Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
Después de meses de tensión

Con la mira en 2027, el Gobierno y el PRO ensayaron un deshielo y empezaron a medir las condiciones de un acuerdo

Cristian Ritondo y Fernando de Andreis fueron los enviados por Macri. Diego Santilli, Martín Menem y el subsecretario de Gestión Institucional, Eduardo "Lule" Menem, por el lado libertario.
13 de agosto de 2026 13:43 h

0

La Libertad Avanza y el PRO dieron este jueves el primer paso formal para explorar un acuerdo político de cara a las elecciones de 2027. La reunión comenzó a las 11 en la Casa Rosada y se extendió durante casi dos horas. Sobre la mesa estuvo la agenda legislativa que el Gobierno pretende impulsar durante el segundo semestre. Pero también sobrevoló una discusión bastante más incómoda: cómo volver a juntar a dos espacios que comparten buena parte de su electorado y de su programa, pero que llevan años acumulando desconfianzas, reproches y facturas pendientes.

El encuentro fue el primer movimiento concreto después del deshielo que habían habilitado Mauricio Macri y Karina Milei a comienzos de la semana. El expresidente y la secretaria general de la Presidencia retomaron el contacto después de meses de distancia y delegaron en sus respectivos representantes la tarea de empezar a reconstruir una relación que terminó considerablemente deteriorada durante la primera mitad del mandato de Javier Milei.

Ritondo y De Andreis llegando a la reunión con Karina Milei en la Casa Rosada.

“Compartimos el convencimiento de que la Argentina no puede volver a caer en manos del populismo. Por eso, esta dinámica de trabajo continuará con reuniones periódicas cada 15 días”, informaron a través de un comunicado luego del encuentro.

Por el PRO llegaron el presidente de su bloque en Diputados, Cristian Ritondo, y el secretario general del partido, Fernando de Andreis, dos dirigentes de máxima confianza de Macri. Del lado del Gobierno los esperaban el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y el subsecretario de Gestión Institucional, Eduardo “Lule” Menem. También participó el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem.

La foto tuvo una particularidad difícil de ignorar. Santilli, durante años uno de los principales dirigentes del PRO, quedó esta vez sentado del lado libertario de la mesa y frente a los enviados de Macri. El actual jefe de Gabinete se convirtió así en uno de los interlocutores elegidos por Karina Milei para negociar con el partido en el que construyó buena parte de su carrera política. Una postal bastante gráfica de cuánto cambió el mapa de poder desde la llegada de Milei a la Casa Rosada.

Martín Menem, titular de la Cámara de Diputados y vicepresidente de La Libertad Avanza.

La composición de la reunión también dejó en claro que no se trató simplemente de una conversación entre operadores parlamentarios. Aunque la agenda legislativa funcionó como argumento formal, participaron dirigentes con capacidad para hablar en nombre de las conducciones políticas de ambos espacios. Macri y Karina Milei no estuvieron presentes, pero fueron quienes terminaron de habilitar el contacto.

Hasta alrededor de ese gesto inicial existen versiones contrapuestas. Cerca de la secretaria general aseguran que fue Macri quien tomó la iniciativa y llamó a Karina Milei. En el PRO responden que antes habían existido varios contactos desde la mesa política libertaria hacia De Andreis para intentar reconstruir el diálogo. La discusión casi infantil acerca de quién llamó primero sirve, de todos modos, para medir el nivel de susceptibilidad que todavía domina la relación. Ninguno quiere aparecer como el que necesitó más que el otro volver a conversar.

Karina Milei y Mauricio Macri.

En el macrismo, de hecho, llegaron al encuentro con una mezcla de predisposición y recelo. Cerca del expresidente admitían que el vínculo quedó demasiado deteriorado como para pensar que una sola reunión pueda recomponerlo y planteaban el encuentro apenas como el comienzo de un proceso. En ese mismo entorno todavía pesan los reproches acumulados durante los primeros dos años y medio de gestión y, sobre todo, la sensación de que muchos de los compromisos asumidos por los libertarios en los distintos intentos de acercamiento nunca terminaron de concretarse.

La última experiencia personal entre Macri y Milei tampoco dejó precisamente un buen recuerdo. El expresidente no volvió a conversar con el jefe de Estado después de aquella cena de milanesas en la Quinta de Olivos en la que Milei le anticipó que Manuel Adorni sería su jefe de Gabinete. Macri había llegado a esa conversación con expectativas bastante diferentes sobre la reorganización del Gobierno y salió molesto. Desde entonces, el vínculo directo entre ambos quedó prácticamente congelado.

