Opinión
El nuevo poder económico en la era Milei: menos extranjeros, más locales y la tracción del RIGI
Hay una paradoja que atraviesa al gobierno de Javier Milei. Mientras el Presidente ridiculiza a los principales empresarios del país, a quienes rebautizó como “Don Chatarrín de los Tubitos Caros” o “Don Gomita Alumínica”, esos mismos grupos económicos locales avanzan como pocas veces sobre el corazón de la economía argentina. La pelea es ruidosa pero los números cuentan otra historia.
El gobierno de La Libertad Avanza nació como una síntesis de los sectores dominantes. Las botoneras de la política económica, en el Ministerio de Economía y en el Banco Central, quedaron en manos de los intelectuales orgánicos del capital financiero internacional, mientras los grupos locales obtuvieron un lugar significativo en la política de hidrocarburos y en el directorio de YPF. Esa convergencia no se veía desde la salida de la convertibilidad, cuando unos empujaban la dolarización y otros la devaluación. Tampoco existió con Cambiemos, cuyas políticas desplazaron a los grupos locales de varios negocios y consolidaron la hegemonía financiera internacional con el acuerdo con el FMI.
Pero la síntesis se agrietó. Primero, por las inconsistencias de la valorización financiera: sin un ciclo de endeudamiento externo que aportara los dólares necesarios para sostener el carry trade, sobrevino la corrida cambiaria de 2025 y los salvatajes del FMI y del Tesoro norteamericano, que consolidaron la hegemonía del capital financiero internacional. Segundo, por el choque abierto con los grupos locales. En enero de 2026 Techint perdió la licitación de caños para un gasoducto en Vaca Muerta frente a la india Welspun, por un supuesto sobreprecio del 40%, y luego otra por un gasoducto de GNL. Cuando FATE anunció su cierre definitivo, el gobierno respondió derogando la protección antidumping que favorecía a Aluar, ambas del grupo Madanes, y habilitó la importación de foil de aluminio chino. El propio Milei avaló en X la versión de que Paolo Rocca había apostado a que el gobierno cayera después de las elecciones bonaerenses de septiembre de 2025.
El dato más elocuente es la retirada del capital extranjero. Según el balance cambiario del Banco Central, la inversión extranjera directa acumula un saldo negativo de 1.878 millones de dólares entre 2024 y agosto de 2026: un ingreso casi nulo en 2024 (89 millones), -1.281 millones en 2025 y -686 millones en los primeros ocho meses de 2026. Se va más capital del que entra. Ni siquiera en la última década, de pobre desempeño, la IED había sido negativa: alcanzó 3.744 millones en 2012 y 2.516 millones en 2019. Existe un contexto mundial adverso, con la caída de la inversión hacia los países de menores ingresos por el giro proteccionista de los centrales. Pero la magnitud del derrumbe argentino sugiere que las causas locales desbordaron a las internacionales: tasas de interés elevadas que desvían la inversión productiva hacia la financiera, ajuste del consumo y apertura comercial con apreciación cambiaria en plena guerra comercial. Las medidas pro mercado y el RIGI no alcanzaron para revertirlo.
Lejos de recibir nuevas inversiones, la Argentina vio cómo empresas extranjeras con décadas en el país bajaban la persiana, empujadas por las condiciones macroeconómicas: tasas de interés elevadas, caída del consumo y apertura comercial con atraso cambiario. Entre 2025 y 2026, nueve firmas cerraron o dejaron de producir sin siquiera buscar comprador, y con ellas se perdieron más de 1.100 puestos de trabajo. Todas eran industriales. Coopershoes despidió a más de 350 trabajadores, Whirlpool a 220 y SKF, que fabricaba en el país desde 1917, a 145. Electrolux dejó a más de 100 personas en la calle, Cabot a 90, Adient a 70, Magnera a más de 60, Bahco a 40 y Helm a 30. En varios casos no se fueron del mercado, solo dejaron de producir: SKF, Whirlpool, Bahco y Electrolux cerraron sus fábricas para pasar a vender productos importados. Los empleos industriales desaparecieron, pero las marcas siguen en las góndolas.
Pero los cierres son apenas la punta del iceberg. La retirada más masiva del capital extranjero no se hizo apagando máquinas sino vendiendo empresas, y del otro lado del mostrador siempre estuvieron los grupos locales. Entre noviembre de 2023 y octubre de 2026 protagonizaron 29 fusiones y adquisiciones de grandes firmas. En 21 de ellas, el 72,4% del total, compraron filiales de transnacionales que abandonaron total o parcialmente su producción en el país, y 8 de esas 21 eran estadounidenses. Las otras 8 fueron activos públicos, cedidos por el Estado o por YPF. Repatriación del capital extranjero y avance de los grupos locales son dos caras de una misma moneda.
