La policía reprimió y vació la movilización

Reforma laboral: Bullrich confía en tener el número para aprobar el proyecto pero tambalean algunos artículos

Mientras afuera, en la plaza, la Policía reprimía con gases lacrimógenos para desarticular la movilización, adentro, en el Senado, Patricia Bullrich se movía del despacho al recinto y del recinto al despacho. Estaba confiada en que tendrá los votos para aprobar la reforma laboral, había modificado una treintena de artículos para asegurarse de eso, pero había algunos artículos que tenían el número fino y quería evitar una votación en particular traicionera. El objetivo de Bullrich es mostrarle a los hermanos Milei que fue ella quien aprobó, en dos meses, la reforma laboral “más importante de los últimos 50 años”. Y no quería sorpresas. 

“Me voy a ver si tengo los votos”, ironizaba Bullrich cada vez que enfilaba por el pasillo que conectaba el recinto con su despacho, ubicado en el primer piso del Senado. Javier Milei seguía el debate desde la Quinta de Olivos y conversaba, a través del grupo de WhatsApp que comparte con la mesa política del Gobierno, cómo iba el minuto a minuto del poroteo. El ministro de Interior, Diego Santilli, se instaló en la oficina de Martín Menem, ubicada del otro lado de Pasos Perdidos, y entraba y salía del Senado, atento a ayudar a Bullrich a terminar de cerrar la letra chica del proyecto. 

Bullrich está confiada de que tendrá una cuarentena de votos para aprobar, en general, la reforma laboral. El número del quórum fue un anticipo auspicioso, pero hubo un problema: pese a los múltiples cambios que negoció la tarde anterior, había algunos puntos que tambaleaban y amenazaban con caerse en la votación en particular. “Los sindicatos están presionado”, admitieron desde el Gobierno, que todavía celebraba haber desactivado la convocatoria de un paro por parte de la CGT. 

El mayor reclamo refería a un punto que Bullrich había cedido, en parte, la tarde anterior. A pedido de algunos sindicalistas, el Gobierno había aceptado prorrogar la obligatoriedad de las cuotas solidarias hasta 2028. Había fijado un tope del 2% –es decir que las cuotas que financian a los sindicatos no podían representar más del 2% de los sueldos de los trabajadores– y había fijado que, a partir de 2028, pasarían a ser optativas. Los sindicatos petroleros se resistían y presionaban a los senadores patagónicos, como el santacruceño José Carambia o la neuquina Julieta Corroza, para modificarlo. 

Hasta tarde a la noche, el texto final se continuaba discutiendo. El borrador circulaba pero cambiaba a cada hora. Un detalle que destacó el senador de La Cámpora, Mariano Recalde, que interrumpió a uno de los miembros informantes de La Libertad Avanza al comienzo de la sesión para cuestionarle el contenido del proyecto que estaba defendiendo.

“Es un proyecto muy amplio y dijo algo que me hizo ruido. ¿Efectivamente dice, porque no lo leí, si en caso de quiebra del empleador el trabajador puede cobrar directo del FAL (Fondo de Asistencia Laboral)? Hoy no lo dice. Dice que el único titular de la cuenta es el empleador, y el empleador puede cerrar o quebrar y el trabajador no tiene ningún derecho del FAL”, señaló. Recalde se refería al Fondo de Asistencia Laboral, una creación de Federico Sturzenegger que apunta a financiar las indemnizaciones con el 3% de los aportes patronales que van a la seguridad social.

El Gobierno, que seguía el desarrollo de la sesión minuto a minuto, aprovechó para recortar el video y acusar a Recalde de no haber leído el proyecto de ley. Hasta el presidente tuiteó el video recortado diciendo “Esto es el kirchnerismo”. Mientras tanto, Bullrich seguía negociando cambios y nadie estaba del todo seguro qué sería lo que se votaría al momento de la votación

Cambios y negociaciones 

Bullrich aceptó muchos cambios en los últimos días con el objetivo de ofrecer, sin fisuras ni capítulos caídos, una postal de control político del Senado. Modificó el cálculo del financiamiento del FAL y distinguió entre grandes y pequeñas empresas. Eliminó el artículo que bajaba las alícuotas del impuesto a las Ganancias, que los gobernadores habían cuestionado por desfinanciar a las provincias. Pateó el desfinanciamiento del INCAA para 2028 y dilató la derogación del estatuto del periodista para 2027. Eliminó la posibilidad de depositar el sueldo en billeteras virtuales y fijó en 6% los aportes patronales a las obras sociales de los sindicatos.

Esta estrategia no cayó bien en todo el Gobierno, en donde un sector más duro pujaba por no hacer tantas concesiones. “Aceptó demasiados cambios. Le manejaron la negociación los radicales”, masculló un dirigente libertario, quien deslizó que el proyecto se podría haber aprobado igual sin necesidad de tantas modificaciones. 

Bullrich, sin embargo, quería dar una demostración de fuerza y aprobar la ley con el mayor apoyo posible. Y, con estos cambios, logró anotarse el apoyo de los 10 radicales, quienes habían tenido una dura discusión interna respecto a la decisión de si acompañar el título que elimina el estatuto del periodista a partir de 2027 y el desfinancia el INCAA. Hubo rispideces, pero finalmente todos decidieron votar a favor. 

“Es una ley que le va a permitir a muchas gentes gozar vacaciones, gozar de un aguinaldo, gozar de horas extras. Porque el problema de desinformación que hace la izquierda es el desinformar para atemorizar. El trabajador quiere que le vaya bien a su empresa para que a él le vaya bien”, argumentó la radical santafesina Carolina Losada, en línea con la línea discursiva de Bullrich. 

El proyecto, sin embargo, habilita el fraccionamiento de vacaciones, elimina el aguinaldo en el cálculo de las indemnizaciones y abre la puerta a eliminar las horas extra con el establecimiento del banco de horas. 

El peronismo fue el único bloque que tomó la palabra para cuestionar el proyecto de ley. Incluso los díscolos de Convicción Federal, que están enemistados con Cristina Fernández de Kirchner y a veces votan con el Gobierno, adelantaron su rechazo tajante al proyecto de ley. 

“Es una pena que el peronismo, que tiene al trabajador como columna vertebral, no haya podido estar a la altura de las circunstancias y haya impulsado su reforma laboral. El peronismo no dio respuesta, y no podemos negar la realidad: hace años que este sistema laboral quedó obsoleto”, cuestionó la jujeña Carolina Moises, a quien CFK suspendió del PJ local, y agregó: “Pero esta ley no sirve para generar empleo. Se dijeron barbaridades, esta ley es absolutamente destructiva”. 

Sobre el final, sin embargo, aprovechó para dejar un mensaje interno: “Hace un mes sigo aguantando una campaña espantosa de unos compañeros tratando de manipular mi decisión. Tratando de presionarme con aprietes espantosos. Han llegado hasta expulsarme del partido al que represento por las decisiones que tome en este Senado. No les tengo miedo”, exclamó.

MCM