La carrera hacia 2027
El temor a una derecha dividida obliga a Milei y Macri a ensayar una ¿última? reconciliación
La relación entre Javier Milei y Mauricio Macri parece condenada a empezar de nuevo. Se acercaron cuando el libertario necesitaba ganar una elección, imaginaron una sociedad política que nunca terminó de concretarse, acumularon reproches, volvieron a encontrarse alrededor de unas milanesas, dejaron de hablar y hasta permitieron que sus partidos compitieran entre sí. Cada reconciliación pareció contener las razones de la pelea siguiente. Ahora, cuando falta poco más de un año para las presidenciales, La Libertad Avanza y el PRO descubrieron que quizás ya no tengan demasiado tiempo para seguir ensayando rupturas.
El último deshielo ni siquiera necesitó una conversación entre los dos protagonistas. Macri retomó esta semana el contacto con Karina Milei, quien siempre le desconfió, y alcanzó ese intercambio para destrabar una relación que llevaba meses congelada. Cristian Ritondo y Fernando de Andreis llegaron el jueves a la Casa Rosada para reunirse con Diego Santilli y los primos “Lule” y Martín Menem. La conversación se extendió durante casi dos horas.
Formalmente, hablaron de la agenda legislativa. Pero detrás de las leyes, el calendario empieza a imponer una discusión más urgente: cómo evitar que libertarios y macristas lleguen separados a 2027. No hubo grandes anuncios, pero sí una decisión que mostró la intención de darle continuidad al intento: la mesa volverá a reunirse cada quince días.
La preocupación por una virtual fragmentación del electorado de derecha ganó terreno dentro del Gobierno durante las últimas semanas. La Libertad Avanza consiguió ocupar buena parte del espacio que durante años perteneció al PRO y Milei conserva un núcleo electoral propio. Pero una presidencial plantea otra lógica. Una oferta competitiva dentro del mismo universo puede quitarle los puntos necesarios para dificultar una victoria en primera vuelta y alterar las condiciones de un eventual ballotage. “No podemos regalar cinco o seis puntos por una pelea entre nosotros”, resume uno de los dirigentes que participa de las conversaciones con el macrismo.
La historia empezó de una manera muy diferente. Después de las elecciones generales de 2023, Macri fue decisivo para abrirle a Milei las puertas de una parte importante del electorado de Juntos por el Cambio. El respaldo de Patricia Bullrich y la estructura que se puso detrás del libertario para enfrentar a Sergio Massa inauguraron una sociedad construida alrededor de una urgencia: impedir una victoria del peronismo.
Milei ganó. Y casi inmediatamente apareció la pregunta que atravesaría toda la relación posterior: ¿qué lugar debía ocupar Macri dentro del nuevo poder? El expresidente imaginó que el respaldo brindado en el momento de mayor fragilidad podía transformarse en influencia sobre el rumbo del Gobierno. Milei alimentaba esa expectativa con elogios. Lo recibía en Olivos y nunca ocultaba su admiración. Macri, a su vez, se veía en condiciones de aportar experiencia, cuadros técnicos y una estructura partidaria que el libertario todavía no tenía.
Pero las expectativas nunca terminaron de coincidir. La sociedad que había funcionado para ganar el ballotage comenzó a mostrar sus límites apenas hubo que repartir poder. “Mauricio siempre creyó que en algún momento iba a existir un acuerdo político más amplio. Eso nunca pasó”, explican todavía en su entorno.
La diferencia se convirtió en una fuente permanente de reproches. Cerca del expresidente comenzaron a acumular una lista de compromisos que consideraban incumplidos y decisiones de las que, según se quejaban, se enteraban cuando ya estaban tomadas. “Nos llamaban para acompañar, pero nunca para discutir antes qué se iba a hacer”, sintetiza un dirigente amarillo que siguió de cerca varios de aquellos intentos de acercamiento. En la Casa Rosada nunca reconocieron que el respaldo de hace tres años le otorgara a Macri derecho a intervenir sobre la composición del Gobierno.
Karina Milei fue todavía más resistente. Entendió desde el comienzo que construir La Libertad Avanza como fuerza nacional implicaba disputar precisamente el espacio que durante casi dos décadas había ocupado el PRO. Mientras Macri imaginaba una convergencia, la secretaria general trabajaba para desarrollar una estructura libertaria que no dependiera del partido amarillo. “Karina nunca quiso una fusión. Quería construir algo propio y, si podía, llevarse a los mejores dirigentes del PRO”, describe alguien que conoce las discusiones de aquellos meses.
La escena del jueves expuso esa transformación con una ironía difícil de pasar por alto. Santilli, uno de los dirigentes que durante años encarnó el recambio del PRO, se sentó del lado del Gobierno para negociar con los enviados de Macri. El actual jefe de Gabinete es, además, una de las figuras que aparecen en las conversaciones para disputar la gobernación bonaerense en 2027.
La última cena entre Milei y Macri graficó a la perfección aquellos desencuentos. En noviembre pasado, se encontraron en Olivos alrededor de las habituales milanesas, pero el expresidente salió molesto después de enterarse de que Manuel Adorni sería designado jefe de Gabinete en lugar de Guillermo Francos. El nombre tenía una carga política difícil de soslayar para el fundador del PRO: apenas unos meses antes, Adorni había encabezado la lista libertaria que derrotó al partido amarillo en las elecciones locales de la ciudad de Buenos Aires de mayo de 2025. Ese día, Macri había llegado a la quinta presidencial con otras expectativas sobre la reorganización del Gobierno. No volvieron a hablar.
Mientras la relación personal permaneció congelada, 2027 modificó los incentivos. Para la Casa Rosada, el PRO dejó de representar solamente una estructura a la que podía quitarle dirigentes y electores. También puede convertirse, si decide competir por separado, en una fuerza capaz de restarle votos a Milei exactamente allí donde más los necesita. “Una cosa es competir para crecer y otra es dividirte en una presidencial en la que querés reelegir”, señalan cerca de uno de los negociadores libertarios.
Por eso, existe una diferencia fundamental respecto del Pacto de Acassuso, como se bautizó el acuerdo de 2023 en alusión a la localidad bonaerense donde está ubicada la casa de Macri. Entonces era Milei quien llegaba al expresidente necesitado de estructura y votos. Hoy el libertario conduce la fuerza dominante de la derecha y el PRO pelea por conservar su identidad. ¿Puede Macri darse el lujo de romper con quien terminó quedándose con buena parte de su electorado? ¿Y puede Milei arriesgarse a que los votos que todavía conserva el PRO terminen complicando el 2027?
Eso explica también que Karina haya reabierto un canal que durante meses pareció prescindible. No se trata necesariamente de devolverle a Macri la influencia que reclamó desde el comienzo. Para Macri, el desafío es el inverso. Necesita aprovechar esa necesidad para preservar al PRO sin terminar de diluirlo dentro del universo libertario. Debe demostrar que todavía conserva suficientes votos para ser necesario, pero sin llegar al extremo de tener que contarlos en una elección que podría demostrar lo contrario.
En 2023, ese temor tenía nombre y apellido: Sergio Massa. En 2027 todavía no está claro quién representará al peronismo, aunque el tigrense merodea, agazapado. Esta vez el riesgo también está dentro de su propio espacio. Una derecha dividida puede convertirse en uno de los principales obstáculos para la reelección de Milei. Y la pregunta vuelve a ser inevitable: ¿cuánto están dispuestos a arriesgar para comprobar quién necesita menos al otro?
PL/MG