Telefónica fue absorbida por Telecom, del Grupo Clarín, en una concentración inédita de las telecomunicaciones que Milei calificó de “abuso” pero que finalmente habilitó. El HSBC pasó al Banco Galicia, de las familias Escasany, Ayerza y Braun, en línea con la compra de Itaú por el Macro. Procter & Gamble vendió Ariel y Magistral a Dreamco, y su planta junto con Gillette, Pampers y Pantene a Newsan. Raízen-Shell, con la refinería de Dock Sud y su red de estaciones, quedó en manos de la suiza Mercuria (60%), José Luis Manzano (20%) y Edenor (20%). Mercedes-Benz Argentina pasó a Prestige Auto, del Grupo ST; Loma Negra volvió a manos locales a través de LATCEM, de Marcelo Mindlin, y fondos acreedores; y la canadiense Nutrien vendió su 50% de Profertil a Adecoagro y ACA.
En hidrocarburos hubo cuatro ventas de activos no convencionales en Vaca Muerta (ExxonMobil a Pluspetrol, TotalEnergies a YPF, Petronas y Equinor a Vista) y otras cuatro de áreas convencionales que YPF cedió a grupos locales: Pérez Companc regresa al oligopolio petrolero, junto con Petroquímica Comodoro Rivadavia y Capsa. Molinos Río de la Plata, también de Pérez Companc, sumó NotCo y Bodega Etchart. Manzano, Vila y Filiberti agregaron Metrogas a Edenor, y Filiberti está a punto de quedarse con el 90% de AySA, de la que ya es proveedor mediante Transclor. Edison Transmisión, de los hermanos Neuss, Newsan e Inverlat, compró las represas del Comahue y el 50% de Citelec, controlante de Transener. Y emergen grupos no tradicionales como ST, Dreamco, Datco y Simpa.
El RIGI completa el cuadro. Si se computa la inversión inicial mínima comprometida, y no la curva acumulada que difunde el Ministerio de Economía y que sobreestima los montos, los proyectos aprobados hasta octubre de 2026 suman 70.826 millones de dólares. El 42,1% (29.847 millones) corresponde a empresas locales, y el 98,3% de ese monto a grupos económicos: Pluspetrol, Tecpetrol de Techint, Pampa Energía, Sielecki y Petroquímica Comodoro Rivadavia. Los cuatro proyectos en Vaca Muerta explican el 88,4% de lo promocionado a capitales nacionales. El capital extranjero reúne el 32,4% (22.923 millones) en 14 proyectos: 13 de minería metalífera y litio, que concentran el 94,2%, más la planta de Toyota en Zárate. Llama la atención la ausencia de empresas estadounidenses. El 25,5% restante corresponde a consorcios mixtos: Southern Energy, para exportar GNL, con 15.156 millones y liderado por Pan American Energy, y el oleoducto VMOS, con 2.900 millones y liderado por YPF.
Lo que asoma es una comunidad de negocios: los grupos locales en Vaca Muerta, los extranjeros en la minería. Y algo más inquietante. Southern Energy y VMOS se anunciaron antes de la sanción del RIGI, de modo que sus subsidios resultaron redundantes. Además, parte de la inversión promocionada se apoya en activos que acababan de cambiar de manos: el mayor proyecto del régimen, Bajo del Choique-La Invernada de Pluspetrol, con 12.240 millones, se asienta sobre las áreas que ExxonMobil vendió en 2024; Rincón de Aranda llegó a Pampa Energía tras la compra del 45% de Total Austral; Vicuña surgió de la adquisición de Filo Corp por BHP y Lundin Mining, y Fénix, de la compra de Arcadium Lithium por Rio Tinto. Así, los beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios, con estabilidad garantizada por 30 años y libre disponibilidad total de divisas desde el tercer año, tienden a capitalizarse en la centralización del capital y en perjuicio de las arcas públicas. Fiscalizar que lo comprometido efectivamente se invierta no es un detalle.
Detrás de la retórica oficial y de las licitaciones que perdió Techint, los grupos económicos locales avanzan de manera estructural. En las fusiones y adquisiciones y en el RIGI ganan terreno mientras las transnacionales retroceden. La única excepción es la minería, donde el capital extranjero se mantiene al frente por su control tecnológico y por los generosos beneficios del RIGI. El epicentro de la retirada extranjera es la industria, golpeada por una desindustrialización que comenzó en 2016 y que este gobierno acentúa. Procter & Gamble, Mercedes-Benz, Raízen-Shell, Loma Negra y Profertil pasaron a manos locales, y Whirlpool, Electrolux y SKF directamente cerraron. Se profundiza así una tendencia que viene desde la crisis de 2008. Aunque estas hipótesis todavía requieren más investigación, el rumbo es claro, y del dicho al hecho hay un largo trecho: el Presidente pelea con los grupos en las redes mientras su modelo les entrega buena parte de la economía.