TURISMO Y SALARIOS

El dólar pisado sigue invitando a vacacionar en el exterior, pero cada vez menos argentinos lo hacen

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Hace un año viajar a Brasil parecía un negocio redondo para miles de argentinos. Las redes sociales comparaban el precio de un departamento en Florianópolis con una semana en la Costa Atlántica, los vuelos salían llenos y los pasos fronterizos registraban un movimiento que confirmaba una idea repetida hasta el cansancio: con este dólar convenía más salir del país que vacacionar en Argentina.

Doce meses después, esa postal empezó a cambiar. El atraso cambiario sigue funcionando como incentivo para mirar hacia afuera, pero el último informe de Estadísticas de Turismo Internacional del Indec mostró un dato nuevo: el déficit turístico empezó a moderarse. No porque se haya revertido el saldo negativo, sino porque entraron más extranjeros y, sobre todo, porque salieron menos argentinos.

En mayo de 2026 ingresaron al país 379.900 turistas no residentes, un 20,4% más que en el mismo mes del año anterior. En sentido inverso, 661.900 turistas residentes viajaron al exterior, una caída interanual de 12,1%. El resultado siguió siendo deficitario: hubo 282.000 turistas más saliendo de la Argentina que entrando. Pero la comparación con mayo de 2025 muestra un cambio importante. Un año antes habían llegado 315.400 turistas extranjeros y habían viajado al exterior 752.800 argentinos. El saldo negativo había sido de 437.400 turistas.

La diferencia es clara: el rojo turístico se achicó en alrededor de 155.000 turistas en un año. El dato no alcanza para hablar de equilibrio, pero sí muestra una corrección del desequilibrio que marcó buena parte de 2024 y comienzos de 2025.

El cambio más fuerte aparece en el turismo emisivo. En mayo de 2025, las salidas de argentinos al exterior crecían 48,9% interanual. En mayo de 2026, cayeron 12,1%. Pasar de una expansión cercana al 50% a una baja de dos dígitos indica que el boom de viajes al exterior encontró un freno.

Durante varios meses, el precio relativo de muchos destinos externos, especialmente Brasil y Chile, pesó fuerte en las decisiones de consumo de hogares con alguna capacidad de gasto. Viajar afuera aparecía como una oportunidad frente a precios locales muy altos. Pero el tipo de cambio es sólo una parte de la decisión. Para viajar también hacen falta ingresos disponibles, ahorro o crédito.

Ese punto conecta el informe de turismo con otros datos recientes sobre la economía de los hogares. El salario formal todavía no recuperó plenamente poder de compra, la informalidad alcanza a una parte muy amplia del mercado laboral y el crédito empezó a funcionar, para muchos trabajadores, como una extensión del ingreso mensual. En ese contexto, financiar un viaje ya no compite sólo contra otros consumos de ocio: compite contra alquiler, comida, servicios, transporte, deudas previas y cuotas de tarjeta.

Ahí aparece el límite. El dólar todavía puede invitar a viajar; el salario ya no siempre alcanza para hacerlo. Esa tensión ayuda a leer la moderación del déficit turístico: no necesariamente porque el exterior haya dejado de ser conveniente en términos relativos, sino porque una parte de los hogares ya no puede sostener ese consumo con la misma facilidad.

La serie mensual refuerza esa idea. El saldo turístico siguió negativo durante todo 2026, pero fue menos rojo que un año atrás. En enero de 2025 el déficit había sido de alrededor de 1,25 millones de turistas; en enero de 2026 fue de 1,08 millones. En febrero pasó de 1,33 millones a 1,09 millones. En marzo, de 846.000 a 552.000. En abril, de 462.000 a 301.000. Y en mayo, de 437.000 a 282.000.

La tendencia muestra una reducción sostenida del déficit, aunque no por un solo canal. Por un lado, llegan más turistas extranjeros. Por otro, salen menos residentes argentinos. El primer dato puede leerse como una mejora del turismo receptivo. El segundo, en cambio, abre una pregunta más sensible: qué está pasando con la capacidad de consumo de los hogares que hasta hace poco seguían eligiendo el exterior.

Brasil volvió a ocupar un lugar central en esa fotografía. En mayo de 2026 fue el principal origen de turistas extranjeros que llegaron a la Argentina, con 87.200 personas y una participación de 22,9% sobre el total. Le siguieron Uruguay, con 59.600 turistas, y Chile, con 55.100. El turismo receptivo desde países limítrofes explicó el 64,2% de las llegadas.

Del lado de los argentinos que viajaron al exterior, Brasil también fue el destino más elegido, con 137.300 turistas, aunque con una caída interanual de 7,8%. El bloque Resto de América recibió 111.100 turistas residentes argentinos y Chile quedó tercero, con 102.300, pero allí la baja fue mucho más fuerte: 38% menos que en mayo de 2025.

Ese dato ayuda a entender que la corrección no fue pareja. Los argentinos siguieron viajando sobre todo a países de la región, pero el volumen bajó en varios destinos. El turismo emisivo a Chile, que había sido uno de los grandes protagonistas del fenómeno de compras y escapadas por precios relativos, mostró una contracción marcada.

El cambio no borra lo ocurrido durante los meses previos. El atraso cambiario, combinado con precios internos altos, sostuvo durante un tiempo una escena particular: hogares que todavía conservaban margen de consumo encontraban más conveniente cruzar la frontera o tomar un vuelo regional que pagar unas vacaciones locales. El problema es que una ventaja cambiaria no alcanza si el ingreso disponible se achica.

Cuando el salario pierde poder de compra, incluso un viaje relativamente barato deja de ser accesible. No alcanza con que Brasil, Chile o Uruguay parezcan convenientes frente a la Costa Atlántica. Hace falta llegar a fin de mes con margen para pagar pasajes, alojamiento, comida, traslados, compras, seguro, cuotas de tarjeta o gastos en dólares. Si ese margen se estrecha, la decisión cambia.

La caída de las salidas al exterior no prueba por sí sola que todos esos viajes se hayan frustrado por falta de ingresos. Pero en una economía donde los trabajadores recurren cada vez más al financiamiento para sostener gastos corrientes, el turismo es una señal difícil de ignorar. Cuando el crédito ya se usa para completar el mes, endeudarse para viajar se vuelve una decisión mucho más estudiada y menos impulsiva.

El desequilibrio turístico empezó a corregirse. No necesariamente porque la Argentina se haya vuelto más competitiva para sus propios residentes, ni porque el tipo de cambio haya dejado de incentivar viajes al exterior. La novedad parece ser que cada vez más hogares parecen encontrar un límite en sus ingresos para sostener ese consumo.

JJD