Frente de Todos

Alberto descarta una ruptura con Cristina, pero condiciona el diálogo a que bajen las críticas

Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner

El azar casi produjo lo que la política no puede o no quiere: reunir a Alberto Fernández y Cristina Kirchner. El viernes, el Presidente y la Vice viajaron a los dos extremos del país, él a Ushuaia, ella a Resistencia, coreografía de la distancia que los separa. Al regreso de ambos a Buenos Aires estuvieron a punto de cruzarse: los aviones de ambos aterrizaron con menos de 20 minutos de diferencia en el área oficial.

Las infidencias de Cristina: el "joven economista", el no de Máximo y el cargo que la vice no quiso para Wado

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Fernández estaba en vuelo -que duró 2 horas, 30 minutos- cuando la vice exhibió en Chaco, sin traductores, sus urgencias, la agenda que le importa, los ministros que malquiere -Martín Guzmán y Matías Kulfas- y en la que fue la señal más densa hacia la supervivencia del Frente de Todos, (FdT), su desencanto, quizá irrecuperable, con el experimento que coronó a Fernández como presidente.

Si se hubiesen cruzado al bajar de los aviones, Alberto no podría haberle reprochado a la vice su discurso porque todavía no sabía el contenido. En el sur, antes de los 85 minutos de la exposición de Cristina, se confesó intrigado sobre cuál sería el tono, si estaría en línea con el del Eurolat, o si zambulliría en el barro de la interna oficial.

Para esta opción, indeseada, ya tenía una respuesta que luego desde su entorno se reconfirmó a elDiarioAR: en la medida que se mantenga el fuego K, el presidente no reactivará ninguna instancia para reconstruir algún tipo de convivencia. Sin embargo, ese mismo dato puede leerse la positiva: lo que el presidente charla con gobernadores y legisladores es su voluntad es reestablecer un vínculo con el dispositivo cristinista.

Esta semana un avión, otro avión, le permitirá a Fernández alejarse de la crisis interna infinita. Hará una gira europea que incluye escalas ya aseguradas en Madrid para reunirse, entre otros, con el presidente español, Pedro Sánchez, y al menos dos días en Berlín en donde tiene previsto encontrarse con el primer ministro alemán, Olaf Scholz. Aún se espera la confirmación de un posible encuentro en París con el recién reelecto Emmanuel Macron.

Rupturas

“Yo no voy a romper”, repite el Presidente, incluso frente a algunos que esperan escuchar lo contrario. “Nada se va a romper. Esto se va a acomodar. Así estamos perdiendo todos”, afirma el presidente y deja que a su lado se proyecte una mesa de diálogo en la que deberían sentarse delegados de ambos sectores, más Sergio Massa, y como contó elDiarioAR el jueves pasado, en la primera instancia no incluiría a los Fernández.

“Eso no va a ocurrir mientras ellos tiran piedras”, aporta un funcionario que imagina un período en que baje la tensión, se retomen los contactos formales, para fijar “reglas de convivencia” para operar sobre los temas de fondo. ¿Qué incluiría?: un reordenamiento del gobierno, posiblemente con cambios de gabinete, y una agenda de gestión acordada.

Dos dirigentes que entornan a Fernández se muestran optimistas de que eso pueda cristalizarse si hay una tregua en la discusión pública, pero todo el proceso está cruzado por una duda. ¿Las críticas de los voceros cristinistas, que el viernes sintetizó y confirmó la vice, son para generar que el presidente los llame? Es un argumento que emiten las usinas K, en particular de La Cámpora. ¿O se trata de un movimiento para reforzar del desarraigo del gobierno y la distancia con Fernández, con el objetivo de tratar de consolidar a su núcleo duro? Está extendido, sobre todo en el PJ territorial, esta lectura y se nutre de un elemento que varios escucharon en boca de Cristina y de Máximo: el destino electoral en el 2023 es perdidoso y el único recurso, con esa pendiente pronunciada, es soldar las adhesiones de los más fieles.

No son, por otro lado, propósitos antagónicos. Un interrogante adicional en el albertismo es si en una mesa de convivencia es posible lograr puntos de acuerdo. “Alberto y Cristina quieren lo mismo y piensan parecido. No debería ser tan difícil”, apuntan dos voces de la cercanía presidencial. La infinita enumeración de objeciones de la vice sobre el desempeño del equipo económico relativizan aquella expectativa.

Deterioro

Lo que la vice logró, buscado o no, fue que parte de sus adherentes empiecen a mirar a Alberto casi como un enemigo. El dato aparece en todas las encuestas: entre diciembre y abril, la imagen positiva del presidente cayó varios puntos y quedó por debajo de la de Cristina, que tiene una negatividad soldada. En las semanas de forcejeo con el cristinismo, se evaporó una jactancia del albertismo: que en la cuenta final, el presidente era el que mejor medía de los cinco principales referentes del FdT, póker donde están Cristina, Máximo, Massa y Axel Kicillof.

Eso, en una lectura lineal, significaba que Fernández era el único que “rompía”, aunque sea por pocos votos, el techo del FdT. Eso ya no ocurre porque el presidente no retiene, siquiera, la totalidad de las simpatías cristinistas. Se puede leer en clave brutal: que una de las prioridades de la vice sea eliminar cualquier posibilidad o expectativa de que Alberto pueda ser reelecto. Más áspero: que no fantasee siquiera con la reelección.

“A Cristina le molestó que Alberto haya hablado de su reelección”, comenta un peronista próximo al camporismo y enumera ese, entre otros enojos de la vice que, a su vez, pide que no se interprete lo que hace como si fuese reacciones hormonales. El reproche que partió de la creencia que fue un criterio de oportunidad anunciar sus deseos de reelegir, en Chaco sumó un trasfondo: Cristina recordó que antes de ser electo por ella, Fernández no tenía ningún poder per se, al punto que lo puso en una categoría menor a Masa, Héctor Daer de la CGT o Emilio Pésico del Movimiento Evita.

Tampoco es gratis. La caída de Fernández no se traduce en una mejora de Cristina. De hecho, según un sondeo que se atribuye al catalán Antoni Gutiérrez Rubí, Máximo Kirchner es el que peor rankea y su tope máximo de negatividad fue cuando renunció al bloque del FdT, tras el acuerdo con el FMI.

Agenda

En Chaco, Cristina Kirchner archivó el recurso de los voceros y el bisbiseo de intermediarios que la visitan en el Senado y luego retrasmiten su malestar. Renegó de su propia creación. La considera, todavía, una “decisión inteligente” porque le sirvió para derrotar a Mauricio Macri. Pero a aquella jugada de TEG, que el sistema de poder asimiló como una genialidad táctica para lograr su regreso, en algún momento lo anotó en su cuenta íntima de errores políticos.

Se atribuye a una ironía de un dirigente K el concepto de casting defectuoso para describir los tropiezos de la vice en su criterio de selección de candidatos: con justicia o no, se suele anotar en ese club a Amado Boudou y a Martín Insaurralde en 2013. Y, con matices, a Daniel Scioli o su vice, Gabriel Mariotto. Fueron piezas que Cristina puso en su ajedrez y de las que muy pronto renegó. De otra dimensión política e institucional, lo de Fernández está, para la vice, en esa categoría.

Por momento, parece que Cristina pasó a pérdida la inversión Alberto. En su discurso de 85 minutos en Resistencia, objetó al gobierno en todos los frentes y luego de esa enumeración es difícil proyectar un atajo donde las partes puedan sentarse para lograr acuerdos sin que ninguno de los dos capitule.

PI

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