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Para pelear contra el voto de la derecha

¿Tendrá el Reino Unido una primera ministra laborista? Angela Rayner toma posiciones para suceder a Keir Starmer

Angela Rayner posa para una foto en Manchester, Inglaterra, el 31 de enero.

María Ramírez

Oxford (Reino Unido) —

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El 27 de enero, una página web a medio hacer con el perfil de Angela Rayner y su candidatura para liderar el Partido Laborista se publicó, tal vez por error, y al poco desapareció. The Guardian reveló su existencia este lunes mientras el primer ministro británico, Keir Starmer, intentaba convencer a su partido de que no le empujara a dimitir. 

La ex viceprimera ministra se ha distanciado de esta web y pide al partido que se una ahora en apoyo a Starmer, pero la posición cada vez más frágil del actual líder laborista y las dificultades de otros potenciales rivales en la carrera para sucederle refuerzan la posición de Rayner. Si fuera elegida sería la primera mujer de su partido en llegar a primera ministra del Reino Unido: ha habido tres primeras ministras conservadoras, pero hasta ahora ninguna laborista.

En medio de un escándalo que trata de violencia sexual, Rayner ha mandado el mensaje de que ella percibió el riesgo de Peter Mandelson, cuya relación con Jeffrey Epstein ya le costó en septiembre el puesto de embajador del Reino Unido en Washington. La elección para el puesto del antiguo colaborador de Tony Blair y Gordon Brown ahora ha vuelto a poner en apuros al ya tocado e impopular Starmer. Entre las dimisiones de las últimas horas, está la de su jefe de gabinete, que respaldó el nombramiento de Mandelson.

Según el diario The Times, Rayner ha asegurado que ella aconsejó al primer ministro no nombrar a Mandelson, que, en cambio, tenía una relación amigable con Wes Streeting, el ministro de Sanidad y uno de los posibles candidatos a suceder a Starmer. El otro potencial rival de Rayner en la carrera, el alcalde de Manchester, Andy Burnham, no podría presentarse ahora a una votación por el liderazgo de momento porque no es miembro del Parlamento y el partido, con Starmer a la cabeza, no le ha dejado presentarse a una elección este mes para un escaño vacante.

Un Gobierno en apuros

Después de ganar con una mayoría parlamentaria histórica en julio de 2024 tras 14 años de gobiernos conservadores, Starmer es ahora tan impopular como Rishi Sunak, el último premier de los tories. La mayoría de los adultos en el Reino Unido –incluidos los que se identifican como laboristas– cree que es improbable que Starmer siga siendo el primer ministro a finales de 2026, según una encuesta de YouGov recién publicada. Las elecciones generales no están previstas hasta 2029 y el Partido Laborista tiene más de 400 escaños en un parlamento de 650. Pero los partidos en el Reino Unido tienen el poder para su derribar a su líder y no les tiembla el pulso aunque sea primer ministro.

El escaso cambio en los servicios públicos, el lento crecimiento de una economía lastrada por el Brexit y el ascenso de la extrema derecha de Nigel Farage dejan a Starmer en una posición vulnerable después de cada titubeo o decisión equivocada, como el nombramiento de Mandelson.

El primer ministro Keir Starmer durante una visita este martes a un centro comunitario en Hertfordshire, Inglaterra.

“Starmer está ya tan dañado que cualquier escándalo lo puede rematar”, escribe Sam Freedman, especialista en políticas públicas y autor del libro Failed State, sobre las dificultades del Reino Unido y su burocracia. “Cuando a un primer ministro le queda tan poca autoridad sobre su propio partido, y tiene tan pocos defensores apasionados, sólo es cuestión de tiempo”. Una de las alternativas carismáticas es Rayner, si bien la viceprimera ministra todavía está tocada por el motivo que la empujó a dejar el Gobierno.

En septiembre del año pasado, Rayner dimitió como viceprimera ministra después de la revelación de que pagó una tasa inferior de la habitual del impuesto de transmisiones en la compra de una casa unos meses antes. La compra era parte de una situación familiar que ella describió como “complicada” por su divorcio y por la existencia de un fondo a nombre de su hijo adolescente, tutelado y con discapacidad. Rayner dijo que siguió por error asesoramiento fiscal insuficiente sobre su caso, y Hacienda todavía está estudiando si cometió una infracción y de qué tipo. 

Aun así, Rayner era y ha seguido siendo una figura popular en el partido, con más don de gentes que Starmer y una historia personal que cuenta con naturalidad para conectar con los votantes. Starmer proviene de una familia de clase trabajadora, pero no suele contar su historia, y su carrera como abogado y fiscal le ha dado una apariencia de clase alta que no tenía su familia. 

