Opinión Economías

Batakis arrancó su gestión 1 a 0 abajo

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Una implosión en el mercado de deuda en pesos, fuertes presiones en los mercados de dólares financieros, el Banco Central imprimiendo billetes a cuatro manos para asistir al Tesoro y recomprar deuda en pesos, una inflación con piso del 5% mensual, un acuerdo con el FMI que camina por el borde del precipicio y una crisis política tras la renuncia de Guzmán. En este contexto asumió Silvina Batakis al frente del Ministerio de Economía. Aunque los desafíos que deberá afrontar son múltiples, se resumen en dos: evitar el colapso de la economía dirigiéndola hacia un sendero más previsible, y alcanzar el aval político para poder hacer lo primero.

Todavía es muy pronto para sacar conclusiones acerca de las probabilidades de éxito de la nueva ministra. No tenemos demasiadas precisiones acerca de su equipo ni su plan económico. Sólo tuvimos un puñado de declaraciones en línea con lo que el mercado quería escuchar: va a respetar el acuerdo con el FMI, avanzará en la segmentación de tarifas y su mandato tendrá como eje prioritario la cuestión fiscal. Pero para que estas declaraciones terminen materializándose en hechos, además de voluntad, las nuevas autoridades deberán procurar que las distintas secretarías y cajas de Estado no obstaculicen la implementación de las medidas que sean necesarias tomar.  

Para dirigir a la economía hacia un sendero de mayor previsibilidad es imperioso reordenar el gasto y mejorar las cuentas fiscales. El shock de confianza que implicó la firma del acuerdo con el FMI duró un suspiro y, ante la ausencia de claras señales de moderación fiscal, el mercado comenzó a asignarle una muy baja probabilidad de ocurrencia al escenario de cumplimiento de la meta de déficit primario (2,5% del PBI). Esta percepción suponía que el Tesoro tendría que seguir endeudándose en el mercado local -en un contexto en el que empezaban a surgir rumores acerca del tratamiento que se daría a los títulos en pesos bajo una nueva Administración-, o bien se forzaría al Central a asistir al Tesoro por encima de la meta del 1,0% del PBI contemplada en el acuerdo con el FMI. De cualquier forma, el mercado empezó a dudar de la capacidad de Finanzas de renovar vencimientos en el corto plazo, anticipando una mayor emisión de pesos en un contexto de por sí muy inflacionario. Lo que sigue ya lo conocemos: una vertiginosa corrida en el mercado de deuda en pesos que llevo al Banco Central a recomprar bonos por más de un billón de pesos en menos de un mes. 

El Gobierno no tiene muchos grados de libertad para mejorar los números fiscales y la flamante ministra debería mover fichas que conllevan un alto grado de sensibilidad social y/o política. No hay demasiado espacio por el lado de los ingresos, porque la presión tributaria es altísima, el deterioro de la actividad en el segundo semestre impactará sobre los tributos vinculados al mercado doméstico, y para subir alícuotas o cobrar nuevos impuestos habrá que sortear barreras legales y de consenso político. 

Por el lado del gasto, hay algo de margen para recortar transferencias no automáticas a provincias, pero implicaría seguir desgastando los vínculos con gobernadores, o retocar el gasto de capital, en contraposición al mayor gasto en infraestructura que predicaba el gobierno a principios de año. La inflación erosionará buena parte del gasto en prestaciones sociales y salarios, pero la política seguramente volverá a entrar en juego para anunciar algún otro paquete de ayuda social como el que ya tuvimos en mayo. En palabras de Batakis, el propósito del Gobierno es no sólo recuperar lo perdido en términos de ingresos reales, sino también ganar poder adquisitivo. Difícil pensar en que se pueda ahorrar por estos lados. Y en el menú de opciones vuelven a sonar los subsidios y la segmentación tarifaria. Algo que ya intentó -frustradamente- implementar Guzmán, chocando con los mismos funcionarios con los que deberá lidiar Batakis. Las demoras en la implementación por parte de la Secretaría de Energía del famoso formulario de inscripción para recibir los subsidios son un claro ejemplo de la relevancia del consenso político para llevar adelante medidas fiscales. ¿Qué nos haría pensar que esta vez será diferente? 

A las palabras se las lleva el viento, y por eso, el mercado y los diferentes actores de la economía están esperando a ver los primeros movimientos del nuevo equipo económico para sacar conclusiones y reconstruir sus expectativas. Las demoras en dar a conocer nombres y precisiones acerca de los lineamientos del plan de política económica no ayudan. Mientras tanto, las empresas se mantienen expectantes y en un instinto de supervivencia frenaron las ventas ante la creciente incertidumbre sobre sus costos de reposición. El resultado de este combo será una mayor recesión, más inflación y más brecha. A las 30 horas sin Ministro de Economía se le suman cinco días sin Secretario de Hacienda, ni de Finanzas, ni de Política Económica. Nada que ayude a redireccionar la economía hacia un sendero de mayor previsibilidad. Batakis arrancó su gestión 1 a 0 abajo. Ya es momento de acortar el trecho entre el dicho y el hecho.

Una implosión en el mercado de deuda en pesos, fuertes presiones en los mercados de dólares financieros, el Banco Central imprimiendo billetes a cuatro manos para asistir al Tesoro y recomprar deuda en pesos, una inflación con piso del 5% mensual, un acuerdo con el FMI que camina por el borde del precipicio y una crisis política tras la renuncia de Guzmán. En este contexto asumió Silvina Batakis al frente del Ministerio de Economía. Aunque los desafíos que deberá afrontar son múltiples, se resumen en dos: evitar el colapso de la economía dirigiéndola hacia un sendero más previsible, y alcanzar el aval político para poder hacer lo primero.

