Soy Gorda (Esegé) Narraciones

Lencería para todxs

Lencería para cuerpos reales

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Fajas. Una paliza para la mente, para el exceso, mandatos que ahogan, telas que estrangulan panza, cola, muslos. Ni una manzana antes de salir. Agua, tampoco. Tirarse en la cama para abrochar el jean. Si no salta el botón ni se descose el cierre, la batalla es victoriosa. Apenas se estira, amordaza la muy reductora. Faja control, el poder del apriete. Fuerza bruta, ánimo elástico. La superficie apretada es el cuerpo, siempre. La emoción, ¿qué importa? Faja, lencería cara, inalcanzable. Presión constante, fuente del sufrir eterno. Culo marcado, estrangulado con rayas de sangre roja. Faja con ballenitas, con electrodos, faja chaleco, faja facha. Algodón, lycra, neoprene. La piel sobrante desaparece, el dolor no. 

Así fue durante años de disimulo y permanece. La faja, en venta en los mejores shopping y comercios, para intentar alcanzar “la” imagen: chicas de Divito en los años 50, lolitas en los 90. Una prenda que no da respiro, que oculta la despreciada gordura. Lencería tapa rollos, como blackout, cortina que oscurece, censura.

Pero, a veces, está la poesía.

“Se miran, se presienten, se desean, se acarician, se besan, se desnudan, se respiran, se acuestan, se olfatean, se penetran, se chupan…”, comienza el poema 12 de Oliverio Girondo. Los amantes se buscan con intensidad, despliegan sus sentidos, se complementan y se tocan hasta perder el control.

En una representación imaginaria, la pareja se saca y pone sus prendas íntimas, también para mostrar y embellecer. De algodón o lycra, lisas o estampadas, en una multiplicidad cromática sobria o estallada, divertidas o clásicas, pero casi siempre (aunque hay excepciones) en una gama de talles acotada a cuerpos hegemónicos.

XS, S, M, L y, con suerte XL. Esas son las nominaciones de talles existentes, mientras se aguarda la finalización de los estudios antropométricos de los cuerpos argentinos, que prevé la Ley Nacional de Talles, ya sancionada pero cuya aplicación total está a la espera para una vida, si no lírica, al menos con bombachas, calzoncillos, corpiños para todxs las humanidades de este territorio del amor y de la furia. 

Maria Badowski, oriunda de Puerto Madryn, vive hace años en Capital y como diseñadora de indumentaria y textil, licenciada en la UBA, viene trabajando desde hace un tiempo en su marca para la cual crea lencería erótica con perspectiva de género y diversidad, lo que incluye plus size (prendas del talle 85 al 150)  @badowskalenceria y  @bskalenceria

“Es necesario que tengamos lencería atractiva porque existimos. Hay cuerpos que no están dentro de la curva de talles de las grandes marcas y éste es mi granito de arena en este mundo gordoodiante y gordofóbico: diseñar y pensar prendas para la diversidad de personas”, dice.

Habla en primera persona: “el tema me toca porque siempre me costó conseguir ropa en mi talle, y no tengo un talle XXXL, soy un L-XL, así que sé lo difícil que es encontrar talles más grandes que el mío”, se involucra y solidariza.

Su emprendimiento arrancó en 2012, cuando no tuvo dudas de que lo suyo sería crear indumentaria para que nadie se perdiera la posibilidad de disfrutar de las prendas íntimas y no solo quienes usan XS-S y M, talles que predominan entre las etiquetas mainstream. Además, sus prendas son accesibles a distintos bolsillos.

“La lencería que desarrollo tiene una estética erótica y sexual, trabajo con colores negro, violeta, rojo, bordó, lila, nunca blanco ni beige. Uso lycra, engomados, microfibra, algodón, encajes, red, microtul. En los diseños pensados especialmente para cuerpos gordos, tengo en cuenta los elásticos y piezas anchos que agarren el cuerpo y sean cómodos”.

