El partido de Putin arrasa en unas elecciones legislativas con el resultado escrito
Vladímir Putin ya consiguió el aval popular que tanto deseaba a su guerra y que nadie ponía en duda que obtendría. Su partido, Rusia Unida, recibió un 57% de los votos en las elecciones legislativas, según los primeros resultados preliminares. Un dato superior al de hace cinco años, cuando rozó el 50% de los sufragios, y que le permitirá incluso ampliar su mayoría constitucional, pero que no se corresponde con el malestar expresado por la población en los últimos meses.
Esta discrepancia puede explicarse por las numerosas denuncias de irregularidades por parte de los apoderados de la oposición durante las tres jornadas de votación. Los observadores se quejan de que los miembros de las comisiones electorales indujeron a los ciudadanos a optar por el opaco voto telemático, de que no evitaron que los trabajadores públicos acudieran teledirigidos a los colegios en masa y de que los organizadores no hicieron más que poner trabas a su labor.
La participación récord, del 57%, impulsada por la ampliación del voto electrónico, superaron en cinco puntos la de 2021. Esta alta afluencia podrá utilizarse como una demostración de unidad y de apoyo a la invasión y al ejército. De hecho, este fue el argumento que repitió el presidente ruso durante la campaña y que ahora le servirá para justificar cualquier decisión de escalar los ataques sobre Ucrania o de incrementar el ritmo de reclutamiento. Sin ir más lejos, el candidato de Rusia Unida, el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, cree que los resultados “confirman el rumbo” de Putin tanto en lo que respecta a la política interior como a la exterior.
El escrutinio sitúa en segunda posición al Partido Comunista con un 14% de los votos, por debajo del 19% de hace cinco años. En tercer lugar, la extrema derecha antiinmigración del Partido Liberal Demócrata obtiene un 9% de los sufragios (hasta ahora tenía un 8%), por delante de los liberales de Gente Nueva, con un 8% (tres puntos más que en 2021), y de los socialdemócratas de Rusia Justa, que pierden un punto respecto de las pasadas elecciones y entran por los pelos en el Parlamento con un 5%.
Aunque ninguno de los grupos con representación en la Duma es contrario a la guerra, algunas formaciones como el Partido Comunista esperan sacar rédito de la caída de los índices de apoyo al oficialismo, a raíz de los ataques de drones ucranianos, la crisis del combustible, la inflación y las restricciones de internet. De hecho, Kiev aprovechó el arranque de la jornada electoral del domingo para lanzar el bombardeo más masivo contra Moscú desde el inicio del conflicto, con más de 450 drones y, por primera vez, con varios misiles Flamingo, de producción ucraniana. El ataque mató a tres personas, hirió a una veintena más y volvió a incendiar la refinería de Kapotnia, que suministra el 40% del combustible de la capital, anticipando nuevos problemas de abastecimiento de carburante.
Denuncias de juego sucio
La oposición se queja de que, una vez más, las autoridades hayan recurrido al juego sucio para manipular los resultados a favor del partido gobernante. Al conocerse los primeros sondeos, el líder del Partido Comunista, Guennadi Ziugánov, calificó de “absolutamente inadmisibles” las prácticas “de los convulsos años 90” que se vieron durante los comicios. Interventores de este partido y del partido pacifista Yábloko adviertieron a elDiario.es que, ya desde primera hora del viernes, el personal de los colegios estuvo persuadiendo a los votantes, sobre todo a las personas mayores, para que escogieran el voto electrónico por delante de la papeleta de toda la vida. Algunas personas se dejaban convencer por los organizadores, mientras que otras se resistían ante la posibilidad de que se falsificara su voto.
La mayoría de los votantes críticos con el régimen que decidieron participar en las elecciones lo hicieron este domingo, presencialmente y papeleta en mano, tal como habían recomendado los líderes opositores. Si durante las dos primeras jornadas fue el voto electrónico el que falló puntualmente debido a los ciberataques, casualmente, el que presentaron problemas el último día fue el sistema de registro del voto manual. Los encargados de los colegios invitaron a los electores a saltarse la cola y utilizar los terminales digitales, pero pocos quisieron renunciar al voto físico.
Estas fueron las únicas colas que se observaron a las puertas de los puntos de votación, a pesar de que, desde el exilio, algunos políticos habían animado a los ciudadanos a concentrarse en las escuelas a las 12 del mediodía, dispuestos a ejercer su derecho y a escenificar legalmente el rechazo a Putin. A pesar del fracaso de la convocatoria, la fuerte presencia policial y las exageradas medidas de seguridad indicaban el temor del Kremlin a cualquier tipo de protesta.
Apoderados pacifistas aseguran a este periódico que también fueron testigos de la llamada movilización corporativa, ante la pasividad de los miembros de la comisión electoral. Relatan cómo grupos de funcionarios se presentaron en su centro con el encargo de votar a un partido determinado y la obligación de mostrar una prueba fotográfica a sus superiores. Afirman que lo notificaron a los organizadores, pero que estos hicieron caso omiso.
El desprecio a los observadores de la oposición fue una constante a lo largo del proceso electoral, según denuncian ellos mismos. Cientos vieron cómo les vetaban el acceso a los puntos de votación, se registraron casos de apoderados que misteriosamente recibieron citaciones de la oficina de reclutamiento militar y, en regiones como Chuvasia o Ufá, hubo intentos de ofrecerles alcohol o sobornarlos para poder expulsarlos. Otros incluso fueron víctimas de arrestos injustificados.
Muchos de ellos volvieron a casa con la sensación de impotencia de haber puesto en riesgo su seguridad para fiscalizar las elecciones a cambio de nada. Una carrera a contracorriente que ya sabían perdida de antemano y que no servirá para evitar la victoria incontestable del partido de Vladímir Putin.
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