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Reino Unido

El Partido Laborista de Starmer se derrumba en las elecciones locales y crece la extrema derecha

El primer ministro británico, Keir Starmer, habla con la prensa este viernes en la iglesia metodista de Kingsdown, en Londres, después de una reunión con militantes laboristas.

María Ramírez

Oxford (Reino Unido) —

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El primer ministro bitánico, Keir Starmer, se enfrenta de nuevo a la lucha por la supervivencia de su impopular Gobierno. En las elecciones de este jueves, el Partido Laborista que lidera perdió cientos de concejales en toda Inglaterra, según los primeros datos del escrutinio, que apuntan a sus peores resultados en décadas. Su partido también puede perder el control del Parlamento de Gales por primera vez en su historia y sus aspiraciones de gobernar en Escocia

La extrema derecha, los verdes y los liberaldemócratas son los principales beneficiarios del enojo de un electorado cada vez más fragmentado y más descontento con los dos grandes partidos que tradicionalmente gobernaron el país. Los primeros resultados apuntan a que los laboristas perdieron sobre todo concejales a favor de Reform, la extrema derecha de Nigel Farage, y, por la izquierda, votos a favor del Partido Verde: es decir, el voto se divide con el ascenso de los verdes y el partido que más se beneficia es Reform, que está sustituyendo al Partido Conservador en gran parte del país. Según las primeras estimaciones de la BBC con los datos disponibles, el Partido Laborista bajó 16 puntos respecto a las elecciones locales de 2022 y 19 puntos respecto al voto en las elecciones generales de 2024, especialmente en los lugares donde tenía más apoyos y en distritos donde más personas se identifican como musulmanas. Se espera que los laboristas pierdan entre 1.500 y 2.000 concejales, en lo que puede ser el peor resultado en unas elecciones locales para un partido en el Reino Unido en el último siglo.

Los resultados fueron duros, muy duros, y no hay manera de edulcorarlos”, dijo este viernes por la mañana Starmer durante una reunión con concejales y militantes laboristas en una iglesia metodista de Londres. “Asumo la responsabilidad. Cuando los votantes mandan un mensaje como este, debemos reflexionar y debemos responder.

El primer ministro no especificó cómo será esa respuesta y aseguró que tiene “la determinación” de seguir para “cumplir con el cambio” que prometió. Una reportera de Sky News le preguntó después a Starmer si iba a renunciar y el primer ministro replicó: “No, no voy a abandonar y llevar al país al caos. Fuimos elegidos para afrontar con estos retos y eso es lo que haremos”. Starmer también anticipó que en los próximos días dará un discurso con nuevas propuestas para el país y un mensaje de más “esperanza” para los ciudadanos.

Críticas laboristas

Entretanto, se multiplican las críticas y los lamentos en su partido. “Fue una noche verdaderamente devastadora”, dijo Rebecca Long-Bailey, diputada laborista de Manchester y antigua rival de Starmer para el liderazgo del partido en 2020.

El conteo de datos apenas había empezado este viernes por la mañana, pero de madrugada ya había representantes laboristas pidiendo la renuncia de Starmer. John McDonnell, diputado laborista y miembro del ala socialista del grupo, dijo en la BBC que Starmer se debe plantear ya si está dañando al partido: “Es mejor tener ahora esta conversación de cómo salimos de esta.” Jonathan Brash, diputado de Hartlepool, en el norte de Inglaterra, pidió la renuncia de Starmer. La esposa de Brash, hasta ahora líder del ayuntamiento en la misma ciudad, está entre los cientos de concejales laboristas que perdieron su sitio.

Las primeras voces más críticas eran de líderes locales: “No le deseo a Keir Starmer nada malo, pero no es el hombre adecuado para el cargo”, dijo Daren Hale, líder de los laboristas en Hull, en el norte de Inglaterra.

El primer ministro Keir Starmer en la sede del Partido Laborista en Londres llamando a votantes este miércoles.

Starmer y algunos de sus ministros advirtieron del costo de una carrera ahora en el Partido Laborista para sustituirlo. “No cambiás de piloto durante el vuelo. Seguís adelante y reconocés que los gobiernos a veces, sobre todo los que están en el poder, lo tienen difícil”, dijo en la BBC este viernes el viceprimer ministro y ministro de Justicia, David Lammy. Cualquier desafío al primer ministro y líder del partido necesita el apoyo de al menos 81 diputados de los 403 laboristas en la Cámara de los Comunes.

El conteo de los votos de este jueves será durante todo el viernes en la mayoría del país, también para las cruciales elecciones en los parlamentos autónomos de Gales y Escocia.

