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Renata Schussheim y la vuelta al teatro de Boquitas Pintadas a 25 años de su estreno: “El éxito es porque las palabras de Puig siguen teniendo mucha vigencia”

Para Renata Schussheim la clave del éxito de esta versión de Boquitas Pintadas son las emociones. En la sala Martín Coronado, la más grande del complejo teatral San Martín, la gente ríe, suspira, llora y al final se para para aplaudir con hurras. No importa el día ni la función, quienes tienen la oportunidad de verla coinciden en que es un suceso teatral. “Hoy para mí lo más importante es provocar algún tipo de sentimiento, directo y emocional. Que no pase tanto por la cabeza sino que emocione con la música, el texto y la actuación de los bailarines-actores. Evidentemente Boquitas provoca todo eso, porque la gente sale muy agradecida”, dice Schussheim, que está a cargo del vestuario y hace la dupla en dirección con Oscar Araiz.

La primera vez que presentaron esta interpretación de la novela de Manuel Puig fue hace 25 años, y las reseñas de entonces estaban tan conmovidas como el público de hoy. Según el coreógrafo Araiz, trabajar con Schussheim tiene mucho que ver en que todos los detalles funcionen: “Es como jugar con fuego, beber champaña, viajar en globo y caer por una montaña rusa, todo simultáneamente”, dice. Este año, Puig cumpliría 90 y son muchos los homenajes que sirven de puente para volver sobre su obra. Además de esta versión que interpreta el Ballet Contemporáneo del San Martín, en la Feria del libro hubo un desfile de sus personajes y el sello Seix Barral está reeditando sus novelas, con prólogos escritos por autoras como Claudia Piñeiro, Tamara Tenenbaum y Camila Sosa Villada.

“Es fácil identificarse con las palabras de Puig, que desenmascaran con compasión nuestras hipocresías, solemnidades, envidias, cursilerías. En Boquitas están potenciadas en los gestos corporales de los intérpretes, a veces simples y realistas, a veces absurdos, incoherentes o poéticos”, dice Araiz, que lee en el resultado una sumatoria de factores que se conjugan: “Está la elaboración literaria original e inteligente que propone Puig, la musical sonora de Edgardo Rudnitzky, una puesta en escena muy cuidada y detallista y una interpretación emocionante que se evade de las etiquetas, porque sorprende evoca, recuerda, sueña y juega”.

 

Quien haya leído la segunda novela de Puig se encontrará con los textos al pie de la letra, un coro chismoso que aparece en formato de carta, confesión y radioteatro, entre otros recursos. En la obra, el método para introducirlos en escena es el de la fonomímica (la generación del TikTok conoce esta técnica como “lip sync”, el arte de gesticular sobre una pista). En esas amplificaciones grabadas en 1997, que se mantienen en perfecto estado, se escuchan las voces de Víctor Laplace, Divina Gloria, Mausi Martínez, Andrea Politti, Pedro Segni, Catalina Speroni, Alejandra Flechner, Alejandro Tantanian, Mario Filgueira y Betty Couceiro. 

 

“Es prácticamente la misma versión de hace 25 años. Está más condensada, digamos más apretada en cuanto a la participación de gente, pero la banda sonora es la misma, y yo creo que el éxito es porque las palabras de Puig siguen teniendo mucha vigencia”, dice Schussheim. Para ella, la oportunidad de volver a trabajar con Araiz es un placer, ya manejan un código que hace que las cosas fluyan: “Tenemos muchísima afinidad y nos divertimos, somos amigos. Hemos viajado por lugares increíbles, es de las pocas personas con las cuales puedo compartir una vacación y que no haga falta evitar silencios cuando aparecen, simplemente podemos quedar en estado contemplativo mirando un atardecer. Hemos compartido una vida entera y eso es invaluable. Y rarísimo”.