Todavía es muy pronto para sacar conclusiones acerca de las probabilidades de éxito de la nueva ministra. No tenemos demasiadas precisiones acerca de su equipo ni su plan económico. Sólo tuvimos un puñado de declaraciones en línea con lo que el mercado quería escuchar: va a respetar el acuerdo con el FMI, avanzará en la segmentación de tarifas y su mandato tendrá como eje prioritario la cuestión fiscal. Pero para que estas declaraciones terminen materializándose en hechos, además de voluntad, las nuevas autoridades deberán procurar que las distintas secretarías y cajas de Estado no obstaculicen la implementación de las medidas que sean necesarias tomar.  

Para dirigir a la economía hacia un sendero de mayor previsibilidad es imperioso reordenar el gasto y mejorar las cuentas fiscales. El shock de confianza que implicó la firma del acuerdo con el FMI duró un suspiro y, ante la ausencia de claras señales de moderación fiscal, el mercado comenzó a asignarle una muy baja probabilidad de ocurrencia al escenario de cumplimiento de la meta de déficit primario (2,5% del PBI). Esta percepción suponía que el Tesoro tendría que seguir endeudándose en el mercado local -en un contexto en el que empezaban a surgir rumores acerca del tratamiento que se daría a los títulos en pesos bajo una nueva Administración-, o bien se forzaría al Central a asistir al Tesoro por encima de la meta del 1,0% del PBI contemplada en el acuerdo con el FMI. De cualquier forma, el mercado empezó a dudar de la capacidad de Finanzas de renovar vencimientos en el corto plazo, anticipando una mayor emisión de pesos en un contexto de por sí muy inflacionario. Lo que sigue ya lo conocemos: una vertiginosa corrida en el mercado de deuda en pesos que llevo al Banco Central a recomprar bonos por más de un billón de pesos en menos de un mes. 

El Gobierno no tiene muchos grados de libertad para mejorar los números fiscales y la flamante ministra debería mover fichas que conllevan un alto grado de sensibilidad social y/o política. No hay demasiado espacio por el lado de los ingresos, porque la presión tributaria es altísima, el deterioro de la actividad en el segundo semestre impactará sobre los tributos vinculados al mercado doméstico, y para subir alícuotas o cobrar nuevos impuestos habrá que sortear barreras legales y de consenso político. 

Por el lado del gasto, hay algo de margen para recortar transferencias no automáticas a provincias, pero implicaría seguir desgastando los vínculos con gobernadores, o retocar el gasto de capital, en contraposición al mayor gasto en infraestructura que predicaba el gobierno a principios de año. La inflación erosionará buena parte del gasto en prestaciones sociales y salarios, pero la política seguramente volverá a entrar en juego para anunciar algún otro paquete de ayuda social como el que ya tuvimos en mayo. En palabras de Batakis, el propósito del Gobierno es no sólo recuperar lo perdido en términos de ingresos reales, sino también ganar poder adquisitivo. Difícil pensar en que se pueda ahorrar por estos lados. Y en el menú de opciones vuelven a sonar los subsidios y la segmentación tarifaria. Algo que ya intentó -frustradamente- implementar Guzmán, chocando con los mismos funcionarios con los que deberá lidiar Batakis. Las demoras en la implementación por parte de la Secretaría de Energía del famoso formulario de inscripción para recibir los subsidios son un claro ejemplo de la relevancia del consenso político para llevar adelante medidas fiscales. ¿Qué nos haría pensar que esta vez será diferente? 

A las palabras se las lleva el viento, y por eso, el mercado y los diferentes actores de la economía están esperando a ver los primeros movimientos del nuevo equipo económico para sacar conclusiones y reconstruir sus expectativas. Las demoras en dar a conocer nombres y precisiones acerca de los lineamientos del plan de política económica no ayudan. Mientras tanto, las empresas se mantienen expectantes y en un instinto de supervivencia frenaron las ventas ante la creciente incertidumbre sobre sus costos de reposición. El resultado de este combo será una mayor recesión, más inflación y más brecha. A las 30 horas sin Ministro de Economía se le suman cinco días sin Secretario de Hacienda, ni de Finanzas, ni de Política Económica. Nada que ayude a redireccionar la economía hacia un sendero de mayor previsibilidad. Batakis arrancó su gestión 1 a 0 abajo. Ya es momento de acortar el trecho entre el dicho y el hecho.

Una implosión en el mercado de deuda en pesos, fuertes presiones en los mercados de dólares financieros, el Banco Central imprimiendo billetes a cuatro manos para asistir al Tesoro y recomprar deuda en pesos, una inflación con piso del 5% mensual, un acuerdo con el FMI que camina por el borde del precipicio y una crisis política tras la renuncia de Guzmán. En este contexto asumió Silvina Batakis al frente del Ministerio de Economía. Aunque los desafíos que deberá afrontar son múltiples, se resumen en dos: evitar el colapso de la economía dirigiéndola hacia un sendero más previsible, y alcanzar el aval político para poder hacer lo primero.

Todavía es muy pronto para sacar conclusiones acerca de las probabilidades de éxito de la nueva ministra. No tenemos demasiadas precisiones acerca de su equipo ni su plan económico. Sólo tuvimos un puñado de declaraciones en línea con lo que el mercado quería escuchar: va a respetar el acuerdo con el FMI, avanzará en la segmentación de tarifas y su mandato tendrá como eje prioritario la cuestión fiscal. Pero para que estas declaraciones terminen materializándose en hechos, además de voluntad, las nuevas autoridades deberán procurar que las distintas secretarías y cajas de Estado no obstaculicen la implementación de las medidas que sean necesarias tomar.