SOY GORDA (ESEGÉ)
Vestidas, ¿para qué?
“Vestirnos para desvestirnos, desvestirnos para vestirnos. Vestirnos para tapar lo que no nos gusta porque lo impone el canon. Vestirnos para lo que los otros piensan que uno debe vestirse y hay mucho más”. La enumeración corre por cuenta de Marisa Aguilera, la directora teatral de Urdimbre, una serie de monólogos y piezas breves enlazados por el vestuario. No la temática sobre los géneros del artificio escénico, el del drama y la comedia, sino sobre lo ponible en nuestra vida cotidiana, la ropa que tenemos en el placar.
Urdimbre es el producto del trabajo de un grupo de intérpretes de entre 64 y 82 años, que se está dando en una pequeña sala de Salta al 600, en el barrio de Constitución. “Se trata de una dramaturgia desde el campo del ensayo y que surge a partir de las improvisaciones de las actrices y un único actor varón”.
“Fuimos tomando personajes históricos, les agregamos ficción, inventamos un Paquito Jamandreu con un ayudante que nunca existió y que cuestiona el gusto de Eva. Silvina Ocampo, a la que le critican sus zapatos blancos y sus medias doradas. Alfonsina (Storni), tan distinta a los demás en un mundo de hombres. También creamos a las hermanas Loquillas que se apropian de las experiencias de la otra. Mientras una dice: Entré en la playa Bristol por primera vez con un bikini en 1970, la otra le replica: No, esa fui yo, que mido un metro setenta y cinco y vos me querés robar esa historia”.
“Mi padre dice que la civilización requiere ciertos sacrificios”, dice en una de las piezas Manuelita Rosas, cuando en 1852 él está a punto de ser derrocado y ella va preparando la ropa que se llevará al exilio europeo. Su indumentaria es una atadura, el rojo punzó de la Federación la sujetó y probablemente cuando deje el país será otra cosa“.
Hace una semana, la devolución de un espectador de Urdimbre se transformó en la siguiente reflexión de Aguilera: “El tipo certificó que el punto de vista del otro siempre es el de cada uno, está puesto en un lugar que no es propio, lo descubrí en su mirada y me lo dijo. Vio en cada trabajo enlazado entre el vestirse y el desvestirse un ausente, alguien que no estaba”.
¿Alguna vez pensaste por qué te vestís como lo hacés? ¿Cuántos eventos significativos recordás asociados con determinada prenda? ¿Sabés las manos y la mente de quién estuvieron detrás de su hechura?
Mientras la historia oficial ensalzó los vestidos de ensueño, esculturas de tela ideadas por hombres, hubo creadoras resolviendo el enigma del vestuario para la mujer argentina que está en movimiento.
Pero, ¿quién escribe esa historia de la moda? Las mujeres inyectaron una dosis necesaria de practicidad en el acto de vestirse, opina Lorena Pérez, sin embargo, “lo que trasciende a través de las décadas contó y lo sigue haciendo, predominantemente, desde una lente masculina”.
Autora del libro Modistas, las mujeres que visitieron a la Argentina, Pérez hace las paces con ese vacío y reescribe la memoria, proponiendo una forma de ver y de mostrar nueva; cuenta los cambios a partir de un guardarropa diario que privilegió la función por sobre el ornamento idealizador de una elegancia inmóvil que el patriarcado se encargó de reproducir para estigmatizar a la mujer como un ser estático.
Al evocar décadas pasadas y vestuarios simbólicos, la memoria suele invocar primero el nombre de un modisto varón. “Pero las mujeres tienen el derecho ganado de habitar el espacio que les corresponde; sus aportes exigen el mismo reconocimiento. Como empresarias, han tenido menor visibilidad como líderes, recibiendo menos atención y ocupando roles subordinados en la narrativa hegemónica. Con el impulso de la cuarta ola del feminismo, el sistema de la indumentaria se muestra como un ideario estético liberador: fueron las mujeres quienes sacudieron las estructuras de la moda y pusieron en crisis el concepto decorativo del vestir. Desde entonces, la interpelación permanece abierta. El trabajo diario continúa erosionando los estereotipos de belleza dominantes.
En Modistas, la escritora propone una reflexión crítica sobre las pioneras que fundaron las primeras casas de Alta Costura en Buenos Aires y las artistas que cruzaron su métier con la moda.
Desde la visión austríaca de Fridl Loos hasta la explosión sensorial del Instituto Di Tella con Mary Tapia, Dalila Puzzovio y Delia Cancela, el volumen explora el romance entre la ropa y el cine bajo la influencia de Vanyna de War y el ascenso de la moda boutique; desde la mística de Rosita Bailón en Galería del Este hasta las “boutiqueras” de los años 80, figuras relegadas queconstruyeron distintos modelos de negocio. El fenómeno de Elsa Serrano y las primeras marcas jóvenes de los 80 y 90, diseñadas por féminas. “Recordamos que Palermo Viejo, antes de ser un polo global, fue un barrio regentado por mujeres. Y aunque el Diseño de Autor buscó equilibrar la balanza, las crónicas de ese movimiento insistieron en privilegiar los nombres masculinos. El llamado nuevo diseño argentino surgido en 2010 trajo modos inéditos de producción, pero poco se dice de las mentes detrás de esos cambios. Así como las diseñadoras del rock, estilistas y amigas que construyeron la visual -de Manal a Los Redondos, Luca Prodan y Soda Stereo, pasando por Federico Moura hasta Babasónicos-”.
Modistas aborda las inquietudes femeninas de distintas épocas, enfocadas en la practicidad de un vestuario funcional que no renuncia a los ideales estéticos ni se desconecta de los problemas de su tiempo. Así, contribuye a una comprensión profunda y equitativa que colabora en entender por qué nos vestimos como nos vestimos hoy.
Socióloga, Pérez lleva adelante la investigación Moda y contracultura: prácticas estéticas de los 80 en Buenos Aires y, dentro del Grupo de Estudios sobre Música Popular y América Latina, desarrolla una investigación sobre las intersecciones entre performance y cultura popular, con foco en el rock en Buenos Aires durante la década de 1990, sus lógicas de territorialidad y procesos de recepción. Esta línea de trabajo se extiende a proyectos internacionales sobre la historia de la moda en América Latina publicados en Parsons School of Design (Nueva York). En 2022, obtuvo la Beca Creación del Fondo Nacional de las Artes (FNA) por su investigación Mujeres Vestidas Por Mujeres, punto de partida del libro de El Ateneo, que nos ocupa.
LH/MF