 

Tanto Araiz como Schussheim destacan que en otras oportunidades -es la cuarta vez que la  presentan- participaron actores, lo que en esta ocasión no hizo falta ya que con el elenco actual “ballet y actuación van de la mano”. Hay un dato curioso. La directora de la Compañía, Andrea Chinetti, participó de la obra hace 25 años, pero como bailarina y asistente. “Cuando surgió hacer Boquitas de nuevo tuvimos varias reuniones y le sugerí a Oscar que haga un casting interno para que se diera cuenta que dentro del ballet habían muchos bailarines-actores, de hecho creo que los bailarines deben ser actores de alguna manera, ya que interpretamos personajes todo el tiempo”, dice Chinetti. “Tenemos gente muy talentosa, es un orgullo para la Argentina esta compañía y la Escuela del San Martín que los prepara”. 

El Ballet Contemporáneo del San Martín nació en 1968 y fue creado por el propio Araiz, que entonces tenía 28 años y ya le dedicaba en su vida un lugar protagónico a la danza y la coreografía. Desde entonces, todos los años presentan varios programas en las salas del San Martín y también giran por provincias y festivales del mundo. “Este 2022 la compañía cumple 45 años y vamos a reponer ‘Bolero’, de Ana Maria Stekelman, y una puesta de Josefina Gorostiza que incluye un dj y se presentará en el hall. En octubre van a estar las exposiciones de los talleres coreográficos de los bailarines, que todos los años muestran sus trabajos, y tenemos planeada una gira por el país”, dice Chinetti. 

Al empezar los ensayos para Boquitas pintadas, en 2020, la pandemia los puso a prueba: fue la primera vez que hicieron prácticas de manera virtual, con la complejidad que incluye repasar  coreografías entre varias personas a través de una pantalla. Chinetti estaba confiada en que habría una buena recibida, más allá del público habitual que suelen recibir: “Cuando se presentó por primera vez la obra funcionó súper bien, y 25 años después creo que el texto de Puig tiene vigencia, así como la tienen Renata y Oscar. Por eso se esperaba que funcione como le está yendo”. 

Para Schussheim, el proceso creativo con Puig se dio similar al de otros espectáculos teatrales: “Al momento en que uno lee un texto, un guión, está frente a la música o conversa -porque con Oscar trabajamos muchísimo conversando-, la cabeza imagina un mundo, que te lo va sugiriendo eso mismo que tenés enfrente”. En el caso de Araiz, hacer coreografía puede ser una aventura que se renueva cada vez: “El texto es música, tiempo, silencios, sentido. Hay que escucharlo con cuidado, dejarse llevar por él, acompañarlo”. Schussheim y Araiz, dos trayectorias vertiginosas que sería injusto resumir, son un lujo para el teatro porteño. Combinarlos con el pulso popular de Puig resulta una fórmula exquisita. 

Boquitas pintadas se presenta viernes, sábados y domingos a las 20 horas en el Complejo Teatral San Martín.

Creación de la banda de sonido original: Edgardo Rudnitzky. Realización de la banda de sonido original: Edgardo Rudnitzky y Gustavo Dvoskin. Masterización del sonido: Fabio Silva. Diseño de iluminación: Roberto Traferri. Diseño de escenografía Alberto Negrín. Diseño de video: Matias Otalora. Diseño de vestuario: Renata Schussheim. Reposición de la escenografía: Noelia Svoboda y Matias Otalora. Asistencia de dirección y reposición: Yamil Ostrovsky. Coreografía: Oscar Araiz. Idea, adaptación y dirección: Renata Schussheim y Oscar Araiz

MM

Para Renata Schussheim la clave del éxito de esta versión de Boquitas Pintadas son las emociones. En la sala Martín Coronado, la más grande del complejo teatral San Martín, la gente ríe, suspira, llora y al final se para para aplaudir con hurras. No importa el día ni la función, quienes tienen la oportunidad de verla coinciden en que es un suceso teatral. “Hoy para mí lo más importante es provocar algún tipo de sentimiento, directo y emocional. Que no pase tanto por la cabeza sino que emocione con la música, el texto y la actuación de los bailarines-actores. Evidentemente Boquitas provoca todo eso, porque la gente sale muy agradecida”, dice Schussheim, que está a cargo del vestuario y hace la dupla en dirección con Oscar Araiz.

