Noé Ruiz, única mujer en la mesa chica de la CGT: “Si no pudieron cumplir el 30% de cupo que dice la ley, no me vengan con el verso del 50%”

Noe Ruiz, secretaria general de la Unión de Trabajadores de Moda e Imagen Publicitaria de Argentina (AMA) y la única en el Consejo Directivo de la CGT

Son los años 80 y Noé Ruiz recorre con paso lánguido la alfombra de la maison de un diseñador en París; desfila ante un auditorio selecto por una pasarela al piso. Sobre su cuerpo extremadamente esbelto, un vestido de 30 kilos bordado en perlas naturales. El color de las uñas y la forma del pelo acondicionados del modo preciso para no distraer del diseño. 

Vive entre España, Francia y Suiza y a todos lados la acompaña su hijo Pablo, que tuvo a los 16 años, apenas terminó el colegio secundario, y cría sola. Cuando viaja a la Argentina, su país de origen, el teléfono no para de sonar. Cubre los desfiles de las marcas de la Avenida Alvear, hace publicidades —Aerolíneas Argentinas, Colgate, Sol y Oro—, participa en películas que protagoniza Sandro, en comedias de Alberto Olmedo y representa al país en el certamen Miss Universo; el mundial de la belleza.  

Noé Ruiz repasa su carrera y cierra la profusión de recuerdos como quien corona con una postura final en el abismo de la pasarela.

—Mi actividad es mannequin de alta costura —dice, y pronuncia manequén. —Fui muy famosa.

Habla con elDiarioAR por teléfono porque en las últimas semanas le fue imposible encontrar un espacio para agendar una reunión. El próximo 11 de noviembre la CGT hará un congreso en el que renovará sus autoridades y hace un mes que Noé Ruiz está “cortando clavos”. “No es fácil cuando querés que pongan a las compañeras y no te las quieren poner. Esta semana me dediqué absolutamente a defender, como cada día de mi vida, a las mujeres para que entren”, se disculpa. 

Siente el peso sobre sus hombros. Es la secretaria general de la Unión de Trabajadores de Moda e Imagen Publicitaria de Argentina (AMA) y la única mujer entre las 21 personas que integran el Consejo Directivo de la CGT. Dentro de la central obrera está al frente de la Secretaría de Igualdad de Oportunidades y Género desde el último recambio de la cúpula, en 2016.

En sus fantasías iniciales, cuando salía al mundo con sus piernas largas y su pelo muy rubio, no cabía un presente como el actual. Su padre fue un empresario español (“llegó con los estudios universitarios hechos y no vino a hacerse la América sino, al contrario, a ver el nuevo mundo”), emprendedor de la costa Atlántica, con campos y negocios entre Necochea y Capital Federal. Su madre, hija de un constructor que dejó su nombre grabado en algunos palacetes del microcentro porteño. Cuando nació quisieron llamarla Noé, pero en el Registro Civil les dijeron que era nombre de varón así que la anotaron como Noemí. De todos modos, ignoraron el episodio legal y la llamaron Noé, nombre que ella logró luego que sea reconocido por la Justicia. Terminó el secundario en Necochea y se mudó a la casona familiar de Buenos Aires; al “petit hotel”, dice. Poco después, alguien la vio en un evento social y la llevó a desfilar. 

Mientras Noé volaba de país en país con su hijo, en la Argentina se afianzaba la Asociación de Modelos Argentinos (AMA), fundada en 1967 por figuras emblemáticas de la época como María Marta Lagarrigue, Karin Pistarini y Chunchuna Villafañe. Los fondos iniciales  los recaudaron en una fiesta en la boîte Mau Mau, que reunía a ricos y famosos en un subsuelo de la calle Arroyo. Noé Ruiz se acercó de a poco en los 90’, cuando la convocaron para darle forma a la obra social del sindicato, aunque ella —que, entre otras cosas, estudió comunicación en medios, psicología, economía en Washington, neonatología en la universidad Complutense de Madrid— había llegado de Europa con otra idea: la de crear un centro integral de cuidados para madres y padres trabajadores. 

Hoy, aunque conserva las siglas, el sindicato tiene un nombre más inclusivo que el original y representa a promotoras, modelos publicitarios e influencers, entre otras actividades afines. Ruiz no tiene ningún interés en dotar a la organización con un halo de glamour. Busca que se reconozca a sus afiliados como trabajadores que dinamizan una industria que incluye desde la producción textil a la laca con que se fija un peinado. En abril de 2020 le envió una carta al presidente Alberto Fernández en la que le solicitó que se extienda a su sector el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE). 

Si la puesta en marcha de la obra social de AMA fue el paso iniciático, su ingreso definitivo a la vida sindical se fraguó en la discusión por la ley del cupo femenino. Buscaban impulsarla en todos los ámbitos, pero la norma terminó por instalarse primero en la política y recién en 2003 se extendió al mundo sindical y definió un piso de 30% de participación femenina. Algo que, 18 años después, no se cumple.   

Ruiz dice que la ley fue un “fracaso” en cuanto al alcance que tuvo inicialmente y las trabas para su implementación, pero que en esa búsqueda se consolidó un grupo de mujeres sindicalistas que siguieron trabajando juntas. 

