Fase terminal

La pelea entre Kicillof y Cristina y la posible suspensión de las PASO acerca al peronismo a una fractura

Axel Kicillof hizo un gesto con la cara cuando se enteró de que el orador del acto de Parque Lezama sería Máximo Kirchner, pero no dijo nada. Lo que vino después no le sorprendió, se esperaba un pase de factura en ocasión del aniversario de la detención de Cristina Fernández de Kirchner, pero sí al resto del panperonismo. La interna entró a una nueva etapa, la de la guerra a cara descubierta, y el kirchnerismo coquetea abiertamente con la ruptura. Cristina está convencida de que Kicillof es un traidor y Kicillof que cualquier acercamiento a Cristina es una trampa. Y los gobernadores, mientras el kirchnerismo se derrumba, buscan candidatos por afuera y le aseguran al Gobierno que le prestarán los votos para sellar la condena del peronismo. Es decir: la eliminación de las PASO. 

Algo se rompió en el peronismo. Empezó el sábado con el discurso de Kirchner, en el que cuestionó a “los que hablan todo el día de unidad y no son capaces de ir a verla (a Cristina) a San José”, y continuó durante la semana con la intervención de un nutrido grupo de voceros. Los escuderos de Máximo, Facundo Tignanelli y Emannuel González Santalla, recorrieron streamings y usaron las redes para disciplinar cualquier comentario crítico al acto. Mario Ishii denunció, durante una sesión del Senado bonaerense, la falta de vacunas en el conurbano y Verónica Magario le cortó el micrófono. Cruzó una línea roja: hasta entonces, ningún dirigente se había animado a cuestionar en público la gestión bonaerense. 

Hasta Guillermo Moreno, que pasó de decir que “los pibes de La Cámpora no saben laburar” a ocupar el primer lugar en el acto organizado por Máximo en Parque Lezama, acusó a Kicillof de “desagradecido” y advirtió que “antes que quede Kicillof, el peronismo va con dos listas”.

El cristinismo decidió blanquear su ruptura política con Kicillof. Detrás del bombardeo mediático, hay una lógica política y electoral: disputar el dominio sobre el electorado kirchnerista, especialmente en el conurbano, y utilizarlo como insumo de acumulación política de cara a la próxima elección. Ya sea para tironear hasta último momento y negociar una lista de unidad o para avanzar con listas separadas, el cristinismo necesita ratificar que el voto peronista en Provincia de Buenos Aires es un voto de Cristina. No del kirchnerismo, no de los intendentes, no de Kicillof. De Cristina. 

“Cristina Presidenta”

El cristinismo cambió el slogan de campaña, que mutó de “Cristina libre” a “Cristina presidenta”. La primera campaña, enfocada en denunciar la situación judicial en tribunales extranjeros y generar conciencia sobre las injustas condiciones de detención, no generó el efecto esperado. La libertad de Cristina, un reclamo que consideran que debe aunar cualquier oferta electoral peronista, no alcanzó como estrategia de acumulación política. Necesitaban otra, por lo que optaron por cambiar el plan y apelar a la misma estrategia utilizada en 2023 y 2019: el operativo clamor

“Vas a los barrios y decir ‘Cristina presidenta’ genera algo, mueve cierta expectativa. No importa que no pueda ser, es lo que genera”, explica un dirigente de La Cámpora que, como el propio Máximo, no desconoce que la bandera de “Cristina presidenta” es simbólica. La ex presidenta fue inhabilitada para ocupar cargos públicos de por vida debido a la condena de la causa Vialidad y, a menos que la indulten o la Comisión Interamericana de Derechos Humanos pida revisar su condena, su candidatura es una quimera. 

Como sucedió en 2023, cuando CFK atizó un operativo clamor para negociar desde un lugar de mayor fortaleza –en ese momento fue Andrés “Cuervo” Larroque uno de los principales instigadores, hoy enemigo público número uno en el cosmos cristinista–, la bandera de “Cristina Presidenta” es un mecanismo de acumulación política. Un mecanismo que tiene más sentido si se pone el foco en la Provincia de Buenos Aires, madre de todas las batallas del kirchnerismo. 

