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OPINION

La caza de brujas de Bullrich, Pettovello y Caputo para tapar el abandono de personas

Una manifestación de miembros de organizaciones sociales sobre la Avenida 9 de Julio, en una imagen de archivo.

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El Gobierno quiere tapar una decisión criminal con una catarata de calumnias y algunas verdades a medias. Lo cierto es que la ministra Sandra Pettovello dejó sin alimentos a millones de niños. No sólo en los comedores comunitarios sino también en los comedores escolares. Así como leés: eliminó los fondos para los comedores barriales pero también las partidas para las escuelas públicas. Ni que hablar de la destrucción de la política de medicamentos oncológicos, el salario de las maestras, los programas sociolaborales, el plan de primera infancia, etc. Si querés saber el sentido de una operación política, mirá los números:

Los Servicios Sociales también sufrieron fuertes recortes. Los casos más resonantes son Agua y Alcantarillado (-62%), Trabajo (-51%), Vivienda y Urbanismo (-68%), Educación (-46%). 

Junto a los alimentos y las políticas sociolaborales en un país en el que la devaluación mileiana produjo más pobres que los dos gobiernos anteriores juntos, podemos ver el escandaloso recorte en salud pública:

Si quieren ver un robo contra el pueblo, aquí lo tienen… y no son dos pesos con cincuenta. Habría que empezar allanando el Ministerio de Capital Humano y a la señora Pettovello, pero como dice el Martín Fierro, la justicia es como el machete, nunca lastima al que lo lleva por el mango. 

Como alfil del vaciamiento, Patricia Bullrich pasó de ser “más casta que Barrionuevo” y “asesina-tirabombas” a “querida Patricia”,  figura estelar de un gobierno libertino que no cierra sin represión. Junto a Caputo y Pettovello conforman el tridente que busca destruir los movimientos sociales como chivo expiatorio de las malas políticas que aplica y las situaciones de injusticia que los movimientos combaten. 

Ayer, la tres veces ministra yeta (De La Rua, Macri y Milei)  anunció un plan “sistemático” (sí, dijo sistemático, atenti) para aplastar las organizaciones comunitarias, apelando a la falacia de generalizar conductas abusivas o prácticas criminales de alguno de sus miembros. 

Nada nuevo bajo el sol, así opera la propaganda autoritaria: se pretende demonizar a todo un grupo a partir de actos reales o inventados de algunos de sus miembros. En este caso, la generalización es tan burda que, aún suponiendo que las 4.000 denuncias que anuncian fueran reales y verificadas, éstas abarcan 0,3% del total de los 1,3 millones de personas que reciben el salario social complementario. Desde luego que cualquier abuso es grave y hay que abordarlo, pero falsas generalizaciones no,  caza de brujas no. Eso es odio. 

Esta vez no me tocó encabezar los titulares de Clarín y La Nación, pero para avestruz ya tienen muchos, muchos que se cuidan el tuje porque lo tienen sucio, no empatizan con los pobres o no pueden ver más allá de su propio ombligo. Yo no le saco el cuerpo a la jeringa, estamos hechos de otra madera. Estoy orgulloso de lo que construimos, estoy orgulloso de impulsar procesos de organización comunitaria y siempre voy a defender el rol de los movimientos populares en la lucha por tierra, techo y trabajo, en su rol como refugio de los excluidos de un sistema inherentemente injusto. 

Sí, estoy orgulloso de los miles y miles y miles de hombres y mujeres que le ponen el cuerpo a la miseria planificada de este Gobierno cocinando en los comedores populares, así como pusieron el cuerpo en la cuarentena, en las inundaciones, cuando hizo falta. Las cagadas que se mandaron algunos de los integrantes o dirigentes, responden a la fragilidad humana. No anulan las ideas nobles que le dieron origen ni el esfuerzo heroico de la inmensa mayoría de los militantes y trabajadores que integran las organizaciones sociales.