Por eso, en el PRO procuran bajar las expectativas sobre la velocidad del acercamiento. No hay todavía un acuerdo electoral ni una negociación abierta por las candidaturas, al menos formalmente. La posición que transmiten cerca de Macri es que primero deberá comprobarse si existe margen para reconstruir una dinámica política común y recién después llegará la discusión por los distritos y los nombres.

Diego Santilli, jefe de Gabinete.

Las diferencias existen. Quedaron expuestas, por ejemplo, durante la discusión por la reforma del Banco Central, donde legisladores amarillos plantearon reparos sobre algunos aspectos del proyecto oficial. Pero son considerablemente menores que las que La Libertad Avanza mantiene con otros bloques de la oposición y en Balcarce 50 parten de una certeza: si hay algún socio natural con el que Milei puede intentar construir una mayoría política más amplia, ese sigue siendo el PRO.

En la agenda inmediata aparece la reforma política que el oficialismo pretende impulsar durante el segundo semestre. Dentro de ese paquete figura la eventual eliminación de las PASO nacionales, una modificación que el Gobierno considera prioritaria y que debería quedar resuelta antes de diciembre, previo al comienzo del año electoral. Pero detrás de esa agenda aparece inevitablemente la discusión que ninguno de los dos espacios quiere todavía admitir como el verdadero objetivo del acercamiento: 2027.

Objetivo: 2027

Karina Milei comenzó a acelerar durante las últimas semanas el armado político con el que pretende garantizar la reelección de su hermano. En ese esquema, el PRO vuelve a aparecer como un socio posible después de más de dos años de una relación atravesada por una contradicción: los amarillos acompañaron al Gobierno en algunas de sus votaciones más importantes mientras el vínculo político entre Macri y la Casa Rosada se deterioraba.

El punto de encuentro más sencillo sigue siendo el adversario. Libertarios y macristas comparten la necesidad de evitar una recuperación del peronismo y, particularmente, que el kirchnerismo conserve espacios decisivos de poder. Esa coincidencia adquiere especial importancia en la provincia de Buenos Aires, donde las conversaciones entre ambos sectores están bastante más avanzadas que a nivel nacional.

El armador bonaerense de LLA, Sebastián Pareja, y Cristian Ritondo.

Allí, Ritondo mantiene un diálogo permanente con Sebastián Pareja, jefe de La Libertad Avanza bonaerense. En ambos espacios consideran que la unidad entre libertarios y macristas es prácticamente una condición indispensable para disputar con posibilidades reales la gobernación.

Santilli es otra pieza central de ese tablero. El jefe de Gabinete conserva su proyecto bonaerense y cuenta con el respaldo de Ritondo para una eventual candidatura a gobernador. La apuesta es construir un frente suficientemente amplio para enfrentar al peronismo y al que eventualmente puedan incorporarse sectores de la UCR. Pero cualquier entendimiento provincial quedará condicionado por lo que ocurra a nivel nacional. Y allí comienza la negociación verdaderamente difícil.

Milei ya trabaja para buscar su reelección. En el PRO, en cambio, todavía hay dirigentes que reclaman preservar una alternativa presidencial propia. La aparición del exministro Hernán Lacunza como eventual candidato, alentada por Macri, volvió a generar ruido en el oficialismo y funcionó como una advertencia: el expresidente todavía pretende llegar a la negociación con alguna ficha propia sobre la mesa.

Jorge y Mauricio Macri.

La relación de fuerzas, sin embargo, ya no es la misma que al comienzo del Gobierno. La Libertad Avanza se consolidó como fuerza nacional y absorbió dirigentes, electores y buena parte de la centralidad que alguna vez tuvo el PRO. Milei ya no necesita al macrismo para legitimarse como alternativa política y pretende que cualquier acuerdo se construya alrededor de su candidatura.

Ahí aparece el dilema para Macri. ¿Hasta dónde puede acercarse a Milei sin convertir al PRO definitivamente en un apéndice de La Libertad Avanza? ¿Y cuánto margen conserva para amenazar con una candidatura propia sin terminar favoreciendo al mismo peronismo que ambos espacios pretenden derrotar?

Para los amarillos, una alianza puede garantizar competitividad, lugares en las listas y la supervivencia de parte de su estructura, pero también acelerar su absorción por el espacio libertario. Para el Gobierno, el desafío es exactamente el inverso: incorporar lo que todavía puede aportar el PRO sin devolverle a Macri una capacidad de condicionamiento que los Milei nunca estuvieron dispuestos a reconocerle.

PL/MC

Etiquetas
stats