—Ya éramos miles las compañeras y dijimos vamos a seguir adelante y vamos a lograr armar un Departamento de la Mujer e ir metiéndonos dentro de la CGT. No teníamos reconocimiento en ningún estatuto, ningún hombre nos ofreció nada, ni siquiera un espacio para reunirnos. Nosotros llevábamos en el bolso nuestras propias lapiceras, papeles, cuadernillos y les decíamos “¿nos dejan este lugar para nosotras?” “¿Y qué van a hacer acá?”, nos preguntaban. Y diagramábamos actividades, cursos, las cosas que necesitasen las trabajadoras de base. 

Ruiz hace un silencio al otro lado de la línea y luego recuerda a algunas de las compañeras de esos años: Ana María Genta (Sutecba), Ángela Orcesi (Fatica), Gladys Blas (Comercio), Zunilda Valenziano (Upcn), Adelma Ponte (Sacra).   

—Uno se va templando con los años, pero a mí no me avergüenza decir los dolores que yo pasé, las injusticias que viví.

—¿En qué piensa?

—Yo me tuve que ir dos veces de la Central para poder sancionar la ley de cupo porque nosotras recibíamos amenazas anónimas de muerte, nos cruzaban los coches.

—¿Amenazas que venían de la propia gente de la CGT?

—No sabíamos de dónde venían, porque la cara de los cabezas nunca iban a estar. Eran tipos grandotes. A mí me cruzaron un coche en la calle. A mí me llegaron a decir “a dónde te crees que van a llegar”... cosas muy feas, entendés. A su vez yo iba construyendo una gran relación con ellos, porque veían que nosotras dábamos soluciones. Creamos un centro psicopedagógico, dábamos cursos, estuvimos en las manifestaciones de Cutral Có aunque nos habían dicho “no va ninguna mujer”. Donde había un problema, siempre una mujer de la CGT estaba metida ayudando. 

Fue una pelea cuerpo a cuerpo. Cuando la CGT se movilizaba, las mujeres intentaban ganar un lugar en el palco y en la columna que avanzaba por las calles. “Hacíamos barreras y la que tenía un pibe, llevaba un pibe, el cochecito”, dice Ruiz, que algunos años antes paseaba a su bebé por alfombras parisinas. “Nos íbamos ganando el respeto y el espacio”. 

El próximo jueves se reunirá en el edificio de Azopardo el pleno de la CGT para renovar su conducción —hoy encabezada por Héctor Daer y Carlos Acuña, tras la renuncia de Juan Carlos Schmid al triunvirato— y se tratará un proyecto de reforma del estatuto para incorporar un 50% de mujeres, propuesto por la cúpula. También se evalúa la posibilidad de crear nuevas secretarías y que compartan esas posiciones un hombre y una mujer. 

—¿Qué opina de esta propuesta? 

— Bueno, en primer término, les dije que estaban locos. Yo soy muy frontal, mis compañeros nunca van a decir que yo mentí. Les dije que si no pudieron cumplir el 30% que dice la ley desde 2003, no me vengan con el verso del 50% y con que una compañera acompañe en el mismo gremio al compañero. Ese 50% es un hecho vanguardista, pero también tiene su parte peligrosa; yo prefiero un 30% real a un 50% mentiroso. O debería decir ficticio, para ser más fina.

Para Ruiz, la paridad no se logrará de golpe sino de forma paulatina y en la medida que las mujeres no se dividan ni abandonen los reclamos. En la medida que, dice, puedan levantar la voz a pesar del temor a perder el trabajo, a ser miradas de otra manera, a ser discriminadas. “Será porque yo vengo de una actividad muy discriminadora, violenta y objetivante que no estaba tan atemorizada”, dice. El modelaje de alta costura, la cuna inesperada de una dirigente sindical aguerrida. 

Cuando se debatió la legalización del aborto, Ruiz también “cortó clavos” como ahora. La CGT emitió un comunicado oficial en el que anunció que no tomaría posición sobre el tema, pero luego de una discusión interna ella se puso al frente de la rectificación: la central obrera respaldaba la ley. 

—“Nos van a pintar de verde”, me decían. “Bueno, me parece bárbaro, voy a agarrar un aerosol”, les respondía yo. “Vos tenés una profesión en la que no podés decir eso". “Sí —respondía—, pero también tengo conciencia y tengo libertad de elección”.

—Se anticipa que la nueva conducción será nuevamente un triunvirato: Héctor Daer (Sanidad), Pablo Moyano (Camioneros) y Antonio Caló (UOM)...

—Podría haber una cuarta persona, eso todavía no está claro. 

—¿Le parecería bien que el secretariado general quede en manos de cuatro hombres? 

—No, me parece muy mal. Yo les dije a los compañeros: si estás hablando de un 50% de participación femenina no me vengas con que la Secretaría General no va a tener mujeres. Estamos en esa discusión. 

No está pensando en ese lugar para ella, dice, y tiene “muchas candidatas” que apoyaría sin dudar. 

—¿Es optimista respecto de que se les dará a las mujeres un lugar más protagónico?

—Y... un rol más protagónico que el que ya teníamos va a ser.

Dice Noé Ruiz, la única mujer en la mesa chica. La mannequin de la CGT. 

DT

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