En las elecciones al Parlamento en Gales, las encuestas apuntan a una victoria del partido nacionalista galés, Plaid Cymru, por primera vez desde la creación de la asamblea autónoma galesa en 1999. El Partido Laborista gobernó desde entonces y llevaba un siglo como líder político en la región. Entretanto, el partido nacionalista escocés, SNP, espera mantener su mayoría en el Parlamento de Escocia, que gobierna desde 2007 y pese a los escándalos de corrupción que habían hecho ascender a los laboristas en esta década. Anas Sarwar, el líder de los laboristas en Escocia, pidió a Starmer en marzo que dimitiera. 

Qué pasa con los laboristas

El Partido Laborista está perdiendo por la derecha, la izquierda y el centro”, explica Luke Tryl, director de la encuestadora More in Common en el Reino Unido. Sus encuestas previas a la votación mostraban que el mismo porcentaje de antiguos votantes laboristas, alrededor de un 11%, se estaban pasando a Reform, el partido de extrema derecha de Nigel Farage, y al Partido Verde, la alternativa más a la izquierda a los laboristas liderada por Zack Polanski. “Se parece mucho a lo que pasó con los votantes tories”, explica, en referencia al hundimiento del Partido Conservador entre 2022 y 2024, y que ha continuado en estas elecciones.

Tryl, que hace entrevistas en grupos de votantes con un debate abierto y público para entender mejor sus motivaciones, explica que lo sorprendió en los últimos meses ver cómo se repite el patrón de las quejas de personas de distintos lugares y con diferentes circunstancias e inclinaciones políticas: “La sensación de que se rompió el contrato social, de que hacer las cosas bien no significa progresar y que otros se están beneficiando”. Lo que suele cambiar es la percepción de quiénes son esos “otros”: según los votantes más inclinados a la izquierda, los otros son los millonarios protegidos por los políticos; según los votantes más a la derecha, los otros son los extranjeros y las personas que no trabajan y subsisten con ayudas públicas. “Hay un sentimiento contra el partido que gobierna”, dice Tryl.

El líder de Reform, Nigel Farage, en su colegio electoral en Walton-on-the-Naze, Inglaterra, este jueves.

Baches, facturas y Gaza

Las preocupaciones más repetidas a la hora de votar en las elecciones locales fueron los impuestos municipales y la cantidad de baches, una plaga en las calles y carreteras del país llenos de agujeros y de parches en lugar del asfaltado uniforme habitual en España y otros países.

Pero la mayoría de los asuntos que marcaron la votación son nacionales. 

El costo de la vida, que sigue en ascenso, en particular en vivienda, energía y comida, perjudicó al partido que gobierna el país. La valoración de la economía está en la peor marca en 48 años, según los datos de Ipsos. El pesimismo aumentó en los últimos meses: cinco de las diez peores marcas de la historia pasaron durante este Gobierno laborista. 

El escándalo por la gestión del nombramiento de Peter Mandelson, el exembajador en Washington que Starmer despidió después de nueve meses en el cargo por su relación con Jeffrey Epstein y que está siendo investigado ahora por la policía por supuestamente haber compartido información confidencial del Gobierno de Gordon Brown hace dos décadas. 

Otro asunto que influyó en las elecciones locales es el conflicto en Oriente Próximo. De un lado, los verdes ganaron votos por la división del Partido Laborista sobre la guerra de Gaza y la relación con Israel. Y, del otro, también avanzó la extrema derecha, que aprovechó las críticas de la comunidad judía al Gobierno de Starmer por no hacer más contra los ataques antisemitas de las últimas semanas en el Reino Unido. 

¿Y ahora qué?

El primer ministro y algunos en su gobierno repiten que no se marchará como líder del partido y del Gobierno y alertan contra el caos de los gobiernos del Partido Conservador. 

Si al menos 80 diputados votan en el Parlamento para derribar a Starmer, sus principales rivales podrían ser el alcalde de Manchester, Andy Burnham, que ahora mismo no se podría presentar porque no es diputado, la ex viceprimera ministra, Angela Rayner, que dimitió por una polémica sobre sus impuestos que aún está sin resolver, y Wes Streeting, el actual ministro de Sanidad. El más popular entre los votantes es Burnham.

La mitad de los británicos creen que Starmer debería renunciar como primer ministro, según los datos de Ipsos publicados a finales de abril. El 67% de los británicos creen que su país está yendo en la dirección equivocada y aseguran que no vieron ningún cambio desde que el Partido Laborista llegó al poder en 2024 tras 14 años de gobiernos conservadores.

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