Raíces

Garupá, o cómo llevar las canciones de Ramón Ayala hacia el futuro

A veces hay que atravesar varias experiencias musicales para poder escribir. No siempre está claro en esta columna qué quiero compartir con ustedes. Y a veces la vida compleja de este presente hace que no tenga ni tiempo. Y la idea es no apurarme. Detener el vértigo por un rato. Este 9 de octubre tocan en Buenos Aires los Garupá. Y ni bien vi la fecha supe que quería escribir sobre ellos. Son unos músicos maravillosos que vienen de Rosario y no solo “hacen versiones” de la obra del inmenso Ramón Ayala. Le dieron nueva vida a sus creaciones, las más conocidas y las menos, y las proyectaron hacia el futuro.

Es de los proyectos que más me han conmovido en los últimos tiempos. Ramón Ayala siempre fue una referencia en mi vida. Lo conté por acá cuando murió. Y sus canciones siempre han sido bálsamo. Fue uno de los mayores creadores de nuestra música. No solo por la innegable calidad de su obra, sino porque le cantó a los trabajadores como pocos habían hecho hasta entonces en el folklore. También a la naturaleza. y al amor, claro. “Posadeña linda” y “El cosechero”, quizá sus temas más conocidos, son solo la punta de un iceberg. Ramón es infinito. Descubrir que había incluso más canciones de las que conocía fue un regalo. Sus palabras, sus recitados, sus poemas, sus entrevistas siempre fueron un llamado a vivir intensamente. Porque aunque haya dolor y horror, Ramón destacaba que pasamos una sola vez por acá y no podemos desaprovecharlo.

Muchos nos estamos preguntando en estos momentos qué sería no desaprovechar la vida. El pluriempleo, la crisis económica, el miedo a la tecnología, las guerras, los genocidios a los que asistimos en vivo y directo poco margen dejan para la alegría. Pero ahí es donde Ramón tenía palabras sabias. “Mira la luz, goza la vida / y el acontecimiento de existir”, dice su poema “Ser”, que les recomiendo buscar entero. Y también decía que la vida es el capital más importante que tiene el ser humano.

Garupá está integrado por Julián Venegas con su voz de mil matices, Joel Tortul, pianista virtuosísimo y apasionado, y Homero Chiavarino, en acordeón y voz, un auténtico chamamecero de ley. Se juntaron alrededor de una admiración compartida por Ayala y llevan editados dos discos dedicados a su obra. El primero, Canciones del Mensú, se concentró en canciones más conocidas; el segundo, El viejo río que va, se metió con un repertorio menos transitado. Galopas, rasguidos dobles, chamamés, una zamba y gualambaos, el género que inventó el propio Ramón.

Pero lo maravilloso de Garupá es que no embalsama esas canciones. Las abre, las desarma, las vuelve a mirar. Chiavarino contaba que cuando se sientan a tocar y a “desmenuzar” la obra aparecen esas “perlitas” de Ramón, pequeñas libertades que se permitía frente a las formas tradicionales y que para ellos se convierten en puertas de entrada para los arreglos.

Quizás por eso un recital de Garupá es asistir a la maravilla. Porque Ramón está ahí y, al mismo tiempo, la música está sucediendo ahora. No es un homenaje en el sentido solemne de la palabra ni un ejercicio de nostalgia. Es una obra viva pasando por otros cuerpos, otros instrumentos, otras sensibilidades.

Cuando murió Ramón, en diciembre de 2023, escribí en este mismo espacio sobre una presentación de Garupá a la que había asistido unos meses antes en el Centro Cultural Borges. Ramón todavía vivía y el trío ya había podido hacerle llegar su primer disco. Cerré aquella columna pensando que debía haber entendido entonces que su música estaba en buenas manos. No me equivocaba.

Ahora Garupá tiene un segundo disco, recorrió otros escenarios (de Europa también) y siguió encontrando caminos dentro de una obra que parece inagotable. Venegas dijo una vez algo que me quedó dando vueltas: “Ramón era un acelerador de la existencia”. En momentos difíciles, imaginaba, insistiría en reunirnos, guitarrear, cantar, hacer aquello que nos hace bien. Garupá toca el viernes 9 de octubre a las 21 en JJ Cultural, Jean Jaurès 347, en la Ciudad de Buenos Aires. Vayan. Después me cuentan.

Volvió “Raíces”, el programa de Blanca Rébori

Quiero compartirles también que hace unas semanas volvió a la radio con su programa “Raíces” la enorme Blanca Rébori, a la que admiro y respeto desde chiquita, cuando mi papá la hacía sonar en mi casa. De su mítico programa toma el nombre esta columna como homenaje. Que vuelva a estar al aire por FM La Tribu los domingos desde las 15 es un lujo y hay que celebrarlo. Gracias, Blanca, por tanto.

Silvia Pérez Cruz en Buenos Aires

Decía que son días tristes en muchos aspectos. Cuesta a veces encontrar el sentido. Pero el 29 de agosto pasó por Buenos Aires la maravillosa Sílvia Pérez Cruz y ofreció un espectáculo descomunal en el Teatro Ópera, de los que se ven muy pocos. Participaron varios músicos de acá, entre ellos Juan Falú, Luna Monti —que además dirigió un coro de ocho cantoras— y Juan Pablo Di Leone, artistas a los que la catalana admira profundamente.

Y no sé de quién fue la decisión, pero no se vendieron todas las entradas. Entonces fueron invitados decenas de músicos que nunca hubieran podido pagar. Fue una fiesta. Una comunión compartida. Y salimos mejores esa noche.

Les cuento además que dos de mis bandas favoritas, Duratierra y Don Olimpio, sobre las que escribí en las últimas ediciones de “Raíces”, agregaron fechas en noviembre porque agotaron una primera. Don Olimpio volverá a presentarse el 15 de noviembre en la Sala Alejandro Casona y Duratierra agregó una nueva función para el 21 en el Xirgu. Otros dos motivos de celebración.

No son datos menores. En un momento en el que sostener un proyecto musical es cada vez más difícil, que haya salas llenas, nuevas funciones, artistas que se encuentran y públicos que siguen buscando música es una forma de resistencia. Tal vez también sea una manera, pequeña pero concreta, de responder aquella pregunta sobre qué significa hoy no desaprovechar la vida.

Homero Chiavarino decía, hablando de Ramón, que una de sus enseñanzas fue aprender a mirar desde más arriba y no perderse en lo inmediato. Porque además de los problemas cotidianos existen el arte, la música, la pintura, el afecto y los vínculos. Y de todo eso podemos agarrarnos como de un salvavidas.

Quizás sea por ahí. No se trata de negar lo que pasa ni de hacer como si alrededor no hubiera dolor, incertidumbre, violencia o miedo. Se trata de que todo eso no nos quite también la posibilidad de encontrarnos, de emocionarnos, de bailar, de escuchar una canción y salir un poquito distintos de como entramos. Llenemos los teatros, los bares, los locales donde tocan nuestros músicos. Es un año difícil. Pero entre todos vamos a poder.

Hasta aquí llegamos hoy. Gracias por leer. Que disfruten. ¡Hasta dentro de dos semanas! O tres...

(*) “Raíces” es un programa radial dedicado a la música de raíz de Argentina y Latinoamérica que la periodista entrerriana Blanca Rébori conduce desde hace más de 30 años en diferentes emisoras. Titulamos esta columna con ese nombre en homenaje a su labor.