Agravada por la crisis climática, la sequía contraerá al menos 36% la cosecha de trigo, con impactos en la inflación y el dólar

Trigo. Se recolectarían 14 millones de toneladas, en lugar de las 22 millones de 2021.

“Tengo 48 años y lejos es la sequía más grande que he visto en mi zona en toda mi vida”, cuenta Cristian Olaizola, productor agropecuario con 600 hectáreas en General Rodríguez y Marcos Paz, al lado del Gran Buenos Aires, mientras recorre los campos del trigo que debe cosechar en diciembre. Las plantas no le llegan ni a la rodilla. Olaizola es alto. Pero los cultivos están así por la seca: a esta altura del año deberían tener medio metro, pero tienen 25 centímetros. Deberían seguir verdes y aún no ponerse dorados. “Sé que hay zonas que han estado más afectadas, otras mucho menos afectadas, pero como esta no recuerdo haber visto. He visto una sequía así de por ahí de tres o cuatro meses, cinco meses, seis meses. Esta lleva ya ocho o nueve meses. Ya terminamos la cosecha el año pasado con seca y algunos cultivos tardíos anduvieron muy bien, pero ya ahora la sequía no hay forma de combatirla. En nuestro caso que hacemos también algo de ganadería, nos habíamos hecho de muchas reservas y hemos sembrado también algo de verdeo, pero en este momento ya no hay verdeo, no hay reservas, no quedó nada. Estamos desprendiéndonos de animales para soportar la falta de agua”, cuenta el productor.

“El trigo resistente a la sequía es un intento desesperado por mantener el monocultivo, pero no es la forma más inteligente de adaptarse al cambio climático”

“El trigo resistente a la sequía es un intento desesperado por mantener el monocultivo, pero no es la forma más inteligente de adaptarse al cambio climático”

La realidad que cuenta Olaizola es la que se extiende por toda la pampa húmeda. Y a la seca se agregó en los últimos días una helada. De ahí que en el informe semanal del jueves pasado de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires se advirtiera que la cosecha de trigo, que el año pasado alcanzó las 22 millones de toneladas, esta vez llegaría a 14 millones. Agravada por la crisis climática, la seca complica otra escasez que sufre el país, la de divisas, y amenaza con elevar el precio del cereal, insumo del pan y tantos otros alimentos, tanto en la Argentina como en el mundo, dado que se trató del séptimo exportador global en 2021. Incluso puede llegar a terminar sexto este año dado que retrocedió Ucrania, por la invasión rusa que bloqueó sus puertos entre febrero y julio, con el consiguiente impacto en las cotizaciones y en las hambrunas de países pobres. El gobierno de Vladimir Putin amenazó hace una semana con cerrarlos otra vez, pero se arrepintió y prometió continuar con el acuerdo para permitir exportaciones ucranianas de granos, aunque debe renovarse a fines de noviembre. Al lado de la guerra, la sequía argentina tiene un impacto menor en el precio internacional. Pero no en el mercado interno, donde el gobierno de Alberto Fernández buscó asegurar el abastecimiento reprogramando la semana pasada los futuros embarques de trigo a lo largo de los próximos 12 meses.

Agravada por la crisis climática, la seca complica otra escasez que sufre el país, la de divisas, y amenaza con elevar el precio del cereal, insumo del pan y tantos otros alimentos, tanto en la Argentina como en el mundo

“Nuevas heladas continúan generando mermas adicionales sobre el sur del área agrícola (en la provincia de Buenos Aires), donde se concentra el 31,3% de las 6,1 millones de hectáreas de trigo”, sostuvo el informe de la Bolsa de Cereales porteña. “La nueva proyección de producción se ubica en 14 millones de toneladas, una caída de 1,2 millones con respecto a nuestra previa publicación y un 26,3 % por debajo a la producción media nacional de las últimas cinco campañas (producción nacional campañas 2017/2021: 18,9 millones)”, agregó el reporte que elabora la ingeniera agrónoma Daniela Venturino.

Incluso hay quienes prevén que la cosecha baje a 13 millones de toneladas, según comenta Sebastián Olivero, manager de commodities de la sociedad StoneX: “Este año se esperan 13, 14 millones. Entonces el saldo exportable con suerte va a ser una 6 ó 6,5 millones de toneladas contra un año normal, que puede ser de 12 o 13. Creo que el impacto más importante es en Brasil. Nosotros somos su principal abastecedor. Por lejos podemos llegar a exportarle unas 5 o 6 millones de toneladas y este año vamos a estar complicado con esos números. El Gobierno sacó una disposición que prolonga los plazos de embarque por un año. Entonces va a haber una reprogramación, porque hoy por hoy los exportadores tienen compradas 5,5 millones de toneladas. De esas solo tienen precio 3 millones, con lo cual tienen dificultad para lograr toda esa mercadería que necesitarían vender. O sea que Brasil ya está buscando otros orígenes. Posiblemente va a ser algo de Canadá, Estados Unidos o Rusia, y eso posiblemente genere algún movimiento de precios alcista. Todavía eso no se está dando 100%, porque Brasil está en plena cosecha, está entrando bastante mercadería, tienen buena cantidad, tienen problemas de calidad porque llovió en cosecha pero no de volumen. Hoy por hoy, Brasil no tiene un apuro desesperado en salir a buscar mercadería, pero en algún momento eso va a ocurrir y seguramente tendrá impacto sobre los precios”, explica el experto. La Argentina también el exporta a países de Medio Oriente, incluido Egipto, Chile y a veces a Perú.

