Desazón incipiente
El fin de la ilusión del emprendedurismo: jóvenes que sigue siendo pro Milei ya desean un empleo fijo
Al antropólogo y sociólogo Pablo Semán no le sorprendió la victoria de Javier Milei en las primarias presidenciales de 2023. Ya venía investigando a los jóvenes varones que le dieron el triunfo desde la pandemia de 2020. Este investigador del Consejo de Investigaciones Cientíticas (Conicet) ahora está detectando en sus encuestas cualitativas, en sus paneles de conversación con muchachos del conurbano bonaerense, pero también del interior de esta provincia, como Chascomús, o de Rosario, que comienza a aparecer una cierta desilusión con el emprendedurismo que se incluía dentro de la ideología libertaria, aunque ello no implica que hayan dejado de apoyar el experimento de Milei.
No es extraña la desazón. El sector privado registrado emplea a 240.000 personas menos que en 2023, mientras ahora hay 164.000 monotributistas más, incluidos choferes y repartidores de aplicación, y 506.000 trabajadores informales más, según datos del Instituto de Estadística (Indec). Pero que los pasaron de ser empleados del sector privado “en blanco” a uno “en negro” -como se dice en la calle- bajaron sus ingresos en 13,9% y aquellos que se reconvirtieron en trabajadores por cuenta propia, un 27,8%, según advierte la consultora C-P, de los economistas Federico Pastrana y Pablo Moldovan, a partir de los testimonios de personas concretas con esa trayectoria laboral que aparecen en los paneles de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec.
“Solamente muestran el empleo formal, como si el empleo informal no fuera empleo. Suelen degradarlo diciendo que no es empleo de calidad”, sostuvo Milei hace pocas semanas en el congreso anual del Instituto Argentina de Ejecutivos de Finanzas (IAEF). Al menos las estadísticas muestran que en el informal se gana menos y se carece de cobertura médica y de aportes a la futura jubilación. Como monotributista se cobra una cifra inferior aún inferior, se puede acceder a un puñado de obras sociales con pocas prestaciones, se aporta poco para el retiro y se carece de licencias por vacaciones, enfermedad o maternidad.
Los jóvenes quizás no han experimentado ese tránsito de empleado formal de una empresa a la precariedad o el emprendedurismo. Pero su visión sobre ambos comienza a cambiar, según constata Semán. “Hacia 2023 se expresó en las urnas un sentido común que se había forjado en los lustros anteriores: desde el punto de vista económico cada uno se las arregla como puede y con lo que tiene”, recuerda el autor del libro Está entre nosotros. ¿De dónde sale y hasta dónde puede llegar la extrema derecha que no vimos venir? (Siglo XXI, 2023). “Cualquier expectativa de asignación de recursos mediada o determinada por él estaba deslegitimada por su costo colectivo y por la arbitrariedad que se suponía que originaba. Estos eran los conceptos duros de un electorado que independientemente de su variabilidad se había volcado a posiciones en las que la sociedad era igual al mercado y sus contingencias.”
“Últimamente en una parte de los electores surgen formas de resignificación y desvío de esa posición”, ha descubierto Semán en sus diálogos frecuentes con jóvenes. “No nos referimos aquí a los que rechazan desde siempre o pasaron a rechazar directamente a Milei sino a aquellos que discuten desde adentro, desde su experiencia, los supuestos sociales que llevaron al gobierno al actual presidente.”
“En discusiones grupales y en entrevistas surgen posicionamientos reveladores de los modos, no la del quantum, de erosión de consensos sociales”, apunta el investigador del Conicet. Aparecen algunos que “ven de distintas maneras la clausura del camino de la 'autonomía económica'”. “Cuando se discute, por ejemplo, sobre la crisis de ingresos y la imposibilidad de llegar a fin de mes nuestros interlocutores señalan que 'estaría muy bien tener un ingreso fijo'. Este señalamiento es muy significativo porque en contextos semejantes a los que hicimos este relevamiento pero hace cuatro años un posicionamiento como este hubiera significado recibir la crítica de parásito o de ser una persona poco valiente e incapaz de asumir el riesgo cotidiano. La simple afirmación de la preferencia por un ingreso fijo implica una discusión en uno de los supuestos básicos de aquel consenso que hoy está mostrando en este punto rajaduras más importantes que la variabilidad del voto.”
“En ese mismo contexto de interlocuciones grupales vemos emerger referencias a la dificultad de emprender”, continúa Semán. “'Emprender es cada vez más difícil', nos decía un interlocutor que también era consciente del carácter polémico de esa afirmación que se confrontaba a lo que antes aparecía como la solución a la mano de cualquiera que tuviera un mínimo de voluntad y no estuviese esperando que le solucionen los problemas, como se decía tan fácilmente en el mismo tipo de conversaciones y grupos sociales hace unos pocos años.”
“La decepción con el agotamiento de esa posibilidad aparece en otro de nuestros entrevistados: 'Yo todavía puedo emprender –se refería a un conjunto de actividades que iban desde lo que llamaríamos changas hasta la venta de productos por internet–, pero mi hermano ya no puede. Al final, como él, tenés que terminar muriendo en una fábrica'. El empleo fijo, objeto del repudio previo, es en este caso, aúnque denostado, visto como un destino inevitable”, continúa observando el sociólogo formado en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y doctor en antropología de la Universidad de Río Grande do Sul, Brasil. “En la misma senda de la promesa imposible está el caso de una de nuestras entrevistadas que en los últimos tres años pasó de un pequeño emprendimiento textil del cual tuvo que vender las máquinas para pagar las deudas a la venta de perfumes consignados y de allí a la tentativa frustrada rápidamente de comprar y vender productos de Temu. Al final de ese recorrido nos decía: 'Siento que me muevo en arenas movedizas, finalmente mejor quedarse quieto'.”
