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OPINIÓN

Después de la firma: el Mercosur frente a su prueba más exigente

La firma del tratado entre el Mercosur y la Unión Europea el pasado 17 de enero.

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El sábado 17 de enero de 2026, en Asunción, el Mercosur firmó uno de los acuerdos más ambiciosos de su historia con la Unión Europea. Pero la semana siguiente mostró que la firma no es sinónimo de cierre: el Parlamento Europeo decidió enviar el acuerdo al Tribunal de Justicia de la UE, reflejando las resistencias políticas que aún persisten en Europa. Paradójicamente, mientras el debate institucional continúa, fuentes diplomáticas europeas sostienen que el pilar comercial podría comenzar a aplicarse de manera provisional en los próximos meses. 

Este doble movimiento –incertidumbre política y posible implementación temprana– plantea un desafío inédito para el Mercosur: prepararse para un acuerdo que todavía no está plenamente ratificado, pero que podría comenzar a operar antes de lo previsto. Mientras tanto, en el bloque sudamericano está avanzando: Brasil y Paraguay ya enviaron el documento para su ratificación a los respectivos Congresos, y Argentina lo incluyó en el temario de sesiones extraordinarias.

En este marco, es fundamental entender en profundidad cuáles son los principales desafíos de cara a su implementación, teniendo en cuenta que no es solo un acuerdo de aranceles. Se incluye compromisos en comercio de servicios, propiedad intelectual, obstáculos técnicos, compras públicas, regulaciones ambientales y laborales, ente otros. A diferencia de Chile, los países andinos y centroamericanos, esta es la primera experiencia del Mercosur firmando este tipo de acuerdos, denominados profundos. No existe una musculatura previa, una gimnasia comercial e institucional a la hora de pensar en su implementación y su aprovechamiento. Por estas razones, aparecen importantes desafíos en el horizonte que deben comenzar a ser trabajados inmediatamente por los gobiernos nacionales y los órganos del Mercosur. 

En primer lugar, es deseable que exista un acuerdo político/técnico acerca del criterio de distribución de las cuotas sobre los principales productos agropecuarios que otorgó la UE, las cuales representan, dado el patrón de especialización productivo, uno de los puntos centrales de accesos a mercado para el bloque. El potencial de exportación del Mercosur bajo todos contingentes arancelarios en el primer año de implementación (TRQ Año 0) es de entre US$ 400 y US$ 500 millones, un negocio que necesita ser definido con urgencia. La distribución de cuotas puede adoptar diferentes criterios como el historial exportador de cada país, o la capacidad productiva y sanitaria, entre otros. El único consenso por ahora es ir a un mecanismo de asignación (contingente total se subdivide en partes específicas para cada país) con un mecanismo de “pool” para la redistribución de cupos no utilizados, y no por orden de llegada first-come, first-served.  

Por su parte, contar con un mapa claro de oportunidades comerciales resulta vital para la inteligencia comercial Se necesitará un mayor trabajo público-privado de los gobiernos nacionales/subnacionales junto a las cámaras empresariales de cada país, dado el potencial del aprovechamiento para las economías regionales. En la etapa previa a la entrada en vigor es indispensable que el sector privado interpelado por el Acuerdo (con asistencia de las Cancillerías/Embajadas) conozca e identifique los costos de entrada relacionados con normas fitosanitarias y ambientales, reglamentos técnicos (OTC) y exigencias de estándares privados (muy elevadas en la UE) para ciertos productos que pueden lograr competitividad con la baja arancelaria conseguida. 

Por último, si bien los estudios de impactos señalan que en términos agregados el Acuerdo con la UE traerá una mayor creación de comercio, el desvío comercial intra-regional será significativo, en especial en el sector industrial. Las actuales preferencias que gozan las exportaciones argentinas en Brasil (bienes finales e insumos) se verán erosionadas ante la competencia europea a medida que se vaya cumpliendo el cronograma de desgravación. Dada la centralidad del mercado brasileño para la industria argentina, este punto resulta sensible para el país. La elaboración de políticas sectoriales que puedan morigerar y atemperar los efectos adversos, deberán estar en el menú de acciones un conjunto de herramientas como por ejemplo la utilización del mecanismo de salvaguardias, fondos para reconversión industrial o asistencia técnica, entre otros.

En definitiva, la firma del Acuerdo con la UE no marca el final del camino, sino el comienzo de una etapa mucho más exigente para el Mercosur. La verdadera prueba no estará en la foto de la firma, sino en la capacidad del bloque y de sus Estados miembros para coordinar políticas, fortalecer sus instituciones y acompañar activamente a los sectores productivos en el proceso de adaptación.

Un acuerdo de integración profunda no se “aprovecha” por inercia: requiere inteligencia comercial, capacidades regulatorias, diálogo público-privado y una estrategia de desarrollo que permita transformar compromisos internacionales en oportunidades concretas. Si el Mercosur logra utilizar la ventana que se abre entre la firma y la entrada en vigor para ordenar su agenda interna, el Acuerdo puede convertirse en una palanca de modernización productiva e institucional. Si, por el contrario, prevalece la fragmentación y la inacción, el riesgo es que los costos se materialicen antes que los beneficios. El día después de la firma, el desafío central no es celebrar el acuerdo, sino gobernarlo.

* Ana Basco es directora de Insight LAC y Esteban Actis es asociado de Insight LAC

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