La ex presidenta quiere asegurarse la sucesión en la Provincia. “A ella lo único que le importa es conservar PBA. Ella quiere designar el candidato a gobernador y es lógico que lo haga”, advierte una importante dirigenta peronista que dialoga semanalmente con CFK. La Provincia es, por un lado, una trinchera desde donde resistir en el caso de que Milei reelija en 2027, una hipótesis derrotista a la que abrevan varios dirigentes cristinistas y, por momentos, el propio Sergio Massa. 

Pero es también la base del voto peronista que definirá la elección presidencial: sin una diferencia de al menos 5 puntos en PBA, el triunfo frente a Milei se vuelve casi imposible. 

La negativa del gobernador bonaerense a reunirse con CFK representa, en este sentido, no solo una traición personal, sino también política. “Si se juntan, Cristina le va a pedir algo a Axel que Axel no está dispuesto a darle”, explica un referente kicillofista. Kicillof no está dispuesto a canjear la bendición de la ex presidenta por la candidatura a la Gobernación bonaerense y esa negativa a conversarlo es lo que llevó a la interna peronista a un punto de no retorno.

Para el entorno de Kicillof, esta decisión es una muestra de autonomía y de liderazgo. Una estrategia defensiva ante el dedo totalizador de Cristina que, de bendecirlo desde San José, lo condenará a repetir el destino de Alberto Fernández. “Es un error acordar con Cristina porque Cristina no entiende de acuerdos. Hoy Axel no tiene armado ni volumen político, pero si se muestra como el candidato de Cristina se convierte en otro Alberto Fernández”, señala un dirigente que integra la mesa chica del kicillofismo.

Para el resto del peronismo, sin embargo, la negativa de Kicillof a acordar con Cristina es una muestra de su cerrazón, de su negativa a ampliar el espacio. Lo repiten los cristinistas, pero también los massistas, los graboisistas, los gobernadores y más de un dirigente que milita en su espacio pero observa con desconfianza la resistencia a dar el gran paso. 

Suspensión de las PASO, ¿y ahora qué?

Frente a la amenaza de la fractura, siempre hay una salida elegante: la promesa salvadora de unas PASO que, con responsabilidad, diriman la interna fraticida del kirchnerismo. Es la respuesta a todas las preguntas incómodas, a todas las impugnaciones de la militancia por estar jugando a la interna en el momento de mayor debilidad del Gobierno. 

“Hay dos maneras de resolver esto. De manera responsable, que es que todos acumulen desde donde se les cante y se dirime en unas PASO. O la irresponsable, que es que se dinamiten todos los puentes y ahí sí la capacidad electoral de Cristina puede hacer que no lleguemos a un ballotage”, analiza un funcionario bonaerense. 

La vela prendida a las PASO tiene, sin embargo, un problema. Y es que el Gobierno asegura tener los votos para suspenderlas. Hace ya varios meses que Diego Santilli viene negociando con los gobernadores distintos mecanismos que le permitan romper la estrategia opositora y dejarlos sin primarias en 2027. Los gobernadores no quieren eliminarlas, pero sí están dispuestas a suspenderlas con algunas concesiones: acuerdos políticos en las provincias, promesas de transferencias de recursos y de obras y, a su vez, ingenierías electorales que les permitan, si quieren, sumarse a una boleta de La Libertad Avanza. 

Uno de los mecanismos que barajan los gobernadores del Norte es incluir la posibilidad de ir con colectoras a la elección nacional. Las colectoras son listas de distintos partidos o candidatos para una determinada categoría de votación –a gobernador o a legisladores nacionales– que después adhieren a una misma lista para otra categoría, como la presidencial. Este mecanismo, de aprobarse, permitiría a varios gobernadores –incluso algunos peronistas– jugar con la boleta de LLA y competir, a su vez, en otras categorías electorales. 

“Los votos para la suspensión ya están”, advierte un funcionario nacional que está al tanto de las negociaciones. El peronismo observa esta posibilidad y sufre. Sin PASO, no hay nada que impida la fractura.

MCM