“Esa decepción tiene grados más avanzados en una circularidad que no sabemos qué pronóstico tiene: la parálisis de los que no encuentran que más hacer, que han visto todos su proyecto fracasar y caen en accesos de ira como el que registramos en una plaza en que un repartidor de Rappi que intentaba cargar un mueble para reciclar y, al no poder hacerlo, gritó: '¡Mierda, qué vida de negro, hermano!'”, continúa Semán. “El trecho breve pero pleno de ribetes interpretables revela el enojo con el fracaso en términos de los parametros laborales y sociales que, incluso en la lona, se defienden. Sin embargo, a este grado de tensión le sucede una reacción más recurrente en muchos de nuestros interlocutores jóvenes. En muchos de ellos ya no hay palabras, sino, sobre todo inmovilidad y depresión: todo lo que aparece como problemas de salud mental es en realidad una sensación, esta sí ampliamente presente, de desazón que se expresa en retracción de todo tipo de proyecto. De un grupo de seis jovenes mileístas que entrevisté en 2023 dos estaban desocupados, dos deprimidos y dos con ingresos menores a los que tenían en 2023”, apunta.
Pero atención: la desesperanza no se traslada en voto opositor. :La distancia con los puntos propios del mileísmo social emergente en 2022/2023 surge, se manifiesta, pero no se redistribuye exclusivamente hacia la oposición a los valores mileístas o contra el Gobierno“, aclara Semán. ”A veces sedimenta como escepticismo, otras como renovación en un nivel menor de esperanza, pero como reaseguro de que el pasado no vuelve. Finamente, no faltan los que en el camino desarrollan nuevos argumentos para renovar esa misma esperanza y promueven la capacidad de adaptación“, concluye.
Eso se explica en parte por una reflexión posterior de Semán: “¿Pero qué otra cosa les queda a las personas? Una cosa es el emprendedurismo esperanzado y otra cosa es el emprendedurismo obligado y con pesimismo. Es el punto previo al decir 'yo ya no sé más qué hacer', 'no hay más salidas'”. Habrá que ver cómo evoluciona la economía y la situación social de aquí a un año, de un presente con riesgo de recesión, a las elecciones presidenciales para dilucidar si Milei logra reelegirse.
“Si bien el fenómeno de la informalidad trasciende a las políticas de este gobierno y está relacionado con la incapacidad de la economía de generar un crecimiento sostenido, desde 2024 se observa un crecimiento importante en el empleo asalariado privado no registrado y el cuentapropismo, que compensa parte de la caída en el empleo formal”, observa un informe de la consultora C-P. “Esto explica por qué la tasa de desempleo no crece a una velocidad mayor. El empleo informal opera como empleo refugio de parte de la destrucción de puestos de trabajo registrados, tanto en el sector privado como el público”, señala, aunque la desocupación aumentó en un año del 7,6% al 7,9%.
“El crecimiento de la informalidad –en un año subió del 43,2% al 45%– no solo está asociada a la caída del empleo registrado sino a la reproducción de la crisis de ingresos que atraviesa la economía argentina en la actualidad”, explican Pastrana y Moldovan. :La informalidad retroalimenta una economía de bajos ingresos y baja productividad, dado que no sólo deprime los ingresos familiares sino también la demanda interna.“
Los datos de los paneles de la EPH demuestran que “dentro de los trabajadores que tenían un empleo en el sector privado registrado y migraron a otro al año siguiente, el 26% consiguió un trabajo en el sector público, el 47% uno no registrado y el 27% en el cuentapropismo”, cuenta C-P. Sí, el Estado contrata: no el nacional, salvo los funcionarios libertarios, pero sí el provincial o el municipal. “Ahora bien, todos los trabajadores asalariados privados registrados que perdieron su trabajo y consiguieron otro como refugio sufrieron una caída importante de su ingreso real. Aquellos que consiguieron un empleo en el sector público, perdieron 5% de su poder adquisitivo. Solo lograron sostener sus ingresos quienes pudieron seguir teniendo un empleo registrado en el sector privado.”
“Los cambios regulatorios introducidos por la reforma laboral podrían estar afectando la dinámica del empleo formal, en un contexto donde estas tendencias se intensifican debido a que la economía real atraviesa un proceso de ajuste estructural”, advierten Pastrana y Moldovan. “Uno de los pilares de la reforma fue la flexibilización laboral, junto con la reducción de los costos de contratación y la facilitación de los despidos. Lejos de fomentar la creación de empleo privado registrado, esta agenda de flexibilización y reducción de costos laborales tiene un impacto limitado sobre la generación de empleo formal, mientras que sí favorece una mayor rotación e inestabilidad laboral, al abaratar las contrataciones y facilitar las desvinculaciones. Esto ayuda a explicar la reducción de personal en las empresas: en un escenario de alta capacidad ociosa y bajas ventas y producción, donde sobra personal, la mayor facilidad para despedir acelera las bajas y repercute de forma más directa e inmediata en la pérdida de empleo formal”, agregan.
AR