Tras diez días de silencio, Milei cruzó a Harari por la regulación de IA: “No significa lanzar el Día del Juicio de Terminator”
Diez días después de que el historiador israelí Yuval Harari cuestionó a Javier Milei por sus ideas de crear sociedades sin humanos, este jueves llegó la respuesta oficial por medio de un comunicado de la llamada “Oficina del Presidente” en el que el Gobierno argentino sostuvo que “otorgar personalidad jurídica a las compañías de IA no significa lanzar el Día del Juicio de Terminator”.
En el texto, Milei enfatizó que se trata de “ofrecer el refugio que James Watt necesitó hace 200 años, permitiendo que la imaginación se desarrolle y crezca con libertad”.
En un artículo publicado por Financial Times, Harari cuestionó la idea de Milei de habilitar la existencia legal de empresas que operan exclusivamente mediante algoritmos o inteligencia artificial, sin empleados ni gerentes humanos en otra columna en el mismo medio y firmada junto al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger. El historiador señaló que este proyecto podría convertir al país en un paraíso sin control para la IA. Según explicó, el reconocimiento legal de empresas creadas por algoritmos funcionaría como una especie de “llave maestra” que permitiría a sistemas de inteligencia artificial intervenir de manera autónoma en ámbitos financieros, económicos y políticos.
Hoy, el Presidente publicó un comunicado en el que señala: “Esto me recuerda a una historia de Isaac Asimov en Yo, Robot, escrita en 1950, en la que una campaña política se ve opacada por la sospecha de que el candidato favorito podría ser un robot. El debate resultante es fascinante. La conclusión: el robot trabaja sin parar, es escrupulosamente honesto y nunca pierde la compostura. ¿Por qué no probar con el político robot? Nadie lo sabe con certeza, pero considero probable que las empresas de IA serán más adversas al riesgo que los humanos”.
Según la mirada de Milei, “las preocupaciones de Harari son un argumento a favor de la personalidad jurídica, no lo contrario” y remarcó que la personalidad jurídica “lejos de facilitar abusos, es precisamente el mecanismo mediante el cual una sociedad canaliza su energía creativa dentro del marco de la ley, los derechos de propiedad y el principio de no agresión que forman los pilares del liberalismo”.
El 1 de junio, el Gobierno oficializó el envío al Senado de un proyecto de Ley General de Sociedades. Se trata de la reforma más profunda al derecho societario argentino desde 1972, cuando la dictadura de Lanusse sancionó la Ley 19.550 que aún rige. El proyecto define la Sociedad Automatizada como aquella que “desarrolla su objeto social mediante sistemas algorítmicos autónomos o agentes de inteligencia artificial, sin requerir trabajadores en relación de dependencia ni recursos humanos para su operación ordinaria”. La sociedad responde con su patrimonio por los daños que causen esos sistemas. En términos concretos: un algoritmo que ofrece un servicio o producto de forma autónoma puede constituirse como empresa, negociar con terceros y limitar su responsabilidad al patrimonio societario. Un robot con personería jurídica.
En el artículo escrito para el Financial Times, titulado “Argentina invita a la inteligencia artificial a liberarse” (“Argentina invites AI to free itself”, en su título original en el inglés), Milei arranca con una analogía histórica: la fundación de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en 1602 como origen de la sociedad de responsabilidad limitada y motor del capitalismo industrial. “La máquina y la entidad legal fueron, juntas, la doble hélice de la prosperidad moderna”, escribió.
En su respuesta, Harari –autor de los ya célebres Sapiens(2011), Nexus (2020) y Homo Deus (2015)– escribió: “Milei espera convertir Buenos Aires en una nueva Ámsterdam. Corre el riesgo de convertirla en una nueva Batavia”, escribió en referencia a la capital de las antiguas colonias neerlandesas en Asia –hoy Yakarta, capital de Indonesia– asociada históricamente al poder de las grandes compañías comerciales.
En otro tramo advirtió que “Otorgar personalidad jurídica a las IA permitiría a los agentes de IA emprender numerosas iniciativas nuevas, generando potencialmente una enorme riqueza. Sin embargo, la personalidad jurídica es una llave de uso general que también les permitiría acceder a nuestros sistemas financieros, económicos y políticos. Esto suscita muchas preocupaciones”.
Lo cierto es que las críticas del prestigioso historiador israelí generaron malestar en el Gobierno que no supo cómo responderle. De hecho, el mismo día que el Financial Times publicó el artículo de Harari, Milei escribió en su cuenta de X: “. ¡Ya estoy preparando mi respuesta para ver si podemos calmar tus temores sobre el camino que propuse la semana pasada!”.
Al Gobierno le tomó diez días elaborar la respuesta que llegó hoy: “Siempre es un placer y un honor que Noah Harari comente una de las ideas de uno. Sin embargo, la preocupación de Harari respecto de las sociedades de responsabilidad limitada operadas de manera autónoma por inteligencia artificial es, en todo caso, inesperada”, comenzó el Presidente.
“En primer lugar, porque probablemente ninguna persona en el mundo pueda prever el futuro tan bien como él; y otorgarles a las empresas gestionadas por IA un marco jurídico parece ser una característica necesaria de ese futuro. En segundo lugar, porque en Sapiens Harari elogia la responsabilidad limitada. De hecho, sostiene: ‘La idea detrás de tales compañías se encuentra entre las invenciones más ingeniosas de la humanidad’”, siguió.
Según precisa el comunicado de la Oficina del Presidente, Milei planteó sus “reparos respecto de su preocupación por la supuesta capacidad especial de la IA para encontrar vacíos legales o hacer trampas. No es que avalemos tales conductas. Sin embargo, incluso antes de preguntarnos por qué esos vacíos no pueden corregirse, deberíamos preguntarnos: ¿acaso los seres humanos no hacen lo mismo? Y aun así, eso no es motivo para abolir las estructuras corporativas, y no creo que nadie lo haya sugerido en el caso de empresas dirigidas por personas. Ni siquiera después de Enron. De hecho, preferiría tener un patrimonio contra el cual hacer valer un reclamo si una IA me perjudica, antes que no tener protección alguna. Huelga decir que, en nuestro esquema, las mismas penas y sanciones que se aplican a compañías cuyos directivos humanos cometen irregularidades se aplicarían a las firmas autónomas”.
CC
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