Días de inventos, las series de septiembre
Uno.
A cada día entrar
como quien tropieza
por primera vez con el color
de cada cosa, lo liso
y lo áspero, la luz,
entrar como quien se abre
en un abrazo,
esa caída.
Tuve muy presentes esas líneas de un poema de Alicia Genovese (de pie, señoras y señores) y su libro La invención del equilibrio (Fondo de Cultura Económica, 2024) en las últimas horas. Un problema –¡otra vez!– en los oídos me desacomodó eso que –ingenua o estratégicamente– asumo como estabilidad, un poco lo de todos los días, otro poco lo que doy por hecho, y me hizo tropezar con eso otro que –ingenua o estratégicamente– prefiero ignorar o no tener tan presente: la fragilidad, lo endeble, lo inestable de cualquier cuerpo o cualquier día. Entre estudios, palabras nuevas (otolito, por lejos, la que me capturó) y consultas médicas, volví a los poemas de La invención del equilibrio, a la mirada de Alicia Genovese sobre distintos modos de trastabillar, a la forma en la que el equilibrio, en sus poemas, “existe y no existe” a diario, a esa “ficción amable”, en sus palabras, que hay que crear cada vez. Ese entrar al día que es siempre un tropiezo, que tiene algo de cómico, algo fatal y algo milagroso al mismo tiempo. Sin solemnidad, Alicia Genovese desanda caídas (por empezar, una propia que la tuvo a maltraer y que le señala una suerte de nuevo comienzo); simetrías inconstantes, saltos de trapecistas, vuelos de aves, bailes sigilosos de varias plantas, para posarse –siempre por un rato, siempre en tránsito porque así lo marca lo que ella nombra como el dictum de lo vivo– en invenciones maravillosas como la memoria, la infancia, la lectura, la naturaleza, la literatura o el amor.
Dos. “Me desplazo, ensayo/la invención de un equilibrio”, subrayo en otro de los poemas de Genovese. Todavía un poco mareada por el asunto del oído, voy al teatro a la primera función de Qué gran invento el amor. Es un espectáculo (y me encanta el halo de poca rigidez de la palabra, lo subrayo) que protagoniza Alexandra Kohan y que, a su modo, también desanda varios tropiezos. El primero, claro, el del amor, ese invento que, ha señalado Kohan más de una vez, se sigue escribiendo “porque nunca está escrito del todo” y se sigue escribiendo, también, “porque no hay modo de escribirlo todo sobre él”. Sin solemnidad al igual que Genovese, Kohan parte de sus propias caídas (en las primeras palabras que le escuchamos, asegura que pasó por todos los estados civiles, incluído, sí, ese que no se puede nombrar del todo) para entrar en el amor a través de textos, reflexiones que propician escenas muy graciosas y una selección delicadísima de canciones. Lo que me gustó mucho de esta mirada –pensar al amor como un invento con toda su inestabilidad a cuestas, como una construcción aparatosa que se arma cada vez, como el “sentimiento cómico” que se menciona en Qué gran invento el amor– es que en ese gesto lo aleja de las visiones trágicas o las sentencias que a veces le quieren marcar un final. El amor, desde este ángulo del trastabilleo o el desliz, es más bien una pirueta, “un ejercicio”, como apunta Fito Páez; los enamorados, apenas funámbulos que tropiezan al inventarlo una y otra vez.
Tres. Me quedo un rato en las canciones, en los que las inventan y, sobre todo, en los que, al inventarlas, inventan un universo (de paso: se estrenó por estos días El mundo cabe en una canción, un documental muy sensible que parte de una caída que sufrió Fito Páez y que recorre, sin escaparle a las fragilidades que lo rodean, su vida, sus amores, la búsqueda infructuosa de un equilibrio vital). ¿Qué vino primero? En las primeras líneas de La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares, lo que despierta al fugitivo que narra la historia es un fonógrafo por el que suenan dos canciones de los años '20 (después sabremos que se trata de Té para dos y el pasodoble Valencia). Me gusta pensar que son esas canciones las que inventan de algún modo los días improbables en esa isla; las que inventan la mismísima invención de Morel –esa máquina atroz y perfecta–, y sobre todo, las que inventan al amor del fugitivo por Faustine. Un amor, que él percibe absurdo, y que nace y muere cada vez que él se trepa a unas piedras y, desde ese equilibrio inventado, la observa al atardecer. “Ayer, hoy de nuevo, descubrí que mis noches y días esperan esa hora. La mujer, con sensualidad de cíngara y con el pañuelo de colores demasiado grande, me parece ridícula. Sin embargo, siento, quizá un poco en broma, que si pudiera ser mirado un instante, hablado un instante por ella, afluiría juntamente el socorro que tiene el hombre en los amigos, en las novias y en los que están en su misma sangre”, escribe.
