PERFIL

Stephen Miller, el asesor de Trump obsesionado con los migrantes y altavoz del imperialismo más crudo

Juan Gabriel García

Nueva York —

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De azote contra los migrantes a altavoz del imperialismo más crudo del Gobierno de Donald Trump. El jefe de gabinete adjunto de la Casa Blanca, Stephen Miller, apuntaba a Groenlandia sin tapujos con una demoledora frase que sigue resonando en Europa: “Somos una superpotencia y nos comportaremos como una superpotencia”. Aunque parezca una más de las muchas salidas de tono por parte de asesores de segunda línea del Gobierno estadounidense, cuando Miller habla, hay que escucharle. 

Este hombre de 40 años se ha convertido en el asesor de máxima confianza del presidente a base de ser un buen soldado: Trump ordena y él ejecuta con una precisión mecánica, aunque no esté de acuerdo con el mandatario. Y la discrepancia no viene porque al subalterno le parezcan demasiado extremas las ideas del presidente, sino al contrario. El mismo Trump ha llegado a señalar que el dogmatismo de su asesor le ha parecido demasiado radical en algunas ocasiones. “Me encantaría que [Miller] viniera aquí y explicara sus verdaderos sentimientos, o quizá no los más verdaderos”, bromeaba en octubre el presidente en una reunión informativa en el Despacho Oval.

Trump considera que las ideas de Miller pueden ser demasiado duras para el público externo. Pero eso no ha impedido que se haya convertido en una de las principales referencias del presidente, que le consulta casi todas sus decisiones políticas.

Esta cosmovisión geopolítica tan hobbesiana se enfoca en la que siempre ha sido la gran obsesión de Miller: la inmigración. La dureza y supremacía desde donde observa el resto del mundo es la misma con la que contempla a las personas extranjeras

Las declaraciones del lunes en la CNN, aunque para muchos resultaran impactantes, no eran un intento del jefe de gabinete adjunto por escalar posiciones —no le hace falta— ni ganar atención. Lo decía porque lo cree de verdad, del mismo modo que retrató a la oposición política como las “fuerzas del mal” después del asesinato de Charlie Kirk; que defendió suspender el derecho de habeas corpus para los inmigrantes; y que cree realmente en la llegada de un orden internacional gobernado por la “fuerza”. 

Esta cosmovisión geopolítica tan hobbesiana se enfoca en la que siempre ha sido la gran obsesión de Miller: la inmigración. La dureza y supremacía desde donde observa el resto del mundo es la misma con la que contempla a las personas extranjeras. Tengan papeles o no. Miller es el gran ideólogo de la campaña de deportaciones masivas de Trump y es el ojo que cada día escruta todas las acciones y planes relacionados con dicha empresa. Esto lo puede hacer porque además de su cargo en el gabinete, también es el director del Consejo de Seguridad Nacional.

Este grupo de trabajo entre agencias, vestigio de la guerra contra el terror de la administración de George W. Bush, es el auténtico vértice de poder que le permite a Miller supervisar toda la sopa de letras que conforman el FBI, ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas), el CBP (Patrulla Fronteriza) y otras similares. Con intransigencia y sequedad, Miller maneja el látigo para que la maquinaria de la campaña de deportaciones funcione a toda marcha. Como uno de los arquitectos del Project 2025, el plan ultraconservador del think tank Heritage Foundation, Miller se está asegurando de que se cumpla con la hoja de ruta marcada.

Fueron estas mismas presiones las que incentivaron las macrorredadas de ICE en Los Ángeles, caracterizadas por la arbitrariedad y la brutalidad, que después desencadenaron las protestas en la ciudad. Miller presionó al cuerpo porque consideraba que el número de deportaciones estaba siendo demasiado bajo para llegar a un millón al año. En mayo, justo antes del desembarco en la ciudad californiana, exigió al ICE un ritmo de 3.000 arrestos de inmigrantes al día. Esta presión por acelerar el proceso también pudo ser el motivo detrás de la macrorredada en la fábrica de Hyundai de Georgia de septiembre.

Miller también está detrás de la campaña de reclutamiento para ampliar la agencia migratoria, que inicialmente contaba con unos 10.000 efectivos. Quiso duplicarlos llamando a defender la nación de una “invasión”. A principios de enero, el Departamento de Seguridad Nacional anunció con satisfacción que había incorporado 12.000.

Las simpatías de Miller por el supremacismo blanco son más que conocidas, como cuando envió unos correos electrónicos al portal web conservador 'Breitbart News' para que difundiera ideas de una novela de los años 70 popular entre nacionalistas blancos y neonazis

Sobre el reciente tiroteó mortal a una mujer filmado en directo durante una redada de ICE, Miller ha sido el más vociferante. No solo niega el sentido propio de las imágenes, sino que las atribuye a una conspiración con tintes de guerra civil: “El Partido Demócrata está decidido a incitar una insurrección violenta para mantener a millones de intrusos criminales extranjeros en nuestro territorio”.

Miller fue el ideólogo de las políticas de separación de familias durante el primer mandato de Trump. Aunque no es un experto en derecho, también fue quien durante la COVID-19 reinterpretó de forma imaginativa una disposición de emergencia de 1944 para cerrar la frontera y expulsar en caliente a los migrantes que entraran desde México. Entonces era solo asesor del presidente y, por tanto, no tenía tanto poder como ahora. Pero aun así dio cobertura a la mano dura del magnate contra las personas migrantes.

La fijación con los inmigrantes no es casual: las simpatías de Miller por el supremacismo blanco son más que conocidas. En 2019, el Southern Poverty Law Center informó de la filtración de unos correos electrónicos que Miller había enviado al portal web conservador Breitbart News, en los que los presionaba para que difundieran ideas del libro The Camp of the Saints, una novela de los años 70 popular entre nacionalistas blancos y neonazis.

Miller trata de frenar incluso la llegada de inmigrantes legales, especialmente si estos no encajan con su ideal de la sociedad americana. De este modo, ha presionado para poner trabas a los programas de inmigración legal, como el DACA, creado por Obama en 2012 para dar protección a los menores que entraron en Estados Unidos sin papeles. Las siglas, que significan Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, también se utilizan para describir a este grupo poblacional. Trump solía hablar bien de los DACA, pero recientemente su tono ha cambiado.