El 11-J Opinión

Un año del estallido social que aún hace temblar a Cuba

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“Levantarse, volver a la calle/ Cumplí mi tiempo, me arriesgué/ Recorrí la distancia, ahora estoy de vuelta en mis pies”. Así comienza “Eye of tiger”, una canción del grupo de hard rock norteamericano Survivor que el Gobierno cubano utilizó para anunciar la entrada del presidente Miguel Díaz Canel en Tiktok. Se lo ve caminar al compás de las guitarras distorsionadas, como si fuera una muestra de su autoridad. La elección de semejante banda sonora para un régimen que no cesa de hablar en clave esencialista del colonialismo cultural es una de las perlas del desatino político: se cumple un año del estallido social que hizo cimbrar a la isla. Desatino por partida doble: no solo se trata de una “música imperial”. A la vez, su letra, en inglés, claro, llama a “volver a la calle”, nada más y nada menos aquello que se ha vedado por completo.

“No pierdas el control de los sueños del pasado/ Debes luchar sólo para mantenerlos vivos”, se canta también en “Eye de tiger”. El mundo la conoció en 1982 como parte de Rocky III. Ahora el que llama a la pelea a través de ese melos “combativo” es Díaz-Canel. Y a tono con esa curiosa apropiación en TikTok, el Gobierno cubano reforzó este lunes el control territorial y de internet en toda una isla donde se agudizaron de manera dramática las condiciones que dieron lugar a la protesta. El desabastecimiento, la inflación y los prolongados apagones eléctricos en plena canícula caribeña son el caldo de cultivo latente del malestar que explotó en las ciudades más importantes del país, para sorpresa del Partido Comunista (PCC) que, primero trató de “comprender” las razones de la furia para, de un plumazo, atribuirlas a la conspiración del vecino y sus aliados. 

“Lo que realmente nosotros vamos a festejar como un primer aniversario el 11 de julio, es que el pueblo cubano y la Revolución cubana desmontaron un golpe vandálico”, dijo el tiktoquero Miguel Díaz Canel. “Un levantamiento popular no es de manera alguna un golpe de Estado”, le respondió Julio Antonio Fernández Estrada, un intelectual de izquierdas, marxista para mayor precisión, que tuvo que partir al exilio meses atrás después de un hostigamiento intolerable. “Los pueblos no dan golpes de Estado, los pueblos no realizan actos ilegítimos porque los pueblos son los soberanos o deberían serlo. Cuando un pueblo derroca una monarquía despótica que impide el ejercicio de derechos porque no permite la existencia de una ciudadanía, no se considera un golpe de Estado contra un reino instituido por la gracia de Dios, sino una revolución que derroca a un príncipe que era un tirano. Los tiranos deben ser derrocados por el pueblo, porque no han sabido, en cualquier caso, ni siquiera ser soberanos justos”.

Dijo al respecto Ailynn López Santana, otra intelectual de izquierda: “El mínimo digno, y sensato, sería que el gobierno publicara una prolija rendición de cuentas de lo hecho, y no hecho, por las demandas de justicia social y libertad que hizo el pueblo manifestante. Que explicara por qué la mayoría de la gente está peor y no mejor, y hasta dónde han llegado las medidas tomadas en este periodo. Paso a paso. Gesto a gesto. Responsable a responsable”. Sin embargo, “la narración oficial sobre las manifestaciones, que antes había sido oscilante, ahora las califica definitivamente como intento de golpe vandálico contra la Revolución. Y lo hace cuando lo urgente continúa siendo abrir las arterias de la nación para que se pueda respirar mejor, parar la estampida migratoria, reconciliar a la gente con su tierra. No a un puñado que vocifera, sino a la gente que habla en voz baja o hace silencio porque la energía disponible está puesta en la sobrevida del día a día. A un año, 11 de julio de 2021 continúa siendo, en muchos sentidos, el presente de Cuba. Las causas de las protestas permanecen intactas o más punzantes.  A un año, dignidad, sensatez y justicia social son bienes aún más escasos”.

El Granma, el órgano oficial del PCC, solo encontró razones de algarabía por estas horas. “Este pueblo ha batallado sin descanso por su independencia. Vence cada vez que intentan ahogarlo”, dijo el diario oficial Granma sobre sucesos que parten en dos la historia del castrismo. Lo que el Gobierno considera una victoria es leído en clave dramática por una nueva disidencia que se ha activado a partir del uso de los teléfonos celulares (hay más de siete millones) y que ha pagado el precio de “volver a la calle”. Human Right Watch ha documentado en un informe la existencia de detenciones masivas, desde opositores históricos a ciudadanos anónimos, algunos de ellos menores de edad. La Fiscalía General de la República (FGR) apuntó en enero que 790 personas han sido procesadas por “desorden público” o “desacato”, junto a pruebas que, remarcó HRW, consisten en gran parte en declaraciones de agentes de seguridad“.  Hasta el momento los tribunales han emitido 76 sentencias en firme contra 381 personas. El 78 % de los sancionados (297) obtuvo penas de prisión, en ocasiones de hasta 25 años.