Más volatilidad

“Este año fue muy complicado para la Argentina porque ya arrancó mal, se sembró menos área, porque en el momento de la siembra no había condiciones adecuadas de humedad en el centro norte del país”, continúa Olivero. “Después hubo heladas. Después en el sudeste de la provincia de Buenos Aires, que es la zona productiva clave, que venía más o menos bien, le empezó a faltar agua. Después les llovió y la semana pasada tuvo una helada tremenda, de las peores en los últimos diez años. Desde el inicio del ciclo comercial esto fue haciendo que los precios internos suban y lleguen a niveles poco habituales en la Argentina y a nivel mundial, a 400 dólares. Eso tuvo cierto impacto, pero también el mundo está con otras cosas, sobre todo la guerra entre Rusia y Ucrania cuando no había corredor de granos. Por supuesto, agrega volatilidad lo de la Argentina, pero menos que otros años por la guerra de dos colosos de la exportación de trigo. No solo preocupaba Ucrania, que no exporte nada, sino que en un momento parecía que Rusia iba a sufrir embargos contra sus exportaciones, algo que no sucedió en forma tan definitiva.”

En el campo de Olaizola se advierte la sequía también en los manchones, huecos en el sembradío donde no creció el trigo. “Ya sembramos con un perfil de agua acumulado muy bajo, pero nos jugamos a sembrar pensando que en algún momento las lluvias nos iban a acompañar un poco. No solo no nos acompañaron sino que el cultivo se hizo prácticamente sin agua porque fueron lluvias de 5 o 7 u 8 milímetros, tres o cuatro lluvias, no más de eso, y sumado a eso fuertes heladas tardías e inesperadas que terminaron con mucha planta pequeña, no se termina formar grano.”

No solo las lluvias no nos acompañaron sino que el cultivo se hizo prácticamente sin agua porque fueron lluvias de 5 o 7 u 8 milímetros, tres o cuatro lluvias, no más de eso, y sumado a eso fuertes heladas tardías e inesperadas

Cristian Olaizola Productor agropecuario

¿Cómo es eso de producir sin agua? “Estamos empezando a acostumbrarnos a mirar demasiado el cielo y tratar de aprovechar los pocos milímetros de agua que nos vienen. La otra es mediante la siembra directa, rotación de cultivos y tener buena cantidad de rastrojo en superficie para acumular humedad y que el sol no impacte en la tierra. El viento también es un factor muy importante que de repente ha empezado. Hay mucho viento y seca demasiado. Entonces, la nueva forma de aprovechar la última gota de humedad al máximo es mirar el piso constantemente. Si hay perfil de humedad, se siembra, si no, no.”

Olaizola sembró para cosechar 45 quintales (4,5 toneladas) y ahora calcula que sólo obtendrá 15 o 17. Aunque sea podrá compensar algo con los mayores precios. “El precio en estos días está empezando a levantar. El tema es que en este momento todavía no hay presencia de cultivo nuevo. (La cosecha) se larga la semana que viene más o menos con algunos colegas, con lo que que he charlado. Van a ser los detonantes para para elevar el precio porque cuanto más bajo rendimiento y menos grano tengamos, más se eleva el precio. Pero también es oferta y demanda y y veremos hasta dónde llega. La idea es compensar un poco la pérdida económica por la sequía y por las heladas. Pero vamos a terminar perdiendo en el mejor de los casos. En algún lote por ahí con un poquito más de agua o que no sufrió tantas heladas puede elevarse un poquito el rinde y llegar a mejorar el margen de ese lote, pero no en líneas generales. Creo que habrá una pérdida bastante amplia”, cuenta este productor de General Rodríguez, que por ahora no está incluido entre los municipios bonaerenses que ya fueron declarados en emergencia agropecuario, en los que se exime de pagar impuestos a los agricultores afectados.

Nacido y criado en General Rodríguez, Olaizola recuerda sequía en 2008 y 2018, “pero después más o menos se recomponía un poco el régimen de lluvia”. “Ahora notamos que en los últimos tres o cuatro años viene disminuyendo de a 50 milímetros menos por año. Si uno saca la cuenta en el año son 150 milímetros menos y este año más aún. Este año creo que llevamos entre 400 o 420 milímetros de lluvia acumulada en lo que va del año. Y lo normal son entre 800 y mil milímetros en esta zona, hubo un año de 1.200 milímetros también.”

Laura Rocha, periodista y coautora del nuevo libro “(Re) Calientes. Por qué la crisis climática es el problema más urgente de nuestro tiempo” atribuye la seca al calentamiento global: “La sequía afecta a la zona núcleo argentina hace casi dos años. De hecho, hubo incluso una bajante histórica del río del río Paraná durante estos años. Ahora se suma el efecto Niña. ¿Cómo influye la crisis climática en estas sequía? Las hace más prolongadas, más recurrentes. Y lo que no estamos planificando tiene que ver con el uso del suelo. Estas sequías cada vez van a ser más frecuentes. Lo dice la ciencia. De hecho, a 2050 está proyectado que si no se hace nada con la situación tal como está hoy, se perderán casi cuatro puntos del PBI en la Argentina solamente por efecto de las sequías”.

AR

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