Rayner creció en viviendas de protección oficial en una ciudad cerca de Manchester, fue madre a los 16 años y dejó la escuela para cuidar de su hijo y de su madre. Logró retomar después los estudios y avanzó en su carrera trabajando en servicios sociales. Entró en política a través del activismo sindical y ascendió en el Partido Laborista primero con Jeremy Corbyn y luego con Starmer. Se considera más a la izquierda de Starmer, particularmente en políticas sociales y fiscales, y su cartera durante su año en el gobierno estaba centrada en la vivienda y el desequilibrio regional. 

Rayner es también una de las obsesiones de la prensa conservadora. La única biografía que existe sobre ella, obra de un exvicesecretario y tesorero del Partido Conservador, la apoda “la reina roja”. El Daily Mail la consideraba uno de los factores por los que el tabloide equiparaba al Gobierno de Starmer con el régimen de Corea del Norte

Ojo al salón de té

Si bien este martes apoyó a Starmer y pidió unidad, Rayner ha dicho en entrevistas que quiere volver a la primera línea de la política y ha dejado la puerta abierta a presentarse a líder del partido. También ha anunciado que publicará sus memorias en la segunda mitad de este año con la editorial Random House

Ahora hace campaña y da discursos para su partido por todo el país. Su intervención hace unos días en la Cámara de los Comunes pidiendo la publicación de los documentos relativos al nombramiento de Mandelson dejó claro que sigue siendo una voz importante en el partido. Starmer le hizo caso en su propuesta de sacar los documentos después de una revisión de parlamentarios de la comisión de inteligencia para evitar que se incluya información confidencial que pueda dañar las relaciones diplomáticas del Reino Unido. 

“Angela claramente está disfrutando de las maniobras”, dijo un alto cargo laborista al Financial Times después de su intervención en el Parlamento. “Se ha instalado en el salón de té, lo que sugiere que cree que éste podría ser su momento”.

El salón de té de la Cámara de los Comunes es el escenario habitual para las maniobras políticas dentro de los partidos en el Reino Unido, caracterizados por la agitación interna y los intentos de derribar al líder. 

En el caso del Partido Laborista, la destitución del primer ministro es algo más complicada que en el Partido Conservador porque los rebeldes necesitan de inmediato un reemplazo. Rayner o cualquier otro candidato a sustituir a Starmer necesitaría el apoyo de al menos 80 diputados, un 20% del grupo parlamentario. Y, de momento, las palabras del primer ministro este lunes a los diputados en una reunión de urgencia parecen haber tranquilizado a un número suficiente de parlamentarios para evitar un motín inmediato.

Una primavera difícil

Pero, más allá de otros acontecimientos, el primer ministro tiene dos citas electorales difíciles. Unas elecciones extraordinarias para un escaño que ha quedado vacante en Gorton y Denton, un distrito electoral cerca de Manchester, el 26 de febrero, por la dimisión de un parlamentario que, entre otras cosas, compartió comentarios sexistas sobre Rayner. La principal amenaza para Starmer son, en cualquier caso, las elecciones locales y regionales en Inglaterra, Gales y Escocia el 7 de mayo. Las municipales de mayo, en particular, pueden producir unos resultados catastróficos que empujen al primer ministro a dimitir. 

El peligro para otros laboristas ha quedado claro con la petición a Starmer del líder del partido de Escocia de que dimita ya para no perjudicar sus posibilidades en esas elecciones. La líder de Gales, también laborista, apoyó a primer ministro este martes, pero dijo que tiene que “cumplir” con su región. 

El problema, en todo caso, será quién puede darle la vuelta a un país donde se agudiza el descontento sobre la inmigración, los servicios públicos y el parón de la economía para la mayoría del país fuera de Londres. 

Tim Bale, politólogo de la Universidad Queen Mary de Londres, apuntaba a que la prioridad de Rayner o de Streeting debería ser pensar en qué hacer si llegan al puesto de premier para que no les pase como a los tories, que tuvieron tres primeros ministros en dos meses en 2022.

Starmer insistió este martes en que resistirá en el puesto, y en que no quiere peleas dentro del partido. “No abandonaré el mandato que se me ha dado para cambiar este país”, dijo durante un evento en un centro comunitario de Hertfordshire. “La verdadera batalla no está dentro del Partido Laborista. Es frente a las políticas de derecha que nos desafían, la política de Reform, la política de dividir, dividir, dividir, resentimiento, resentimiento, resentimiento. Van a destrozar nuestro país... Estaré en esa batalla mientras me quede aliento”.

Reform, el partido de extrema derecha de Farage, es ahora el favorito en las encuestas sobre intención de voto, casi 10 puntos por delante de los laboristas.

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