YA DEJÓ 12 MUERTOS

Cómo hay que actuar y cómo no ante un incendio forestal como el de España

10 de julio de 2026 20:49 h

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El incendio forestal de Los Gallardos (Almería) ya se convirtió en el más mortífero del siglo XXI en España. El fuego causó al menos 12 muertos, ocho heridos, cuatro de ellos graves, y otras 23 personas todavía no pudieron ser localizadas.

Las primeras investigaciones analizan la posible caída de un cable de tendido eléctrico como posible origen de las llamas. Los expertos consideran que aún es “demasiado pronto para determinar qué provocó los incendios”, pero sí hablan de que hay varios factores por los que las llamas se comportaron de forma tan virulenta.

El consejero andaluz de Presidencia, Sanidad y Emergencias, Antonio Sanz, calificaba la situación en la mañana de este viernes como una “tragedia sin precedentes”. Por su parte, esta misma tarde, el delegado del Gobierno en Andalucía, Pedro Fernández, revelóque la cifra de desalojados ascendió hasta las 1.000 personas: “Unas 130-140 personas siguen en algunos equipamientos de varios municipios colindantes que se ofrecieron desde el primer momento”.

La rápida evolución del incendio forestal

María Barbosa, científica especializada en incendios forestales, Centro Británico de Ecología e Hidrología (UKCEH), explica que para que el fuego avance a una velocidad parecida al de Almería necesita “una fuente de ignición, vegetación seca que pueda actuar como combustible y condiciones meteorológicas” que son favorables para su expansión.

“Las recientes olas de calor en toda Europa han contribuido a secar la vegetación, lo que ha hecho que los combustibles sean más inflamables”, asegura. “Además, el terreno montañoso de la región puede acelerar la propagación del fuego, especialmente cuesta arriba, al tiempo que dificulta las labores de extinción para los equipos de bomberos. Dada la dificultad de predecir con exactitud cuándo se darán las condiciones propicias para grandes incendios forestales, la adaptación es nuestra única vía de avance”

Ferran Dalmau–Rovira, ingeniero forestal y director de la consultora de ingeniería ambiental Medi XXI GSA, miembro de la Fundación Pau Costa, coincide en que, en sus primeras fases, el incendio de Los Gallardos “presentó un comportamiento extremo y muy intenso, favorecido por las altas temperaturas, la baja humedad y el fuerte viento”.

“Existía simultaneidad en Andalucía, lo que ha tensionado al dispositivo de emergencias”, destaca. “El incendio afectó a varias carreteras y dificultó gravemente la movilidad y las operaciones de evacuación”.

Guillermo Rein, catedrático de Ciencias del Fuego en el Imperial College de Londres, también cree que la rápida evolución del fuego ha desbordado “a los cuerpos de bomberos que operan en circunstancias extraordinariamente difíciles”. Pero advierte de que el incendio forestal debe investigarse “minuciosamente”, porque “no se trata ni de una cuestión de destino ni del resultado de un simple error”.

“Las catástrofes provocadas por los incendios forestales suelen ser el resultado de años de negligencia y de una lentitud en la toma de decisiones a la hora de abordar un riesgo natural que se produce en nuestros bosques y ecosistemas y que amenaza cada vez más a nuestras comunidades”, señala.

Cómo hay que actuar y cómo no

La gran duda que dejan casos como el de Almería es cómo hay que actuar si un incendio se origina cerca de nuestra vivienda o en el lugar en el que nos encontramos en ese momento.

Ferran Dalmau–Rovira considera que entre las recomendaciones a tener en cuenta se encuentra, en primer lugar, la de maximizar la seguridad. “Permanecer en edificios resistentes ubicados dentro de un casco urbano consolidado, siempre que las autoridades no hayan ordenado la evacuación”, señala. “Estos entornos ofrecen una menor carga de combustible, mejores condiciones para la intervención de los servicios de emergencia y mayor protección frente a la radiación térmica”.

En el caso de que la situación sea intermedia, explica que “permanecer dentro de un vehículo dentro de casco urbano puede ofrecer una protección temporal frente al calor radiante, las pavesas y el humo”, pero si el incendio tiene un comportamiento extremo, con “cambios bruscos de dirección del viento”, puede convertirlo en una “situación de alto riesgo”.

María Barbosa también pone de manifiesto la necesidad de que, desde las administraciones, se invierta “en prevención, gestionar el combustible, mejorar los sistemas de alerta temprana y garantizar que las personas que viven en zonas de alto riesgo sepan cómo prepararse y actuar”.

“A medida que aumenta el riesgo de incendios forestales en muchas regiones, la creación de comunidades más resistentes al fuego será una de las formas más eficaces de reducir los impactos futuros”, destaca.

Thomas Smith, profesor asociado de Geografía Ambiental en la London School of Economics and Political Science (LSE), apunta a que cuando “las condiciones meteorológicas alcanzan niveles récord, debemos esperar que el comportamiento de los incendios también alcance niveles récord”. “El cambio climático está aumentando la frecuencia y la intensidad del calor extremo y de las condiciones meteorológicas propicias para los incendios que crean estos entornos peligrosos”.