Venganzas silenciosas, las series del mes
Uno. Estamos en casa dando vueltas por las plataformas de streaming, esas góndolas de supermercado premium donde todo aparenta amable a la vista, impoluto, disponible y, a la vez, ese espacio que, de tan sospechosamente reluciente, nos hace boyar, dudar, no encontrar nada aunque las imágenes parezcan tan a mano. Entonces llegamos a una película que alguien nos había dicho que podía llegar a gustarme por esa inquietud que me mueve alrededor de los oídos, del ruido y del silencio. Y también que iba a hacernos reír un rato (más tarde lo vamos a confirmar: hay algo cómico, más allá de la torpeza del relato, de su aparatosidad, de sus agujeros). La protagoniza Tim Robbins y se llama Noise, aunque acá, quizá en una especie de confesión de parte solapada, los traductores optaron por ponerle como título Pasando los límites. Quienes padecemos los ruidos, quienes tenemos cada vez más dificultad para encontrar algo de alivio en un mundo cada vez más estruendoso, no podemos evitar encariñarnos rápidamente con David, un hombre que vive con su esposa y su hija chiquita en una Nueva York que día y noche lo atormenta con sus sonidos apabullantes. En especial –aunque hay de todo, entre taladros, el tránsito, el rugido de alguna máquina– el que producen las alarmas de los autos al activarse. Atronadoras, desconsideradas en su absurdo, inconducentes, las alarmas interrumpen el sueño de David, lo distraen cuando está en la cama a punto de tener sexo, lo obsesionan cuando quiere concentrarse en la lectura, lo enfurecen. Y, finalmente, lo arrasan. Como si, al filtrarse a través de la ventana, se metieran de algún modo en su cuerpo.
Dos. El ruido entra también en el cuerpo y en el sueño del protagonista de Hotel Cosmos (Random House, 2026), de Carla Maliandi, la novela extraordinaria que leo por estas horas. En este caso se trata del generador que mantiene encendidas las heladeras de un comercio frente a la casa del narrador. “El ruido del motor me advertía: seguís despierto, seguís en este mundo. ¿Cómo iba a volver a dormir con ese barullo vibrante? Con ese motor, que por momentos parecía estirarse en consonantes y vocales eléctricas. Como un quejido ronco que pronunciaba palabras debajo de la combustión. Un bramido que de pronto parecía decirme cosas. Cosas que al principio solo eran ruido y después se parecían a palabras y después volvían a ser ruido”, describe entre el espanto y la admiración.
Tres. “El ruido introduce en el mundo el accidente, la asimetría, el sufrimiento. Para el narrador [de El silenciero], lo que precede a la creación del mundo, los atributos del Reposo, son la noche y el silencio, hacia lo que todo tiende otra vez, y ‘nuestros ruidosos años’, como diría Shakespeare, no son más que un paréntesis adverso, una interrupción dolorosa de lo estable, como un caso particular dentro del ciclo intolerable de reencarnaciones sucesivas en la cárcel de las apariencias (...)”, apunta Juan José Saer sobre El silenciero, de Antonio Di Benedetto, en el prólogo que escribió en 1999 a una edición que traía en el mismo tomo también Zama y Los suicidas (el mes pasado se reeditaron esas tres novelas de Di Benedetto a través del sello Alfaguara, lamentablemente sin el texto de Saer).
Cuatro. Un eco de la formulación a la que siempre volvemos: lo que hacemos con el ruido, lo que el ruido hace de nosotros. En la novela de Carla Maliandi y en la película con Tim Robbins los protagonistas quieren recuperar lo que perciben –quizá de manera ilusoria– como una paz anterior al descalabro sonoro. Pero lejos de la quietud, los dos se proponen hacer algo: en el libro, aparece algo así como un “tomar cartas en el asunto” y luego una fuga; en la película David/Robbins prefiere ir contra el ruido. O, mejor, contra los autos y sus dueños: de manera paulatina –primero les desinfla los neumáticos, después pasa a los rayones y, cuando ya no pueda más del aturdimiento, llegarán los golpes a los vidrios, lo abollones en las puertas y los capots– el ruido lo hará ir convirtiéndose en un vengador anónimo perseguido por las autoridades. Un superhéroe del silencio, un tipo que, cuando nadie lo ve, combate a palazos la contaminación sonora (también alguien al que ese personaje que se inventa se lo lleva un poco puesto: va preso varias veces, su familia se aleja de él cuando su obsesión se intensifica). El nombre que elige es hermoso: se llama a sí mismo El Rectificador.
