Días clave
La crisis política en Reino Unido: Starmer desafía la revuelta laborista y dice que no renunciará
El primer ministro británico, Keir Starmer, se mostró este martes desafiante ante la presión de las últimas horas que puede acabar con su liderazgo del partido y del país.
El líder laborista insiste en que no se marchará pese a las decenas de diputados de su grupo parlamentario que pidieron su renuncia. Al comienzo de la reunión de su gabinete en Downing Street ya prevista este martes, el primer ministro dijo que las últimas 48 horas fueron “desestabilizadoras” para la economía del país por la subida del costo de la deuda púbilca británica y recordó que ningún rival hizo un reto formal contra su liderazgo.
Starmer repitió que asume la “responsabilidad” de los malos resultados de las elecciones locales del jueves pasado, pero también la de seguir luchando por “el cambio” que prometió hace dos años. “Las últimas 48 horas han desestabilizado el Gobierno y eso tiene un costo económico real para nuestro país y para las familias”, dijo Starmer. “El proceso del Partido Laborista para retar al líder no se lanzó. El país espera de nosotros que sigamos gobernando. Eso es lo que estoy haciendo y lo que debemos hacer como gabinete”.
Según varios medios, la ministra de Interior, Shabana Mahmood, y otros miembros del gabinete le pidieron este lunes a Starmer que considere anunciar un calendario para “una transición ordenada” y abrir un proceso para elegir sucesor de aquí a septiembre, cuando se celebrará el congreso del Partido Laborista. Los aspirantes más claros a sustituirlo son Angela Rayner, la exviceprimera ministra, Wes Streeting, el ministro de Sanidad, y Andy Burnham, el alcalde de Manchester y que ahora mismo no se puede presentar porque no es diputado, un requisito necesario para ser líder del partido. Para lanzar el desafío al líder, cualquier candidato necesita el apoyo del 20% del grupo parlamentario, en este caso de 81 de los 403 diputados laboristas en la Cámara de los Comunes.
Los tres aspirantes a primer ministro tienen sus propios obstáculos: Rayner todavía está esperando la resolución de Hacienda sobre impuestos que no pagó a tiempo en el escándalo que la obligó a renunciar en septiembre; Streeting, el más centrista, es menos conocido y menos popular en la izquierda del partido, y puede estar lastrado por su relación pasada con Peter Mandelson, el exembajador británico en Washington investigado ahora por la policía por sus conexiones con Jeffrey Epstein; y Burnham tendría que ganar primero un escaño, algo no tan obvio dada la caída de apoyo electoral del laborismo.
En las últimas horas, varios ministros fieles animaban a Starmer a seguir “luchando” o a tomar las decisiones según lo que él creyera mejor para el país y para el partido. Este martes, el ministro de Vivienda, Steve Reed, insistió a la salida de la reunión en que los laboristas tienen unirse para apoyar al primer ministro y seguir “trabajando”. La ministra de Ciencia, Liz Kendall, aseguró que Downing Street se habló de la guerra de Irán y otros retos del momento. El primer ministro “seguirá con su trabajo como debe”, según el ministro de Trabajo y Pensiones, Pat McFadden. Los ministros que hablaron a la salida aseguraron que ninguno en la reunión desafió de manera formal a Starmer. “Hemos tenido una reunión del gabinete con mucho contenido para hablar de los grandes asuntos que afronta nuestra economía y nuestra sociedad. No se ha lanzado nada”, dijo Peter Kyle, ministro de Empresas. “Me voy a Bruselas para seguir trabajando con Bruselas para profundizar nuestra relación en beneficio del Reino Unido”. Varios ministros aseguraron que en la reunión ningún ministro pidió a Starmer su renuncia. La ministra Mahmood se fue por la puerta de atrás, y Streeting no se paró con los periodistas delante de Downing Street.
Pero este martes sigue incierto para el futuro del Gobierno británico. Puede haber más renuncias como medida de presión. A primera hora de la mañana, dimitió una secretaria de Estado de Comunidades, Miatta Fahnbulleh, después de varias renuncias de parlamentarios que trabajan como asistentes de ministros. La renuncia de cargos públicos del Gobierno es una forma clásica en la política británica de provocar la caída del líder. La secretaria de Estado dijo que hacía falta más “ritmo” y “ambición” en las medidas para cambiar el país.
El derrumbe del Partido Laborista en las elecciones locales del 7 de mayo llevó a parlamentarios, sindicalistas y otros aliados laboristas a pedir la renuncia de Starmer o el anuncio de una retirada en los próximos meses para que otro líder de su partido intente gobernar el país tocado por el declive y el descontento. Pero la presión contra el primer ministro viene de atrás, al menos desde noviembre.
El discurso
Starmer intentó este lunes convencer a los suyos con un discurso este lunes en el que prometió una vez más centrarse en ayudar a la clase trabajadora, acercarse a la UE y renacionalizar las empresas en sectores clave al borde de la quiebra. Pero las llamadas de miembros de su partido a que se aparte continuaron durante todo el día. Este martes por la mañana, ya habían salido a pedirle en público que se marchara más de 80 diputados. Los primeros habían sido los tradicionalmente más críticos con Starmer, pero a medida que transcurrían las horas se fueron uniendo algunos de los diputados que le habían defendido con más entusiasmo en el pasado y de todo el espectro ideológico.
Había diputados veteranos y otros más novatos, elegidos por primera vez en 2024, cuando Starmer consiguió una abrumadora mayoría para el laborismo en la Cámara de los Comunes. Pidió su renuncia hasta el diputado más joven, Sam Carling elegido por Cambridge con 22 años hace dos. “Se necesita cambio y tristemente he llegado a la conclusión de que Keir Starmer no es la persona adecuada para liderar ese cambio”, dijo Carling, en una declaración con palabras parecidas a las de otros. “Hemos hecho muchos progresos, pero si seguimos como ahora me temo que no durará”.
Pero esos más de 80 diputados no están unidos alrededor de un candidato alternativo a Starmer, como insiste el primer ministro y los ministros que lo defienden.
El caos laborista llega justo en la apertura del nuevo curso legislativo. Este miércoles arranca con el llamado discurso del rey, que lee los planes legislativos del Gobierno para el nuevo curso. Entre las medidas anunciadas ya por Starmer está la legislación para acompasar de manera más automática las reglas en el Reino Unido con las que apruebe la Unión Europea y así facilitar el comercio, tocado para la isla desde el Brexit. El primer ministro insiste en que no es el momento de una crisis interna con tantos retos externos.
Starmer alertó el lunes contra “el caos de cambiar constantemente de líderes” como hicieron los gobiernos conservadores en sus 14 años de gobierno marcado por las crisis: “El Partido Laborista no puede infligir eso en el país otra vez”.