Geopolítica

Tierras raras y ¿bases para la inteligencia artificial? Por qué Silicon Valley está tan interesado en Groenlandia como Trump

Carlos del Castillo

0

Donald Trump aseguró que EEUU necesita el territorio de Groenlandia por una cuestión de seguridad nacional. La isla helada posee una ubicación estratégica, justo en la ruta más corta para los misiles balísticos intercontinentales entre su país y Rusia. Tiene una importante base militar clave para la interceptación de radar, ya que debido a la curvatura de la Tierra, los satélites tienen problemas para analizar esas latitudes. Además, el deshielo del Ártico convirtió Groenlandia en una zona de tránsito clave para nuevas rutas marítimas militares.

No obstante, a todos esos motivos hay que sumar uno más. La isla tiene un gran interés comercial para la industria que se ha convertido en el corazón del poder económico de EEUU: el sector digital. Aunque es menos visible que la industria petrolera o armamentística, Silicon Valley es el pilar en el que la primera potencia mundial sostiene su poder, con un peso estructural para la defensa, las finanzas, la energía, la agricultura, la logística o, ahora, la inteligencia artificial.

Ningún otro sector había acumulado tanto poder financiero en toda la historia de EEUU, con solo siete empresas (Apple, Microsoft, Google, Amazon, Nvidia, Meta y Tesla, conocidas como Las Siete Magníficas) sumando más de un tercio de toda la capitalización de S&P 500, el principal índice bursátil del país.

Es un poder que se ha construido sobre recursos en los que Groenlandia es clave. Entre ellos se encuentran los 17 minerales conocidos como tierras raras, que alimentan desde los teléfonos móviles más baratos hasta los satélites y los chips de IA más avanzados. Pero los recursos de la isla van más allá. Según un estudio elaborado en 2023 por el Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia, 25 de los 34 minerales considerados críticos para semiconductores, defensa y electrónica avanzada están presentes en la isla.

Impedir que China tenga capacidad de veto sobre la IA estadounidense

Las tierras raras, al contrario de su denominación, no son especialmente raras en la corteza terrestre. El problema es que no son fáciles de extraer y el proceso para ello puede ser muy tóxico. En los años 80 y 90, EEUU y Europa renunciaron a esta actividad por su coste medioambiental, dejando vía libre a que un nuevo actor ocupara su espacio. Fue China quien, consciente de su potencial geoestratégico, relajó su normativa y subvencionó a sus empresas mineras hasta que se convirtieron en líderes de mercado.

Aproximadamente un 60% de las tierras raras se extraen en el gigante asiático, que también domina las tecnologías de refinado de estos materiales. Pekín tiene capacidad de obstaculizar los avances tecnológicos de EEUU si cierra el grifo de tierras raras, algo que estuvo a punto de hacer durante la escalada de la guerra comercial.

El primer aviso llegó el 4 de abril de 2025, tras el “Día de la Liberación” de Trump, en el que presentó su polémica política arancelaria. La respuesta china fue introducir “controles de exportación para siete tierras raras pesadas (con requisitos de licencia), así como para todos los compuestos, metales e imanes relacionados”, explica el Servicio de Investigación del Parlamento Europeo. “Los exportadores deben obtener una licencia y proporcionar información sobre los usuarios finales de las tierras raras”, pero “muchos exportadores consideran que el proceso de licencias es opaco, selectivo y lento a propósito”.

La segunda advertencia, el pasado 9 de octubre, fue más severa. “China amplió el alcance más allá de los bienes físicos, buscando controlar los conocimientos tecnológicos e incluso los productos fabricados en el extranjero con insumos chinos. Las empresas extranjeras necesitarían obtener aprobación para exportar imanes que contuvieran incluso trazas (0,1%) de tierras raras de origen chino o aquellos que se hubieran producido utilizando tecnologías chinas de minería, procesamiento o fabricación de imanes”, continúa el servicio de la Eurocámara.

Esa segunda ola quedó en suspenso ante la reanudación de las negociaciones comerciales con Washington, pero habría supuesto un yugo para todo el sector tecnológico mundial y especialmente para Silicon Valley.

Aquí es donde encaja la pieza de Groenlandia. “Estados Unidos ya busca fortalecer las cadenas de suministro para reducir su dependencia de China. Reducir esta dependencia se vuelve cada vez más crucial en la era de la IA”, avanzó PitchBook, una firma especializada en análisis de mercados privados, capital riesgo y grandes tendencias tecnológicas.

“La infraestructura informática a gran escala que sustenta la IA se basa en elementos como el neodimio y el disprosio para su refrigeración, aislamiento y durabilidad”, desglosó esta consultora: “Un acceso reducido implicaría mayores costos, una implementación más lenta y una infraestructura menos eficiente, lo que debilitaría la competitividad de las empresas estadounidenses de IA en las que los inversores han invertido cientos de miles de millones de dólares”.

El preciado frío para los centros de datos

Las temperaturas de Groenlandia también son atractivas para Silicon Valley por otros motivos. Los chips especializados en inteligencia artificial son propensos a sobrecalentarse por el gran esfuerzo computacional que requiere esta tecnología. Este factor es el causante de la elevada factura energética que requiere entrenar estos algoritmos: aproximadamente un 60% del gasto operativo de los centros de datos hiperescalares es la energía, de la que buena parte se emplea en refrigeración.

El clima subártico de la isla bajo jurisdicción danesa reduce de manera muy significativa ese gasto recurrente. Esto la convierte en un lugar especialmente interesante para concentrar “granjas de entrenamiento” de inteligencia artificial, el proceso más intensivo en energía de todos los que tienen que ver con estos algoritmos.

Al igual que los recursos mineros, las fuentes de energía groenlandesas también están prácticamente sin explotar. El territorio cuenta abundantes recursos hidroeléctricos sin explotar, potencial eólico y costas con condiciones que podrían permitir proyectos experimentales de energía mareomotriz, una tecnología aún incipiente cuyo despliegue comercial sigue siendo reducido.

El acceso a fuentes de energía directa sigue siendo uno de los principales quebraderos para las grandes tecnológicas, que incluso están reviviendo antiguas centrales nucleares para asegurarse el suministro. Una factura energética reducida debido al frío y una red eléctrica descongestionada son puntos que podrían hacer que la isla danesa fuera atractiva como polo de centros de datos.

Pero, sobre todo, Groenlandia cuenta con un enorme espacio vacío donde construir este tipo de instalaciones, que generan una repulsa cada vez mayor en EEUU. Los centros de datos, que generan poco empleo y levantan dudas sobre su impacto en la factura eléctrica, disponibilidad de agua e incluso impacto sobre la salud, revivieron el antiguo movimiento Not In My Backyard (no en mi patio trasero) de manera similar a como lo hicieron las centrales nucleares o las grandes factorías en el siglo pasado.

La organización Data Center Watch estima que al menos 64.000 millones de dólares en proyectos de centros de datos en EEUU han sido bloqueados o retrasados desde 2023 por la oposición de las comunidades locales. Solo en 2025 se cancelaron unos 25 centros de datos por la presión ciudadana.

Es una presión que también están ejerciendo los representantes de los groenlandeses, que reiteran que no desean que su isla sea adquirida o traspasada a EEUU. La duda es si un Donald Trump envalentonado desde la captura de Maduro unirá sus intereses geopolíticos con los de Silicon Valley, la principal industria del país, para forzarles a aceptarlo. Groenlandia es sobre el papel la solución más rápida para los problemas de dependencia de China y de disponibilidad energética para la IA. El tipo de solución que más seduce al presidente estadounidense.