Colombia y Brasil, las dos elecciones clave para la izquierda en América Latina

Hace media década que la política latinoamericana no se mueve en bloque. Por el contrario, anda tironeada por las dinámicas locales. En este tiempo no hubo retorno conservador ni vuelta de la izquierda, sino una región dividida. La pandemia no hizo más que ahondar en lo que algunos analistas llamaron “vaciamiento latinoamericano”, dicho de otro modo, la incapacidad deliberada de los gobiernos de coordinar políticas.

El año pasado, la izquierda ganó en países donde antes no llegaban. Gabriel Boric lo hizo en Chile, Pedro Castillo en Perú, Xiomara Castro en Honduras. El caso de Nicaragua merece un capítulo aparte. 

De los 20 países que integran la región menos de la mitad están en manos partidos que van del centroizquierda a la izquierda radical mientras que en el resto gobierna la derecha. De esos nueve países, dos tendrán elecciones este año: Colombia y Brasil. La eventual victoria de los candidatos progresistas podría cambiar el escenario para la izquierda en América Latina.

El péndulo entre Colombia y Brasil

El 29 de marzo vence el plazo para la inscripción de candidaturas que pelearán por la presidencia el 29 de mayo. El senador de izquierda Gustavo Petro, del Pacto Histórico, supera al resto de los posibles candidatos. No es la primera vez. Ya en 2018, Petro llegó a disputar la segunda vuelta con el actual presidente Iván Duque.

Si bien Petro es quien mide mejor, para algunos analistas todavía no existen condiciones para afirmar su triunfo. Los estudios de opinión sugieren que si las elecciones presidenciales fuesen hoy, hay una alta probabilidad de que Petro pase a segunda vuelta, como sucedió en 2018, y en ese escenario podría salir favorecido un candidato más moderado como puede ser Sergio Fajado.

“Las dos grandes coaliciones que se han organizado al margen del Pacto Histórico de Petro y de la pintoresca y llamativa candidatura de septuagenario ex alcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández no han definido a sus candidatos. Es posible que un contrincante más cercano al centro pueda capitalizar el temor que Petro genera y llevarlo a ganar la primera vuelta, pero perder la presidencia”, dice Víctor Mijares, profesor de Ciencia Política en la Universidad de los Andes de Colombia.

La victoria Petro sería una novedad para la política colombiana tanto como lo ha sido el triunfo de Boric en Chile. Colombia es un país donde en el último siglo solo dos grandes partidos, uno de centro y otro de derecha, se alternaron en el poder. Una victoria de la izquierda resultaría histórica y representaría un avance incalculable para la izquierda latinoamericana.

En Brasil, el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva duplica a Bolsonaro en intención de voto. La diferencia con el actual presidente es tan alta que si la elección fuera este domingo Lula podría imponerse en primera vuelta.

Las victorias de Petro en Colombia y de Lula en Brasil dejarían a la izquierda y a la centroizquierda al frente de seis de las economías más grandes de la región. 

En Chile, el Gobierno del Frente Amplio toma posesión el 11 de marzo. La victoria de Boric llega como bocanada de aire fresco para la izquierda en América Latina. Ni Boric en Chile ni Pedro Castillo en Perú fueron parte de “la marea rosa” de la centroizquierda en América Latina y eso les concede una carta en blanco sobre la forma que tomarán.

Para Philip Kitzberger, profesor de Política Latinoamericana Contemporánea en la Universidad Torcuato Di Tella, tanto el caso de Perú como Chile son una novedad comparadas con casos como los de Luis Arce en Bolivia, Alberto Fernández en Argentina e incluso una potencial vuelta de Lula da Silva en Brasil. Tanto es así que es posible definirlas como “nuevas izquierdas”. 

De todos modos, ambos casos presentan actores políticos con orígenes y trayectorias hacia el poder muy distintos entre sí. “En ese sentido, los une la novedad, pero son distintos. De todos modos, esa heterogeneidad al igual que a comienzos de 2000 no les impediría que haya una identificación como parte de una izquierda en América Latina”, dice Kitzberger.

Difícilmente el retorno de Lula en Brasil o la victoria de Petro en Colombia se pueden considerar representantes de la “nueva izquierda”. “Petro es producto de un proceso de desmovilización de la guerrilla urbana del M19. Ha ocupado cargos diplomáticos, ha sido representante en la Cámara de Bogotá y en el Congreso de la República, además de alcalde de Bogotá, senador y esta es su tercera candidatura presidencial”, revisa Mijares.

Para el colombiano, Petro es parte de una izquierda latinoamericana tradicional. Estas izquierdas comparten también que llegan más por el rechazo contra quien gobierna que por un respaldo a sus ideas. “La crisis económica y la pandemia ha llevado a que cualquiera que esté en la oposición tenga chances de suceder a quien esté gobernando”, dice el profesor.

Por último, ganar una elección no es sinónimo de poder gobernar en América Latina. “Las restricciones económicas y un ambiente político más polarizado y tóxico con una nueva derecha más movilizada dificulta el escenario de la gobernabilidad”, explica Kitzberger.

Costa Rica para Centroamérica

Costa Rica integra la lista de los tres países latinoamericanos que tendrán elecciones presidenciales este año. 25 candidatos pelearán por el lugar que ocupa el presidente de centro, Carlos Andrés Alvarado Quesada, quien no está en condiciones de renovar su mandato.

El candidato de centro, el expresidente José María Figueres lidera la intención de voto con un 17%, seguido de la exvicepresidenta de centroderecha, Lineth Saborío, con un 15%. De todos modos, el dato es que a menos de un mes de las elecciones un 40% de los electores se presentan como indecisos.

Las elecciones del 6 de febrero no alcanzarán la dimensión política de las de Brasil o Colombia pero sí tendrán impacto en Centroamérica siendo que llegan para cerrar una reconfiguración en la política local.

A unos meses de las presidenciales en Honduras y Nicaragua, las elecciones de Costa Rica pueden estar vinculados a la delicada situación democrática que va desde la concentración de poder de Nayib Bukele en El Salvador hasta el Gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua.

“La llegada de Xiomara Castro genera esperanza para la izquierda en torno a la idea de que la unión y la perseverancia hacen la fuerza”, dice Julieta Rostica, coordinadora del Grupo de Estudios sobre Centroamérica de la Universidad de Buenos Aires. “En Guatemala, por ejemplo, la fragmentación de los partidos de izquierda, centro izquierda y progresistas sólo conduce al triunfo sistemático del conservadurismo”. 

Venezuela y Nicaragua seguirán siendo la piedra en el zapato para las izquierdas moderadas en América Latina. Sin embargo, para varios analistas como Rostica, el límite debería estar en la violación a los derechos humanos. “Creo que debe haber un posicionamiento tajante de la izquierda latinoamericana sobre el tema”, dice la investigadora. 

AO