Cuatro. Los otolitos me dan un respiro por un rato. Entonces invento algo para hacer en horas que me tienen desorientada. Doy con la letra de Té para dos y sus enamorados en busca de un lugar en el mundo (“I'm discontented/With homes that are rented/So I have invented/My own”, canta uno de ellos y abre lugar a otro invento). Sigo boyando sin rumbo: paso por una canción suave y magnética de José González que se llama El invento, después reviso nombres de discos de boleros. Hasta que caigo en una página chillona, un poco sospechosa, y leo el nombre de un espectáculo musical que se hizo en Brasil en 2011 y que me hace largar una carcajada: El que inventó el amor fue Roberto Carlos.
Empieza una nueva edición de este invento tropezado que se llama Mil lianas.
1. Libros de septiembre. Hay novedades, rescates, novelas muy esperadas, nombres célebres y apuestas sorprendentes. Pese a los bolsillos cada vez más flacos y a la crisis que atraviesa el sector, las editoriales argentinas y los sellos extranjeros que distribuyen sus libros en el país anunciaron para septiembre la llegada a las librerías de una enorme cantidad de lanzamientos. Entre muchos otros, a lo largo de todo el mes lectoras y lectores podrán encontrarse con títulos de autores y autoras como Elvira Orphée (¡una alegría total que se hayan compilado sus cuentos completos!), Ricardo Strafacce, Héctor G. Oesterheld, Andrea Garrote, Ezequiel Saferstein, Gustavo Álvarez Núñez y Raquel San Martín, entre muchos otros y otras.
Por mi parte, ya empecé con Las iracundas, la nueva novela de Julián López, un autor que me encanta y a quien entrevistaré muy pronto. Además, estoy por arrancar con Pez, piedra, pájaro, lo nuevo de Luciana De Luca, de quien comentamos con mucha alegría sus novelas anteriores El amor es un monstruo de Dios (por acá) y Otras cosas por las que llorar (por acá). También estoy por encarar en breve Entrecasas, de la escritora y artista Leticia Obeid. Lo publicó la editorial cordobesa Lote 11 Ediciones y se propone como una suerte de bitácora alrededor del hogar, el refugio y la intemperie.
Pero por supuesto que hay muchos más libros nuevos este mes. Pueden ver por acá una selección con lo más destacado.
La selección con novedades editoriales de septiembre se puede leer por acá.
2. Series y películas. Estos días también vienen con novedades en el universo del streaming. A lo largo de todo el mes, las plataformas irán subiendo sus lanzamientos, entre series esperadas (ojo que vuelve Slow Horses), producciones novedosas (me tentó una de HBO que se llama Youth, veremos), películas que circularon por festivales (atención por favor con Moscas, de Fernando Eimbcke, es una belleza absoluta y arrasadora) y adaptaciones literarias a la pantalla (hay dos, por ahora: Mis muertos tristes, basada en dos cuentos de Mariana Enriquez y Catedrales, una producción chilena hecha a partir de la novela de Claudia Piñeiro).
Como les comenté arriba, empecé septiembre con el documental El mundo cabe en una canción, que tiene como protagonista a Fito Páez y se puede ver en Netflix. Mientras tanto, también anoto otro documental musical que me genera entusiasmo. Mubi anunció la llegada de Pulp: ¿qué harías por una canción más?, dirigido por Garth Jennings. “Esta producción recorre el extraordinario viaje de una de las bandas más importantes y singulares del Britpop: desde sus comienzos en Sheffield hasta convertirse en un referente de la cultura británica. A través de cuatro décadas de material de archivo inédito y las imágenes de su esperado regreso a los escenarios, la película se adentra en el universo de Pulp de la mano de Jarvis Cocker, cantante, compositor y líder del grupo. Una banda que convirtió el humor, la ironía y las pequeñas historias de la vida cotidiana en canciones que definieron una época”, informaron desde la plataforma.
Pero claro que hay más. Por acá pueden encontrar una guía que armé con los adelantos, las fechas y las plataformas para ver lo más interesante del mes.
