El anestesista del hospital Europeo de Gaza: “Perdí a tres médicos, cinco enfermeros y dos enfermeras”

Esther Cabezas

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El sistema sanitario en Gaza está al borde del colapso, con 32 hospitales fuera de servicio debido a la guerra. En el sur de la Franja, donde se concentra la mayor parte de la población palestina, prácticamente sólo queda un hospital en funcionamiento, el Europeo, aunque opera con una tercera parte de su personal y con recursos insuficientes.

El médico anestesista Refaat Alathamna, que trabaja en ese centro desde hace cinco años, relata el esfuerzo titánico que tienen que hacer en el Hospital Europeo en unas condiciones cada día peores. En los quirófanos no disponen de suficientes sedantes, afirma este doctor palestino-boliviano.

La conexión a internet en Gaza no es buena ni accesible para todo el mundo, por lo que la conversación a través de WhatsApp desde la ciudad en Rafah, donde se encuentra refugiado Alathamna, se corta en varias ocasiones. El griterío de los niños a su alrededor impide, a veces, que sus palabras se entiendan.

“Nosotros todavía disponemos de algunas medicinas, pero tenemos muchas deficiencias”, cuenta en un perfecto castellano, ya que cursó sus estudios en Bolivia y trabajó posteriormente dos años en Argentina. “Nos falta de todo, aunque nada comparable con lo que está sucediendo en el norte y centro de Gaza, donde están operando y amputando sin anestesia y sin las más mínimas condiciones técnicas y de higiene”.

Sin médicos ni medicamentos

“Si para una operación nos hacen falta tres o cuatro medicamentos diferentes, como es habitual en las anestesias, en estos momentos disponemos sólo de uno. Cuando voy a la farmacia, me dan lo que tienen y, cuando les digo que no es suficiente, me dicen: invéntate algo, es lo que hay. Lo mismo sucede en terapia intensiva”, agrega.

En el Hospital Europeo, en Jan Yunis, se están atendiendo los casos más graves y urgentes, que son “muchísimos”, afirma Alathamna. “En admisión no se aceptan pacientes. Se mandan a casa” o a las farmacias para que compren la medicación, que antes proporcionaba el propio centro sanitario, “pero allí tampoco queda casi nada”. “Estamos desbordados y sufriendo ataques muy cerca”, lamenta.

“Al principio de todo esto hacíamos turnos de 24 horas y descansábamos 48, pero ahora esperamos hasta que llegan otros compañeros para poder salir”, a medida que los médicos que acuden a trabajar son cada vez menos. Alathamna explica que gran parte del personal médico ha perdido sus casas, sus vehículos y, además, no hay combustible en Gaza, por lo que autobuses del Ministerio de Sanidad los trasladan hasta su centro de trabajo.

Otros médicos están atrapados en el centro de Gaza y no pueden llegar a sus puestos de trabajo, ayudan donde pueden en aquellos lugares donde se encuentran. El hospital Europeo sólo cuenta con un tercio de su personal habitual, muchos de sus integrantes han muerto. “Yo he perdido a tres médicos solamente en el Departamento de Anestesia, cinco enfermeros y dos enfermeras”.

“Parte de la plantilla vive en el hospital con sus familias, no es fácil encontrar una carpa y menos a un precio asequible y, además, evitan el ir y venir [al hospital], siempre hay peligro de algún ataque”, dice el Alathamna. Según el Gobierno gazatí, controlado por el grupo palestino Hamás, al menos 364 trabajadores sanitarios han fallecido en los más de cinco meses de guerra.

El doctor gazatí relata que, además de los familiares del personal médico, muchas familias se refugian en el Hospital Europeo. “A veces nos cuesta llegar al quirófano por la cantidad de gente que tenemos que esquivar. Nuestro trabajo se hace cada vez más difícil”. “Además, muchas veces los paramédicos de las ambulancias no pueden llegar hasta las personas heridas porque los israelíes bloquean el paso y al final mueren desangrados durante horas”, denuncia. Las autoridades locales calculan que 126 ambulancias han sido atacadas por Israel durante su ofensiva contra la Franja.

En el norte de Gaza, la situación es aún peor, debido a que los suministros básicos no llegan hasta esta zona y la infraestructura está muy dañada. En el centro y norte del enclave palestino no hay ambulancias operativas y los heridos son trasladados en carros tirados por animales, según Alathamna. También quedan cada vez menos animales porque se han convertido en alimento para los residentes que pasan hambre desde hace semanas en esas áreas, donde permanecen unos 700.000 gazatíes. Algunos hospitales septentrionales, como Al Shifa, han vuelto a funcionar pero “no tienen nada, no sé como lo hacen”, reflexiona el médico.

La mayoría de los habitantes del norte y centro de Gaza se han refugiado en el sur, a medida que el Ejército israelí les ha pedido que abandonen las localidades y barrios a los que han entrado sus tropas. El Hospital Europeo atiende a la población de Jan Yunis y de Rafah, pero no puede ofrecer asistencia sanitaria a todos los desplazados. “Rafah normalmente tiene alrededor de 200.000 habitantes y el hospital está pensado para atender a esa población”, explica Alathamna. En la localidad fronteriza con Egipto también hay otro centro de ginecología y obstetricia, que ya estaba desbordado y que ahora trabaja sin parar para atender a las mujeres embarazadas y a las que dan a luz. 