Cinco. “Sucede que las orejas no tienen párpados” es el título de un texto que integra El odio a la música (El Cuenco del Plata, 2012), el excelente ensayo de Pascal Quignard. Es, también, una premisa, un punto de partida para una serie maravillosa de derivas del filósofo que tal vez sea uno de los que mejor pensó la dimensión sonora y ruidosa de la vida. ¿Qué podemos hacer con lo que de ninguna manera se puede apagar? ¿Hasta qué punto hay posibilidad de rectificar? ¿De dónde sale eso que nos atrapa, en muchos casos hasta la indignación? ¿Hay un adentro y hay un afuera cuando las fronteras son tan porosas? ¿Qué clase de venganza estamos dispuestos a tramar para frenar eso que nos inquieta? El ruido: ese gran desvelo. Ahí mismo Quignard también apunta: “Escuchar es ser tocado a la distancia”, “No hay sueño para la audición. Por eso los instrumentos para despertar recurren al oído” y “El oído, cuando nos dormimos, es el último sentido que capitula ante la pasividad sin conciencia”.
Seis. Un diálogo precioso tiene lugar en Noise entre David y su esposa una noche de insomnio forzado por el bullicio ajeno. Ella quiere entender por qué las alarmas (y los dueños de esos autos que suenan sin parar, claro) lo enojan tanto, por qué no cierra la ventana y listo. “Lo que no puedo entender es por qué te lo tomás de manera tan personal. ¿Creés que el ruido está deliberadamente dirigido a vos?”, le pregunta. Él, resignado, como vivimos buena parte de nuestros días quienes nos sentimos especialmente arrasados por la indolencia de los ruidosos, responde: “No creo que se estén metiendo con mi persona. De hecho, lo que me enfurece es lo indiferentes que son conmigo, con vos, con el mundo”.
Siete. Volví a mi edición de El silenciero, que es posiblemente una de mis novelas favoritas de la literatura argentina; volví, también, a algunos de los fragmentos que subrayé. Transcribo uno entre muchos de los que me gustan: “Posiblemente porque estoy así, un tanto débil, no consigo entender ese otro ruido que ha llegado. No sé si me hace daño, pero sí sé que me obsesiona, sin herirme, que me liga y me entorpece, como si sobre mi cuerpo se hubiera derramado una espesa y adhesiva capa de turrón. No sé qué lo produce ni por qué, al cortarse con su método puntual, miente y repite la mentira de que ya no seguirá. Sigue siempre”.
Empieza otra edición –desvelada, aturdida y un poco resignada– de Mil lianas.
1. Series y películas de noviembre. Las principales plataformas de streaming anunciaron para noviembre algunos lanzamientos interesantes. Además de nuevas temporadas de series y el estreno de películas esperadas, durante todo el mes habrá también lugar para producciones locales y la vuelta de clásicos.
En este enlace pueden leer una guía con lo más destacado, las fechas y las plataformas. Por mi parte, ya me anoté Making Marie Antoinette, un documental donde Eleanor Coppola registra el rodaje de la película de su hija, Sofia Coppola. “Entre los detalles del set y los momentos detrás de cámaras, este documental ofrece una mirada íntima al proceso creativo de la cineasta, así como a la experiencia de una madre que observa a su hija abrirse camino en el cine. Un homenaje mutuo entre dos grandes mujeres y una entrañable complicidad madre e hija”, informó Mubi que ofrecerá la película en su plataforma desde esta semana.
También me tentó que llegue muy pronto la segunda temporada de la serie británica Palomas negras a Netflix y que, después de tantas vueltas, se lance por fin Blade Runner 2099 a través de Amazon Prime Video.