Sí, hay abusos ¡chocolate por la noticia! Cuando publiqué el libro “Los Peores” en 2022 expliqué crudamente cómo operaba esta práctica minoritaria y nuestra propuesta para resolverla (particularmente desde la página 168). Acá se los dejo. Desde luego, en la superestructura política —sobre todo en este gobierno miserable— no se pone tiempo y la cabeza en pensar cómo resolver los problemas en el aquí y el ahora, hasta que el maravilloso mercado o el protector estado hagan lo suyo.  

En efecto, hay quienes piensan que que te salva el Estado, otros que te salva el mercado. El problema se va a resolver por acción de estas dos fuerzas. En el mientras tanto, a los que no pueden esperar y se organizan, los señalo, les cuento las costillas, los denuncio, me indigno, despotrico, generalizo… y no hago nada. Nosotros pensamos que sin la cooperación entre Estado, mercado y comunidad, sumado al esfuerzo individual y el respeto irrestricto al proyecto de vida de cada uno, no hay salida. Para los de abajo, por lo menos, el sostén fundamental del tejido social ha sido la organización comunitaria y los grupos intermedios –organizaciones libres del pueblo– que ellos llaman despectivamente intermediarios. 

Volvamos a los hechos. Antes que jugarla de indignado, hay que hacer un esfuerzo para comprender. En cualquier grupo humano existen roles de poder. Cuando hay asimetría de poder, suele haber abusos. Esto sucede en las micro-relaciones como la pareja y en las macro-relaciones como el Estado. En los grandes grupos, por buenos que sean sus dirigentes y nobles que sean las metas colectivas, los abusos de poder son casi inevitables. Sucede en escuelas, clubes, iglesias, empresas, bancos, partidos, sindicatos, medios de comunicación. Sucede cotidianamente en las fuerzas de seguridad que dirige Patricia Bullrich. Cuán injusto sería que toda la institución pagara por un comisario coimero, por un oficial violador, por un agente femicida… igual de injusto que acusar a Patricia Bullrich de ser responsable de cada uno de esos crímenes. 

La cuestión es desentrañar cómo minimizar los abusos, diseñar y aplicar protocolos para su detección y abordaje, establecer reglamentos claros, proteger a las víctimas, incluso tratándose de abusos que no constituyan delitos. Todas las cosas que propusimos, impulsamos y en algunos casos logramos. No fue sino por el impulso de nuestra fuerza que logramos la carta de Derechos y Obligaciones de los Trabajadores de la Economía Popular a partir de la cual se originaron las primeras denuncias. 

Ayer allanaron un par de garcas en unas barriadas. Es cierto, hay una proporción de malandras y garcas de barrio. Debe ser bastante inferior a los garcas y malandras de Recoleta, Nordelta y Puerto Madero. Ahí no allanan. Queda feo. Lo importante es demonizar a un sector social y en particular a su organización. 

Todas estas campañas, con o sin allanamientos, son cortinas de humo para destruir la política social y la organización popular mientras se avanza con el saqueo económico, el narcocapitalismo y la miseria planificada. En los movimientos sociales hubo abusos, hubo pecado, pero “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Cap 5, Ver 20). Son sin lugar a duda la última barrera de resistencia contra la degradación y el narcoestado, pero el gobierno libertino está decidido a destruirlos. Pobrecitos. Que sigan. Con cada golpe nos forjan, nos templan. 

Donde no parece abundar la gracia aunque sí ciertos fanáticos religiosos y figuras esotéricas es en las coquetas oficinas de la instructora Pettovello. ¿Saben cuál es el mayor abuso de poder en relación a los “planes sociales”? Las medidas definidas arbitrariamente por la ministra. Porque a mayor poder, mayor es tu capacidad de abuso… y el poder radica en el gobierno hambreador y sus ministros perjuros de la Constitución Nacional, en particular de esta incompetente e inmoral ex-productora de Majul sin otro pergamino que el amiguismo con el poder que hoy –increíblemente– gestiona cuatro ministerios (Desarrollo Social, Trabajo, Salud y Educación). A modo de conclusión, voy a enumerar solo algunas de las tropelías criminales de Pettovello, que les aseguro, no van a quedar impunes.

