Teatro

Relampagueando, para Olga en su cielo

Qué bendición de las diosas salir de una función estremecida/o, el cuore palpitante, con ese temblor interior que no suele equivocarse: impresiones -no tan frecuentes- que solo puede provocar el teatro bajo sus distintas formas y géneros. Desde un recital de poesía a una ópera, un drama o una comedia, que procuran esa experiencia viva, viviente que se da entre la escena y el público.

El tipo de flechazo, de ida y vuelta, de milagro que, cuando acontece, nos da esa clase de enriquecimiento que no se consigue ni con todo el oro del mundo. Ni siquiera con esos lingotes que fueron mandados de prepo a Inglaterra… “Mirácolo”, habría dicho acaso el papá siciliano de Olga Orozco, que le traducía de niña poetas italianos. Milagro, cercano al significado que le daba San Agustín: cuando algo rebasa las esperanzas dentro de lo probable, supera la capacidad de asombro de quien lo contempla. Milagro, palabra que proviene de mirar con asombro y, en el caso de este comentario en marcha, también de escuchar con dicha actitud.

Fabiana Rey, entre otros espectáculos bien logrados, hace años que viene encendiendo (y apagando, cuando cuadra) estos Relámpagos de lo invisible. Que pone su cuerpo y su voz, su alma y su talento al servicio del poema, de los poemas de Orozco. Sin intención de ilustrar o de explicar, sin solemnidad, sin aspavientos y sin subrayados. Ella se brinda en cada poema, hace resonar las palabras y los versos con su voz impecablemente colocada y entrenada; los deja respirar respetando su sentido y su musicalidad. Performando siempre, con un corazón así de grande.

Como el/la traductor/a que es tomado por el texto y le permite abrirse, dándole cauce con la mayor fidelidad de su parte, así procede FR sobre el escenario. Nunca declamando, obvio es decirlo. Y de cierta manera confidencial, comunicándose con cada integrante del público sensible a la belleza del estilo y a esos misterios que saben atisbar los/as poetas.

Casi se trasparenta que para Fabiana, en cada oportunidad que hace Relámpagos de lo invisible, es como si fuera la primera vez que encara, que encarna esa segunda, tercera mirada sobre las cosas de la vida y la muerte que sabe explorar con su linterna mágica Olga Orozco. La poeta, naturalmente sin presumir de tener la revelación completa, sin alcanzar todas las respuestas.

Versos que se van abriendo en el espectáculo, como las flores que amaba OO -en su balcón, en su sala-, gracias a esa suerte de orquesta de cuerdas vocales que es la suntuosa voz de FR, con sus inagotables modulaciones plenas de sugerencias. Con ese registro vocal próximo al de la poeta, que nunca se vuelve imitación; apenas con una escueta prenda negra, arropada por luces y sombras virtuosamente diseñadas, Fabiana Rey -como esos instrumentistas que cada vez tocan mejor- prosigue yendo más allá en su comunión con Olga Orozco. Y también con el público dispuesto a descubrir, redescubrir a la admirable poeta gracias a esta arrebatadora traducción escénica.

Relámpagos de lo invisible puede verse los sábados de noviembre a las 22.30 hs. en El Camarín de las musas (Mario Bravo 960). Duración 50 minutos. Entradas desde el sitio del teatro. 

MS / NB