La primera vez que presentaron esta interpretación de la novela de Manuel Puig fue hace 25 años, y las reseñas de entonces estaban tan conmovidas como el público de hoy. Según el coreógrafo Araiz, trabajar con Schussheim tiene mucho que ver en que todos los detalles funcionen: “Es como jugar con fuego, beber champaña, viajar en globo y caer por una montaña rusa, todo simultáneamente”, dice. Este año, Puig cumpliría 90 y son muchos los homenajes que sirven de puente para volver sobre su obra. Además de esta versión que interpreta el Ballet Contemporáneo del San Martín, en la Feria del libro hubo un desfile de sus personajes y el sello Seix Barral está reeditando sus novelas, con prólogos escritos por autoras como Claudia Piñeiro, Tamara Tenenbaum y Camila Sosa Villada.

“Es fácil identificarse con las palabras de Puig, que desenmascaran con compasión nuestras hipocresías, solemnidades, envidias, cursilerías. En Boquitas están potenciadas en los gestos corporales de los intérpretes, a veces simples y realistas, a veces absurdos, incoherentes o poéticos”, dice Araiz, que lee en el resultado una sumatoria de factores que se conjugan: “Está la elaboración literaria original e inteligente que propone Puig, la musical sonora de Edgardo Rudnitzky, una puesta en escena muy cuidada y detallista y una interpretación emocionante que se evade de las etiquetas, porque sorprende evoca, recuerda, sueña y juega”.

 

Quien haya leído la segunda novela de Puig se encontrará con los textos al pie de la letra, un coro chismoso que aparece en formato de carta, confesión y radioteatro, entre otros recursos. En la obra, el método para introducirlos en escena es el de la fonomímica (la generación del TikTok conoce esta técnica como “lip sync”, el arte de gesticular sobre una pista). En esas amplificaciones grabadas en 1997, que se mantienen en perfecto estado, se escuchan las voces de Víctor Laplace, Divina Gloria, Mausi Martínez, Andrea Politti, Pedro Segni, Catalina Speroni, Alejandra Flechner, Alejandro Tantanian, Mario Filgueira y Betty Couceiro. 

 

“Es prácticamente la misma versión de hace 25 años. Está más condensada, digamos más apretada en cuanto a la participación de gente, pero la banda sonora es la misma, y yo creo que el éxito es porque las palabras de Puig siguen teniendo mucha vigencia”, dice Schussheim. Para ella, la oportunidad de volver a trabajar con Araiz es un placer, ya manejan un código que hace que las cosas fluyan: “Tenemos muchísima afinidad y nos divertimos, somos amigos. Hemos viajado por lugares increíbles, es de las pocas personas con las cuales puedo compartir una vacación y que no haga falta evitar silencios cuando aparecen, simplemente podemos quedar en estado contemplativo mirando un atardecer. Hemos compartido una vida entera y eso es invaluable. Y rarísimo”.

 

Tanto Araiz como Schussheim destacan que en otras oportunidades -es la cuarta vez que la  presentan- participaron actores, lo que en esta ocasión no hizo falta ya que con el elenco actual “ballet y actuación van de la mano”. Hay un dato curioso. La directora de la Compañía, Andrea Chinetti, participó de la obra hace 25 años, pero como bailarina y asistente. “Cuando surgió hacer Boquitas de nuevo tuvimos varias reuniones y le sugerí a Oscar que haga un casting interno para que se diera cuenta que dentro del ballet habían muchos bailarines-actores, de hecho creo que los bailarines deben ser actores de alguna manera, ya que interpretamos personajes todo el tiempo”, dice Chinetti. “Tenemos gente muy talentosa, es un orgullo para la Argentina esta compañía y la Escuela del San Martín que los prepara”. 

