OPINIÓN

Estudiar con la IA, aprender a la par de los profesores

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En lo que va de este siglo, las y los estudiantes estuvimos en la vanguardia de la tecnología de cada momento: en las salas de computación, ya dominábamos las herramientas que proponían los planes de estudio; cuando se masificó el celular, su uso fue total e inmediato, aunque todavía atraviesa distintas etapas de incorporación a los procesos pedagógicos. La irrupción de las nuevas tecnologías de comunicación y hoy de la Inteligencia Artificial (IA) propuso nuevas reglas de juego: ahora el aprendizaje debe ser simultáneo para docentes y alumnos.

Según la Encuesta Nacional Kids Online Argentina (UNICEF, 2025) el 57,9% de las chicas y los chicos utilizó IA, y dos tercios de ellos la eligieron con fines escolares. Además, el 83% tuvo acceso a su primer celular con 10 años o menos y el 88,6% lo utiliza todos los días (o casi todos) para interactuar virtualmente. A su vez, más de la mitad asegura aprender algo nuevo casi todos los días con la digitalidad, aunque suele ser información de escala global, porque sólo el 18,5% se entera de actividades en su barrio.

El hábito del uso de celulares ya es una realidad extendida y la utilización de la IA va aumentando. Dado que es una herramienta con potencialidad pedagógica un paso importante es formar una mirada crítica hacia las propuestas que ofrece la IA generativa. 

La inteligencia artificial ha sido incorporada para organizar proyectos, generar imágenes, investigar, analizar información desde nuevas perspectivas o comprender conceptos complejos. En los intercambios realizados en el marco de la Agencia Buena Data, las y los participantes destacaron especialmente su utilidad para estudiar, producir contenidos y acceder a información de manera más ágil, aunque también señalaron la importancia de contrastar datos y mantener una mirada crítica sobre las respuestas que ofrecen estas herramientas.

Al mismo tiempo, las y los jóvenes identifican riesgos crecientes asociados a su uso. Entre las principales preocupaciones aparece la generación de imágenes manipuladas o deepfakes para hostigar, ridiculizar o vulnerar a otros estudiantes, una práctica que ya comienza a registrarse en ámbitos escolares y que puede derivar en situaciones de acoso tanto en entornos digitales como presenciales. También advirtieron sobre la necesidad de fortalecer la educación digital en las escuelas, incorporando espacios para debatir estos fenómenos, comprender sus consecuencias y desarrollar formas de intervención que combinen límites claros con acompañamiento pedagógico y apoyo socioemocional.

Es importante trabajar en el pensamiento crítico y conocer las posibilidades y desafíos de la herramienta para evitar un uso que vulnere derechos y para construir soluciones entre todos los actores de las escuelas, reconociendo que esto es nuevo, que nadie cuenta con la verdad y que las y los estudiantes tenemos algo que decir sobre el uso de la IA en las aulas en todos los espacios construidos para el debate colectivo: el aula, los centros de estudiantes, las juntas escolares y las reuniones de padres. Si hay algo que es irremplazable, es nuestra posibilidad de imaginar futuros de forma grupal.

La autora es integrante de Agencia Buena Data