El 11-J fue la tormenta perfecta, detonada en parte por el llamado “ordenamiento monetario”, un ajuste que agravó la situación de aquellos que no perciben remesas en dólares, en especial los afrocubanos. “El ordenamiento declaró que mejoraría el bienestar de los trabajadores estatales. Su principal mecanismo era una modificación relativa de precios y sus componentes eran: unificación monetaria y cambiaria, devaluación y reducción de subsidios. Fracasó”, señaló el economista Pedro Monreal. La jama, como le dicen a la comida, que se consigue con fula, el modo de nombrar al dólar, es el termómetro de este presente de escasez. La inflación oficial en alcanzó en 2021 el 70 %. El aumento de los precios en el extendido mercado informal rondó entre el 500% y el 700 %, según distintos especialistas. El PIB tuvo un incremento del 0,5 % en 2021, tras un desplome por encima del 10 % en 2020. Las perspectivas de este año son inciertas. El Gobierno ha reiterado que estas dificultades se deben al recrudecimiento de las sanciones de EEUU en la era de Donald Trump (2017-2021) y la pandemia, aunque también ha reconocido fallos en su gestión económica. 

Por ahora, es sin embargo la hora oficial de mostrar fortaleza y unidad, a pesar de las refutaciones permanentes: decreciente membresía del PCC y un enojo en la esfera virtual que no encuentra los canales para corporizarse. “¿Hasta cuándo?”, es una expresión natural de los cubanos, resumida días atrás en la explosión de ira de Amelia Calzadilla, una traductora y madre de tres hijos que se valió de las redes sociales para protestar por la desorbitada factura del servicio de electricidad y la precarización de la vida cotidiana. Cuando Calzadilla se paró frente a la pantalla y descargó su bronca, se enteró todo el mundo en un santiamén. “Madre cubana que te levantas por la mañana como yo, preocupada de que quiten la luz, que no sabes qué vas a dar de comer a tus hijos por la tarde cuando lleguen de la escuela..) Yo te pregunto ¿Cuánto más vas a aguantar? ¡Porque yo no aguanto más!”, dijo en un video de casi ocho minutos y que, además de señalar el sinfín de dificultades diarias no dejó de recordar los privilegios de la elite gubernamental. El impacto de su “descarga” fue de tal magnitud que Cubadebate lo consideró “un ejemplo de manual de lo que se llama gestión de la irritación”. 

Siempre parece estar la mano de Washington, incluso detrás de las condiciones objetivas de la exasperación. “Las causas reales del estallido social persisten”, señaló la publicación digital La joven Cuba. “La precariedad en la satisfacción de necesidades materiales de la sociedad se agrava, la emigración parece ser la opción más viable para quienes no desean que su vida transcurra sin expectativas de mejoramiento, las desigualdades sociales se agrandan”.

Cuba siempre desactivó sus crisis internas abriendo el grifo migratorio. Suele recordarse el éxodo del Mariel, de 1980, porque así comienza Scarface. Aquella vez, casi 100.000 personas abandonaron el país bajo los motes de “gusano” y “escoria”. Esta vez el flujo hacia el exterior es incluso mayor. Ya no se trata de balseros que intentan llegar a Miami, aunque esa vía no ha decaído por completo (este fin de semana, fueron detenidos por la patrulla fronteriza 25 balseros al tocar La Florida). La gran ruta ahora pasa por México: 93 248 cubanos llegaron a la frontera sur de los Estados Unidos solo entre enero y abril de 2022. Les toca correr la misma suerte que cualquier centroamericano o venezolano. El portal Periodismo de barrio consigna que los cubanos ya son la segunda nacionalidad con más solicitudes de asilo en México. La alienación estatal respecto del drama colectivo se cifra en el mismo hecho de haber elegido a “Eye of tiger” como acompañamiento de los pasos marciales de Díaz-Canel. “Aguantando, manteniendo el hambre/ Se apilan las probabilidades hasta que salimos a la calle”. ¿Sucederá aquello que se canta a contramano de la nueva publicidad de Gobierno?

AG