La guía con las películas y series que llegan al streaming en noviembre se puede leer por acá.
2. Un dios sacude la casa, de Eugenia Almeida. “El miedo. El miedo a lo que no podés decir. La sensación de que si lo decís cobra más fuerza”. Atravesados, muchos de ellos, por ese péndulo entre lo que se puede poner en palabras y lo que es mejor mantener en silencio. Movidos por lo incontenible de la violencia, inquietos a la vez por las dudas. Los personajes y las escenas de los cuentos que forman parte de Un dios sacude la casa (Edhasa, 2026), el nuevo libro de Eugenia Almeida, presentan ese tipo de oscilaciones y por lo general se mueven con sigilo. En todos hay sospechas, furias latentes, desbordes de lo supuestamente familiar o más o menos conocido.
Como ocurría en sus novelas, la escritora sitúa algunos de estos relatos en el ámbito de las fuerzas policiales y sus secretos; en los entresijos de las instituciones estatales, en los pagos chicos de la política y también en el mundo del trabajo. Hay, en todo lo que Almeida observa con inteligencia, un universo que se desintegra y es ahí donde, con un pulso narrativo extraordinario, la autora pone el ojo para narrar todo tipo de derrumbes.
Hace unas semanas pude entrevistar a Eugenia Almeida para hablar sobre este libro, que es, sin dudas, uno de los mejores entre los publicados este año. Pueden leer la nota en este enlace.
Un dios sacude la casa, de Eugenia Almeida, salió por Edhasa. Más sobre el libro, en esta entrevista con la autora.
3. Libros por leer, de Cecilia Bona y Nacho Damiano. Hay voces que sí pueden ser un reparo posible en medio del bochinche que mencioné arriba. Dos de ellas, que ahora encima se juntaron y para hablar de libros, son las de Cecilia Bona y Nacho Damiano. De ella hablamos alguna vez en este espacio, cuando rescatamos los audiolibros de Por qué leer, su enorme proyecto de difusión cultural. De él, también, cuando nos referimos a Pila de libros y una suerte Tinder de lectores que armó. Entusiastas de la lectura sin ser machacones, ahora se reunieron y lanzaron Libros por leer, un podcast en el que invitan al público a no desanimarse ante esa angustia singular que le genera a varios la sensación de no llegar a leer todo lo que quisieran. Con entregas semanales, una selección muy diversa y un listado bien completo de todas las publicaciones que comentan y cruzan, Libros por leer se puede ver en YouTube o escuchar por Spotify.
Banda sonora. Para seguir con el asunto del comienzo: “Hay tanto ruido afuera/ Que no puedo escuchar/ Apago mi cabeza/ Y no quiero pensar”, se oye en Bailar o morir, la canción que da nombre al disco que acaban de lanzar Lali Espósito y Miranda! Un disco, también, que me acompaña por estos días ruidosos. Sumé algunos de sus temas a nuestra banda sonora. Sí, esa que siempre encuentran en este enlace.
Además, agregué algunas canciones de María Gabriela Epumer. Es que en pocos días llegará al cine Perfume, un documental que se estrena a más de 20 años de su prematura muerte y que fue creado a partir de un tesoro: unas 50 horas de grabaciones que la propia artista hacía con una camarita durante sus giras, en la trastienda de los shows cuando fue guitarrista de Charly García y en distintos viajes. En la cuenta de Instagram de la película pueden ver las salas que la pasarán y los horarios de las funciones.
Posdata. Fueron muchos los lectores y lectoras de este espacio que me escribieron por la edición que le dediqué hace unas semanas al sol (o, en realidad, a su fuga; pueden leerla por acá si se la perdieron). Gracias especiales por sus mensajes a José Mauro, Martín, Cristina, Alexandra y Gabriela. Saben que me encuentran, casi siempre, por acá.
¡Hasta la próxima!
Mil lianas es un newsletter que se envía los viernes por correo electrónico. Para recibirlo, pueden suscribirse por acá.
0