  1. Eliminó la asistencia alimentaria de todos los comedores sociales cuando el propio ministerio dice hoy que el 50% de los que relevaron –sobre una base de datos desactualizada– efectivamente existen y que el otro 50% “no funcionaba correctamente” (¿no será porque no mandan la comida?) Si tienen esa información, ¿por qué no mandan al menos la comida a los que sí funcionan y dejan de hacer sufrir a tantas familias? La causa está judicializada y la ministra imputada. 
  2. Eliminó la provisión de medicamentos oncológicos por supuestas contrataciones ilícitas “con 4 o 5 laboratorios” a los que obviamente nunca denunció, contribuyendo a la muerte de al menos siete personas y dejando sin provisión a aproximadamente 1.600 pacientes (conf. ALPA).
  3. Desreguló completamente los precios de las farmacéuticas generando aumentos totalmente desproporcionados en medicamentos fundamentales lo cual sumado al recorte de jubilaciones  
  4.  Liberó el precio de las prepagas que pese a las “correcciones” posteriores dejaron al 15% de los afiliados sin cobertura propia, contribuyendo al colapso del sistema público.
  5. Eliminó el Fondo de Incentivo Docente confiscando parte del salario de miles de personas y llevando a la pobreza a la mayor parte de los maestros y maestras de nuestro país.
  6. Eliminó el refuerzo alimentario de los comedores escolares y copa de leche en las  escuelas, mostrando que su ánimo desnutridor no conoce fronteras. 
  7. Desfinanció las obras que estaban en construcción de jardines de infantes, escuelas primarias , medias y técnicas.  
  8. Suspendió todos los envíos de libros para nuestros niños y niñas destruyendo las pocas políticas de promoción de la lectoescritura del país. 
  9. Fijó en $78.000 el Salario Social Complementario de los trabajadores cooperativistas cuando debería estar en $117.000 (50% del salario mínimo, vital y móvil) dejando a la gente en la más absoluta indigencia.
  10. Destruyó todas las unidades de gestión que daban apoyo a los proyectos productivos comunitarios sin hacer ningún relevamiento previo de cuáles funcionaban y cuáles no.
  11. Firmó convenios con las organizaciones que con absoluta discrecionalidad consideró adecuadas para la provisión de alimentos, tercerización de sueldos u otras políticas públicas. Es probable que muchas de estas organizaciones “intermediarias” –palabra demonizada por todos– hagan bien las cosas. Otras son más cuestionables. Pero en ningún caso, absolutamente ningún caso, hay un fundamento claro de por qué estas organizaciones son intermediarios buenos y otras intermediarios malos. 

El problema no sería grave si las organizaciones firmantes tuvieran los recursos, territorialidad y capilaridad suficiente para llegar a todos –en el caso de los comedores– pero lo cierto es que no llegan ni a cubrir el 5% de la demanda como reconocieron los obispos de Cáritas. 

Algunos de los convenios firmados:

a. La Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura por un monto desconocido sin especificar los gastos administrativos que demandaría tal organización.

b. La Fundación Cooperadora Nutrición Infantil que según la página web de Capital Humano tiene 100 centros propios y trabaja con 1.500 instituciones (¿está chequeado?). El presidente de esta fundación, amigo de Pettovello, se llama Abel Albino, un médico homofóbico multi denunciado por irregularidades y absurdos como que el SIDA es capaz de atravesar la porcelana.

c. La Alianza de Iglesias Evangélicas de Argentina que tiene una alianza explícita con Javier Milei en tanto brazo neoconservador del evangelismo argentino. 

d. La Asociación Civil Haciendo Caminos, que parece ser una organización muy respetable, tanto como la mayoría de las agrupadas en los movimientos sociales.

e. Dejo para el final el caso de Cáritas Argentina, de cuya extraordinaria labor soy testigo, en particular su protagónico rol en el diseño y ejecución de la política de integración urbana, política que han sido objeto de una atroz campaña de desprestigio al solo efecto de recortar los fondos y por tirria contra los villeros. Los obispos de Cáritas se pronunciaron en una contundente carta aclarando la insuficiencia de dicha institución para atender la creciente demanda de alimentos, además de realizar múltiples pronunciamientos –silenciados– para que el gobierno cambie su orientación contra los más pobres. 

JG/DTC

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