Una idea básica del psicoanálisis
Una de las nociones básicas del psicoanálisis que aún menos se comprende es la de transferencia. Ya sea porque se la vuelve equivalente a la noción de vínculo, o bien porque se tiende a ver todo lo que ocurre en un tratamiento como parte de una re-vivencia infantil.
En principio, es fundamental situar qué no es la transferencia. No es una idealización, no es cualquier pasión que surja en el marco de un tratamiento, como tampoco es una actitud dependiente que anule la capacidad crítica. Estas versiones de la transferencia son vulgares y no ameritan discusión, aunque sean muy frecuentes incluso entre principiantes.
¿Qué es la transferencia? Es un desplazamiento. Esta es una idea freudiana (desde La interpretación de los sueños), a la que Sigmund Freud nunca le corrigió ni una coma. Ahora bien, es preciso pensar qué se transfiere y cómo. Pensemos un ejemplo, la situación de alguien que tuvo un conflicto en el trabajo y, al llegar a su casa, discute con su pareja. Podría decirse que desplazó el conflicto de una escena a otra.
Complejicemos el ejemplo y pensemos que alguien puede ser que pelee con su pareja para no asumir el conflicto que tuvo en el trabajo. En este punto, el desplazamiento ya no se piensa en términos de causa y efecto, sino como una actualización. De la misma manera, la transferencia no es una repetición del pasado sino un modo dinámico de constituir un conflicto actual.
Por otro lado, cabe destacar que el desplazamiento se realiza en un vínculo que asume un carácter privilegiado para recoger conflictos no resueltos. Esto es lo propio de la transferencia, ser un canal de recepción y distribución de la conflictividad neurótica. Por eso el analista debe incidir en la transferencia de un modo en que la respuesta no reproduzca el problema de origen.
Volvamos al ejemplo y pensemos cuán corriente es que una persona se la pase peleando con su pareja mientras en el trabajo tiene una actitud sumisa ante un jefe al que odia. A veces las parejas lo dicen abiertamente: “Es que está en uno de esos días” y así explican que tengan que tolerar el desplazamiento en cuestión, de la misma manera en que si se les ocurriera hacer una observación sobre aquel no recibirían ningún eco –o quizá se les hablaría con rechazo.
Por eso en psicoanálisis suele decirse que la transferencia no se interpreta, sino que se analiza. Esto es lo que hace un analista, que funciona como relevo de esa aptitud transferencial particular de la neurosis. Hagamos una aclaración: algo semejante podría aplicarse para las psicosis, pero sería otro tema y requeriría otras consideraciones. Lo dejamos para otro momento.
Con lo que no podemos estar de acuerdo es con la idea imaginaria de la transferencia como una re-vivencia de lo que alguien vivió con su papá, o su mamá, como si fuera un niño; básicamente porque esto infantiliza a los pacientes. Y sabemos que la idea que un analista se haga de la transferencia condiciona el modo en que concibe el tratamiento.
La transferencia es algo más interesante y serio. Podríamos agregar un aspecto más, para no extendernos demasiado. De acuerdo con el ejemplo que mencionamos, podríamos pensar en la transferencia con un Otro materno. Cuando el Otro adquiere una condición paterna, no se trata tanto de la constitución de un conflicto sino de un síntoma concreto.
Pongamos un ejemplo de esto último, a partir del caso de alguien que comienza a tener diarreas durante el tratamiento; semejantes a aquellos que tenía cada vez que le tocaba ir a rendir un final. La pregunta clínica, en este contexto, sería con qué final lo confronta el análisis en ese momento.
Siempre es bueno que el análisis confronte con un final. Es bueno para llamar al síntoma. Es bueno para que el análisis no se vuelva un sucedáneo del vientre materno, un espacio cerrado en el que se trata de estar seguro y a salvo de la realidad y sus exigencias.
LL/MF
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