“Intentar salir de Gaza es la única solución”

El mismo Alathamna está refugiado en Rafah con su familia y expresa su desesperación porque no tiene recursos para cuidar de sus cinco hijos, mientras espera el apoyo del Gobierno boliviano y una repatriación que nunca llega bajo el ruido de las bombas, los drones, los tanques y todo el despliegue del Ejército israelí.

El doctor quiere marcharse de la Franja con toda su familia rumbo a Bolivia o algún otro país de habla hispana que le dé asilo. Está esperando desde hace cinco meses, pero desde la Embajada boliviana en Egipto le han comunicado que tiene que contar con el permiso de Israel y, por ello, ha decidido buscar una vía alternativa. “En la frontera, funciona una mafia egipcia que saca beneficio de nuestra situación. Cobran miles de euros por dejarte pasar al otro lado. Tienes que pagar entre 5.000 y 10.000 euros por persona para apuntarte en una lista y esperar a que te llamen. Pero no tenemos nada”, explica.

Los sanitarios gazatíes no han recibido su salario desde que estalló el conflicto y las condiciones antes del 7 de octubre tampoco eran buenas. “Los de mi área tenemos un salario de alrededor de 1.200 dólares, pero nunca lo cobrábamos íntegro. Solo llegábamos a percibir 300 o 400 dólares nada más. Padecemos esta situación hace más de 10 años”, afirma. Agrega que, debido al bloqueo al que Israel somete la Franja de Gaza desde 2007, el Gobierno palestino no tiene suficientes fondos para pagar a los médicos. 

Ante esta situación, Alathamna ha decidido abrir una cuenta de microfinanciación colectiva para obtener el dinero que le permita cruzar la frontera de Gaza con Egipto, su única esperanza es sacar a su familia del infierno en el que se han convertido sus vidas. “Cuando uno tiene hijos, sólo piensa en sacarlos. El menor tiene 4 años y la mayor, 12. La semana pasada bombardearon unos edificios muy cerca de donde están. Fue un momento muy duro”, recuerda.

El médico cree que “intentar salir de Gaza es la única solución”, no sólo por la violencia sino porque escasea la comida y el agua potable, y ya han muerto de hambre 27 niños, según las autoridades locales.

“Israel atacó todas las zonas de agricultura y está ocupando las tierras donde normalmente se planta todo, sólo quedan algunos lugares en Rafah. La verdura es muy escasa. Encuentras tomates o pepinos a precios muy altos. Un kilo de cebollas costaba medio dólar antes, ahora una sola cebolla vale 2 dólares”, se lamenta Alathamna. “El agua la traen en tanques para repartirla, pero nos están diciendo que se está acabando. No sé lo que vamos a hacer”, agrega.

Además, el ciudadano palestino-boliviano asegura que “algunos” están haciendo negocio con la ayuda “que se supone que nos tenía que llegar gratis”. En su conversación con elDiario.es cuenta que la poca ayuda que entra en Gaza se distribuye a “ciertas personas”, que son las encargadas de repartirla a la población posteriormente. “Estamos viendo de todo. El Gobierno gazatí vende a los comerciantes la comida a un precio y les indica el precio para su venta al público, pero muchos de ellos venden una tercera parte a ese precio y al resto le ponen el precio que quieren”, explica angustiado.

Conseguir comida y ropa para los niños

“A veces te envían un mensaje de que hay reparto de comida en un lugar determinado y, después de esperar 5 o 6 horas, te tienes que marchar con las manos vacías. La mayor parte son latas. Es desesperante volver a casa sin comida”, relata. Hasta hace unas semanas, recibían ayuda de la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNWRA) pero ahora, según el médico, ya no distribuye nada “porque le han retirado la financiación”, a raíz de unas acusaciones lanzadas por Israel contra trabajadores de la agencia.

El médico denuncia que los gazatíes sufren “el maltrato constante” por parte de las tropas israelíes. “En muchas ocasiones, ponen sacos de harina en un punto con francotiradores alrededor, que matan a las personas cuando se acercan desesperadas”, afirma. Recientemente, más de cien personas murieron cuando los soldados abrieron fuego contra una muchedumbre que se había congregado para tratar de conseguir ayuda humanitaria.

“No tenemos nada. Estamos con la ropa con la que salimos de casa. Sucios. No encuentro ni ropa interior para mis hijos. Finalmente, el otro día encontré unos zapatos para uno de ellos que andaba descalzo, los compré por 70 dólares que me hacían falta para otras cosas”, dice desesperado. Además, cuenta que todo el mundo está enloqueciendo por esta situación: “La gente está peleando todo el tiempo, tienen hambre y sed, es normal. Su situación mental no es buena”.

El médico explica que, antes de la guerra, “la gente ya estaba psicológicamente afectada” por el bloqueo. Ahora es mucho peor: “No hay tiempo para dar cariño a los hijos, incluso los padres descargan su frustración en los niños, es algo que no puedo soportar. Antes por lo menos dábamos vueltas en el auto o íbamos a la playa, pero ahora ni eso. Hay que aguantar, sí, pero la gente ha perdido la paciencia”.