La culpa no es de Narciso
Hoy se nombra como narcisista a cualquier actitud más o menos egoísta, cuando se trata de otra cosa. Tener criterio clínico implica dejar de lado el sentido común.
Unos de los puntos más significativos para entender la personalidad narcisista es su tipo de libido. Investir objetos con libido narcisista es algo diferente a hacerlo con libido objetal propiamente dicha.
La libido narcisista es fuertemente adhesiva, pero también muy frágil. Por eso no suele ser elaborada a través de duelos, tal como ya lo planteó Sigmund Freud. En la personalidad narcisista, se reconoce un criterio vincular: se busca en el otro a uno mismo.
Dicho de otro modo, la relación con el otro es bivalente: es la relación con el otro, pero también con uno mismo a través del otro. A este aspecto apunta la personalidad narcisista; por eso tiende a ocupar roles definidos en los vínculos: el/la normal, el/la sano/a, el/la ideal o que hace las cosas bien, etcétera.
La contracara de esta búsqueda de sí mismo en el otro es que, ante la negativa de este, la vivencia de rechazo despierta agresividad, una culpa que no se puede tolerar y, por lo tanto, se proyecta.
Como contrapunto, pensemos ahora en una situación típica del tratamiento del neurótico obsesivo: discute con su pareja y teme que esta pueda dejarlo; pero si teme que pueda dejarlo, es porque ya da por sentado que no lo hará. Por eso se atrevió a discutir.
La eficacia de ese temor va de la mano de que sienta culpa. Entonces, a partir de ese momento se relacionará con su pareja a través de la culpa. No es que hará cosas y se sentirá culpable, sino que las hará para sentir culpa y, por lo tanto, no separarse.
De este modo, el reverso del temor de que lo dejen es su posición culposa, basada en no separarse. El obsesivo se pone en pareja con un mandato implícito: no me voy a separar. La culpa asegura que así sea.
Pensemos en otra situación, la de un histérico, que en el vínculo siempre se reserva una parte de sí, que no comparte, a la que el otro no llega, al punto de que se relaciona con su pareja en función de que esta no lo conozca del todo.
Entonces, la contraparte del temor obsesivo a ser dejado es, en la histeria, el miedo a que el otro se enoje. ¿Por qué se enojaría? Por lo que el histérico no da. Lo que el otro podría sacarle con su enojo es el correlato de lo que el sujeto reserva, también con culpa.
Los histéricos conocen esa pasión por dejarle el enojo siempre al otro; ese enojo al que responden defensivamente “No es mi culpa” y claro que lo es, pero no por “hacer enojar” al otro, sino por los rodeos, circuitos y evasiones con que lo dejan fuera de juego.
La culpa del histérico siempre se afirma con la aclaración “No es mi culpa”. Y estas distinciones permiten situar cómo la culpa es uno de los modos del goce en las neurosis.
Los neuróticos usan la culpa para relacionarse, al punto de que sus vínculos terminan por estar basados en la culpa antes que en el amor. Mejor dicho, aman con y por culpa.
En la patología narcisista, en cambio, la culpa tiene otra forma (proyectiva) y no es que se pueda hacer el diagnóstico diferencial con la neurosis en términos de presencia-ausencia de culpa.
LL/MF
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