El Ballet Contemporáneo del San Martín nació en 1968 y fue creado por el propio Araiz, que entonces tenía 28 años y ya le dedicaba en su vida un lugar protagónico a la danza y la coreografía. Desde entonces, todos los años presentan varios programas en las salas del San Martín y también giran por provincias y festivales del mundo. “Este 2022 la compañía cumple 45 años y vamos a reponer ‘Bolero’, de Ana Maria Stekelman, y una puesta de Josefina Gorostiza que incluye un dj y se presentará en el hall. En octubre van a estar las exposiciones de los talleres coreográficos de los bailarines, que todos los años muestran sus trabajos, y tenemos planeada una gira por el país”, dice Chinetti. 

Al empezar los ensayos para Boquitas pintadas, en 2020, la pandemia los puso a prueba: fue la primera vez que hicieron prácticas de manera virtual, con la complejidad que incluye repasar  coreografías entre varias personas a través de una pantalla. Chinetti estaba confiada en que habría una buena recibida, más allá del público habitual que suelen recibir: “Cuando se presentó por primera vez la obra funcionó súper bien, y 25 años después creo que el texto de Puig tiene vigencia, así como la tienen Renata y Oscar. Por eso se esperaba que funcione como le está yendo”. 

Para Schussheim, el proceso creativo con Puig se dio similar al de otros espectáculos teatrales: “Al momento en que uno lee un texto, un guión, está frente a la música o conversa -porque con Oscar trabajamos muchísimo conversando-, la cabeza imagina un mundo, que te lo va sugiriendo eso mismo que tenés enfrente”. En el caso de Araiz, hacer coreografía puede ser una aventura que se renueva cada vez: “El texto es música, tiempo, silencios, sentido. Hay que escucharlo con cuidado, dejarse llevar por él, acompañarlo”. Schussheim y Araiz, dos trayectorias vertiginosas que sería injusto resumir, son un lujo para el teatro porteño. Combinarlos con el pulso popular de Puig resulta una fórmula exquisita. 

Boquitas pintadas se presenta viernes, sábados y domingos a las 20 horas en el Complejo Teatral San Martín.

Creación de la banda de sonido original: Edgardo Rudnitzky. Realización de la banda de sonido original: Edgardo Rudnitzky y Gustavo Dvoskin. Masterización del sonido: Fabio Silva. Diseño de iluminación: Roberto Traferri. Diseño de escenografía Alberto Negrín. Diseño de video: Matias Otalora. Diseño de vestuario: Renata Schussheim. Reposición de la escenografía: Noelia Svoboda y Matias Otalora. Asistencia de dirección y reposición: Yamil Ostrovsky. Coreografía: Oscar Araiz. Idea, adaptación y dirección: Renata Schussheim y Oscar Araiz

MM

Para Renata Schussheim la clave del éxito de esta versión de Boquitas Pintadas son las emociones. En la sala Martín Coronado, la más grande del complejo teatral San Martín, la gente ríe, suspira, llora y al final se para para aplaudir con hurras. No importa el día ni la función, quienes tienen la oportunidad de verla coinciden en que es un suceso teatral. “Hoy para mí lo más importante es provocar algún tipo de sentimiento, directo y emocional. Que no pase tanto por la cabeza sino que emocione con la música, el texto y la actuación de los bailarines-actores. Evidentemente Boquitas provoca todo eso, porque la gente sale muy agradecida”, dice Schussheim, que está a cargo del vestuario y hace la dupla en dirección con Oscar Araiz.

La primera vez que presentaron esta interpretación de la novela de Manuel Puig fue hace 25 años, y las reseñas de entonces estaban tan conmovidas como el público de hoy. Según el coreógrafo Araiz, trabajar con Schussheim tiene mucho que ver en que todos los detalles funcionen: “Es como jugar con fuego, beber champaña, viajar en globo y caer por una montaña rusa, todo simultáneamente”, dice. Este año, Puig cumpliría 90 y son muchos los homenajes que sirven de puente para volver sobre su obra. Además de esta versión que interpreta el Ballet Contemporáneo del San Martín, en la Feria del libro hubo un desfile de sus personajes y el sello Seix Barral está reeditando sus novelas, con prólogos escritos por autoras como Claudia Piñeiro, Tamara Tenenbaum y Camila Sosa Villada.