La guía con series y películas que llegan al streaming en septiembre se puede leer por acá.
3. Qué gran invento el amor. Música y neurosis. Arriba les hablé de este espectáculo de Alexandra Kohan tramado de manera exquisita a partir de canciones, psicoanálisis y humor, sumo algunos detalles más. Se puede ver todos los jueves, a partir de las 20, en la sala Dumont 4040 (Santos Dumont 4040, CABA) y en escena aparecen la propia Kohan junto a James Cowan (uno de los actores más graciosos que vi en los últimos tiempos) y el músico Pablo Viotti, a cargo del piano. La dirección es de Andrés Caminos y Gadiel Sztryk, también conocidos como Los Sutottos. Como ellos mismos proponen, “se trata de pensar el amor, pero no desde las definiciones que pretenden dictar qué es y qué no es, sino desde las distintas maneras en las que el amor se dice. Hablamos del amor, no para saber qué es, sino para mantenerlo insabido, para inventarlo de nuevo”. Más información sobre funciones y horarios, por acá.
4. Filba 2026. Falta un poco pero voy con algo para agendar: del 30 de septiembre al 4 de octubre tendrá lugar en Buenos Aires una nueva edición del Filba, es decir, del Festival Internacional de Literatura. La palabra que nuclea la programación esta vez es hábitat. “Cómo construimos un espacio que sea nuestro sin que deje de ser de todos? Habitar es una forma de anclar en un territorio y tejer con él una trama de sentidos, memorias y vínculos que nos permite reconocernos en lo que nos rodea. En las ciudades, las lógicas del mercado y la gentrificación entran en tensión con formas de arraigo que crecen por fuera de esas lógicas: comunidades que sostienen la memoria de un barrio, léxicos propios, rituales domésticos que resisten el desarraigo, territorios simbólicos que se construyen puertas adentro y también en la calle, en lo compartido”, señalan desde la organización del festival, que este año, entre las presencias más rutilantes, contará con la participación del escritor Emmanuel Carrère, que será entrevistado por la escritora argentina Leila Guerriero, y la autora irlandesa Claire Keegan.
Como siempre, la mayor parte de la programación es gratuita y se lleva adelante en distintas sedes porteñas. Hay talleres que requieren inscripción previa, hay mesas con autores locales, lecturas dedicadas a la poesía, varias actividades nocturnas y algunos encuentros pagos. Quienes quieran organizarse con tiempo pueden encontrar, por día y horario, la grilla completa por acá.
Banda sonora. Arrancamos hablando de inventos y recordé que por estos días me deslumbró este texto de la escritora Virginia Higa. Ahí habla sobre viajes en el tiempo y sobre una invención propia a la que ella bautizó como “tirar sogas al futuro”. Se me ocurrió entonces sumar a este espacio musical canciones sobre relojes, horas, temporalidades. Se escucha, como siempre, por acá.
Bonus track. Algo interesante si andan por Buenos Aires la semana que viene. El 16 de septiembre, desde las 20, llega la edición 39 de Gente x Gente, un ciclo que reúne a nuevas voces de la literatura y el teatro, coordinado y curado con elegancia por Giuliana Migale Rocco y Delfina Kavulakian. Esta vez el encuentro convoca a siete escritoras, seis actrices e intérpretes que harán música en vivo en la terraza del centro cultural ArtHaus, en el centro porteño.
“Con los mejores deseos es la nueva edición de Gente x Gente, el ciclo en el que las actrices ponen el cuerpo a textos de escritoras contemporáneas. Los textos son de Ana Montes, Sofía de la Vega, Olivia Gallo, Belén Mentasti, Julieta Habif, Giuliana Migale Rocco y Paula Galindez, y los interpretan Renata Moreno, Sofía Moro, Carmela Rivero, Ana Schimelman, Delfina Kavulakian y Julia Zlotnik. La noche cierra con Chechi De Marcos, que toca algunas de sus canciones en formato acústico”, adelantaron las organizadoras. Más información sobre el ciclo y las entradas, por acá.
Posdata. Gracias a todas las personas que me hicieron llegar comentarios muy lindos sobre Mil lianas estas últimas semanas. En especial a Tomás (¡desde Costa Rica!), Debi, Rocío, Maru, Juan y D., la lectora con la que nos cruzamos por Villa Crespo.
¡Hasta la próxima!
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