La interna oficial

En alerta por el acto de Cristina en Chaco, el Gobierno busca un acuerdo para pausar la interna

Cristina Kirchner y Alberto Fernández

Hay una razón, a simple vista personal, pero que es política a la vez, que explica el teléfono roto entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Los intermediarios que durante dos años facilitaron el vínculo entre el presidente y la vice están fuera del ring. Se trata de Eduardo “Wado” De Pedro y Máximo Kirchner, dos renunciantes -uno no efectivo, el otro sí- que al salir de escena dejaron de ser intermediarios entre los Fernández.

Hubo, de hecho, otros períodos en los que Alberto y Cristina no se hablaron. Ocurrió entre los primeros días de octubre y el 10 de diciembre del 2020, pero aquel silencio -apenas interrumpido por algún mensaje de Telegram- se subsanó por otra vía: el vínculo diario de Fernández con De Pedro y los almuerzos, en general los jueves y mano a mano en Olivos, entre el Presidente y Máximo.

La ripiosa distancia entre los Fernández la acortaban, en la práctica, Máximo y Wado. Pero uno de los escalones se rompió luego de las PASO; cuando Cristina hizo renunciar al ministro del Interior, y se truncó el enlace más fluido entre el presidente y la vice. “Alberto confiaba ciegamente en Wado”, recuerda un funcionario y fija en aquel hecho, el inicio de la crisis en la cima del FdT que atraviesa, en estos días, la peor de sus horas.

Sin Wado, Máximo quedó como único interlocutor pero con tensiones explícitas acumuladas la relación se deterioró rápidamente. “Alberto le dice que no a todo lo que le propone o sugiere Máximo. Siempre piensa que es para cagarlo”, explicó en su momento un dirigente camporista. Hubo, en particular, un encuentro a fines de diciembre, donde esa negativa sistémica alcanzó su máximo punto. Fue cuando le planteó su renuncia al bloque. Un mes después, el miércoles 26 de enero, Fernández y Máximo hablaron por última vez.

Sin facilitadores

En medio del fuego cruzado, con el cristinismo gritando a viva voz sus desencantos con el gobierno y el rumbo de la política económica, y sin contactos de primer nivel entre el sector del presidente y el de la vice, la principal obsesión de estas horas es lograr que se reconstruya una instancia de conversación. Si todo venía mal, el tratamiento del acuerdo con el FMI -que los legisladores K votaron en contra- y las pedradas sobre la oficina de la vice, que no tuvo respuesta del gobierno, terminaron de romper los últimos canales de diálogo.

Es la opción que volvió a explorarse en estas horas, que tiene algunas pautas preexistentes y un menú parcial de condiciones. Una es que una mesa de diálogo entre los dos sectores, más la presencia de Massa, no incluiría en una primera etapa a los Fernández: no estarían ni Alberto ni Cristina. La hoja de ruta, que circula en despachos de Casa Rosada, es establecer un ámbito para retomar el diálogo entre los sectores para discutir un reordenamiento del gobierno -puntualmente del gabinete- y acordar un esquema básico de medidas.

“Estamos a tiempo: si salimos de la pelea diaria, que no le conviene a nadie, nos juntamos, acomodas el gabinete, relanzamos el gobierno, tenemos ocho o nueve meses para ver si cambiamos la tendencia para llegar mejor a la elección del año que viene”, explicó a elDiarioAr un dirigente involucrado en esas conversaciones que son, todavía, preliminares.

¿Por que tanta cautela? Porque este viernes, a las 5 de la tarde, Cristina hablará en Chaco y no hay certezas de cuál será el tono de ese discurso: si mantendrá la línea que inició Andrés “Cuervo” Larroque, con sus cuestionamientos a Fernández y sus ministros, o si repetirá el modelo del Eurolat en el CCK donde la vice hizo una disertación geopolítica, aunque tuvo -en un tramo- una frase envenenada que se interpretó como un sablazo al presidente.

Una de las cláusulas no escritas es que baje la metralla verbal y mediática. Una precondición del albertismo es que se apaguen las voces críticas para generar la tregua que permita la convocatoria. Como no hay certezas sobre qué hará la vice en Chaco, todos los movimientos para producir acercamientos son ultra cautelosos.

El otro aspecto, operativo, es que Fernández viajará a Europa la semana próxima. Esa ausencia, dicen en gobierno, puede ayudar a apagar el ruido mediático y permitir que se retomen las conversaciones. “En los dos sectores sabemos que así, esto termina mal para todos. Para nosotros y para la gente. Estamos trabajando para Macri”, apunta un albertista que señala a “Wado” como un factor esencial en esta etapa, incipiente, y sin ninguna certeza de éxito, de construir una mesa de acuerdo en el FdT.

Si bien Fernández no reconstruyó la relación con De Pedro, sin otras terminales en el dispositivo cristinista, decidió perdonar la renuncia del ministro en septiembre del año pasado, que interpretó como una traición. Además de De Pedro y Massa, en la mesa estarían el jefe de Gabinete Juan Manzur y alguno de los ministros considerados albertistas: Juan Zabaleta, Gabriel Katopodis o Santiago Cafiero.

En Gobierno se opera sobre la convicción de que las críticas públicas de los voceros K tienen como objetivo que “Alberto los convoque a hablar”. En Casa Rosada dicen que Fernández está muy molesto pero que, de todos modos, validara que se reabra una instancia de conversación. No es, a simple vista, la institucionalización que plantean varios actores: antes de avanzar en ese proceso, el objetivo es que interlocutores del presidente y la vice vuelvan a hablar.

De hecho, aunque se arme una mesa de acuerdo, nadie se atreve a dar por hecho que pueda lograrse un acuerdo.

Asoman, en paralelo, otras especulaciones. Por ejemplo, que una mesa de discusión política del FdT en vez de servir para encontrar puntos de acuerdo, tenga el efecto contrario.

Cerca del presidente y en el entorno del ministro del Interior dicen que la reunión entre ambos el lunes al mediodía no tuvo que ver con la creación de esa mesa, pero en Casa Rosada, le otorgan un rol central a De Pedro porque aparece, actualmente, como el único enlace entre los dos mundos fernandistas. Las últimas metrallas verbales de Andrés Larroque, que tuvo antes una discusión telefónica con el presidente, rompieron los contactos del ministro de Axel Kicillof con el entorno presidencial.

PI

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