dos años y como lo será “dentro de cinco, porque el Frente Nacional no va a desaparecer ni que va a haber una revolución de izquierdas”.

JZ