Badowski amplifica su perspectiva leyendo a escritores como el activista cuir y gordo Nicolas Cuello, un referente ineludible en la Argentina. Y lo cita: ‘la gordofobia está presente constantemente en los espacios que habitamos, pero no sólo como experiencia traumática y dolorosa, sino como una compleja matriz de opresión que involucra diversos aparatos de control biopolíticos empezando por el discurso médico y sus regímenes de control de peso’. “¡Me parece grandioso lo que Cuello dice sobre la gordura! Vayan a escucharlo y leerlo”, sugiere. “A la mierda con la policía de los cuerpos. Hoy justo escuché un podcast con el que coincido: no todas las personas con cuerpos flacos gozan de salud integral ni todas las gordas están enfermas. Usar la salud para decirle a alguien que adelgace me parece tremendo, es patologizar esos cuerpos”. 

En Badowska “priorizo la creación de una curva de talles y de modelos amplia, para todos los géneros, enfatizando que el producto sea de calidad y tenga buen calce”, señala la creadora independiente. “Llevar un corpiño talle 90 a un talle 130 hace que se pierdan un montón de detalles, por eso me detengo en cada producto desde un punto de partida diferente. Pienso siempre en cuerpos concretos, reales. Realizo corpiños, bombachas, boxers para personas con vulva, arneses y bodys considerando la variedad de necesidades. En el caso de los arneses, las tiras tienen reguladores para adaptarse a cada persona”. 

Es interesante pensar en el doble sentido del verbo transitivo fajar. En China es una costumbre ancestral fajarles los pies a las mujeres; en América, además de apretar fuerte, significa golpear con un objeto contundente. Tradición y presente que se encarnan en el sometimiento. “Las encorsetadas y sometidas somos nosotras, las mujeres. Fajadas al punto de no poder respirar, deformar los órganos y hasta impedirnos pensar”.

Si para el patriarcado la sensualidad es patrimonio exclusivo de algunos cuerpos, para Badowski no. “Eso es lo que nos muestran en revistas, películas, series, programas de la tele, redes sociales. Bajan línea sin filtro cuando te dicen como tiene que ser tu cuerpo, desde la forma hasta el color, la textura, el largo de tus pestañas, el ancho de tus caderas y el tamaño de tu panza”. 

María se distancia del imperativo: “Cualquier persona puede ser sexy y explorar su sensualidad si lo desea, es lo que trato de transmitir a través de mis diseños, lo que comunico por medio de las prendas”. 

No todos sus colegas están dispuestos a cumplir con la ley de talles. Hay quienes consideran necesaria la amplitud y quienes no. “La regulación de las marcas es importante, para que todxs podamos encontrar prendas que nos gusten y nos entren. Muchos emprendimientos independientes trabajan con una amplia gama de medidas porque se interesan realmente en la pluralidad de cuerpos. Está bueno consumir esos productos, en lugar de esperar que los muy instalados, pero poco dispuestos nos sumen. No les interesamos”. 

Sentirnos mejor con nosotrxs y los demás en una sociedad plural, elevar la autoestima, estar más confortables y ser más amigables con nuestro cuerpo y nuestra vida, “son mis objetivos”, aclara. “Nos vestimos para nosotrxs y los demás y si no tenemos ropa linda que nos entre y quede cómoda, nos encerramos”.

“El patriarcado ha calado en nuestras cabezas desde pequeñes. Se puede ir deconstruyendo esa idea. A mí me gustan los rollitos, que los arneses los resalten hasta es un gesto político. Muchas veces es difícil verse por las ideas extrañas que nos metieron, como que un cuerpo gordo es feo, que la piel tiene que ser lisa, que nada tiene que sobresalir.  Aunque los cambios van lentos, paso a paso incluiremos todos los cuerpos. La apuesta es representarlos y que puedan disfrutar. En este contexto general, sería algo hermoso”. 

 

LH

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