Gato andino reaparece en Argentina: alianza entre científicos, comunidades y ganaderos abre una ruta de esperanza
En Malargüe, una ciudad argentina a los pies de la Cordillera de Los Andes, los pasos del gato andino (Leopardus jacobita) volvieron a dejar rastros de conservación. Este es uno de los felinos más difíciles de ver y es el más amenazado del continente americano. Por tercer año consecutivo se logró registrar entre las rocas, a través de cámaras trampa, su presencia cerca del área protegida La Payunia. En diálogo con Mongabay Latam expertos destacan los planes de conservación en una zona.
El gato andino es el único en la categoría “En Peligro de Extinción” en el continente americano, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Sus poblaciones se caracterizan por tener baja densidad y estar fragmentadas, dos factores que lo hacen particularmente vulnerable. Hasta hace poco tiempo, era conocido solo en altitudes superiores a los 3600 metros sobre el nivel del mar en Argentina, Bolivia, Chile y Perú.
Su cola es larga, gruesa, cilíndrica y de aspecto felpudo. En esta extremidad, además, cuenta con entre seis y nueve anillos anchos de color que oscila entre café oscuro a negro. Tiene nariz negra, a diferencia del gato del pajonal (Leopardus colocolo), que tiene la nariz rosada. Ambos felinos comparten hábitat. Las estimaciones internacionales indican que quedan menos de 2200 gatos andinos distribuidos en sectores montañosos de Argentina, Bolivia, Chile y Perú.
El gato andino es ligeramente más grande que un gato doméstico. Pesa en promedio cuatro kilogramos y mide alrededor de 60 centímetros de longitud. El hábitat de un macho puede llegar a tener el tamaño de más de 5000 canchas de fútbol. Es una especie con densidades poblacionales muy bajas y comparte espacios con el gato de pajonal.
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Según WCS Argentina, en 2005 fue registrado en el noroeste de la Patagonia, a 1800 metros sobre el nivel del mar, y recientemente se lo registró nuevamente a 650 metros sobre el nivel del mar. De acuerdo a la misma organización, luego de realizar estudios genéticos se descubrió que la población patagónica y la del Altiplano están diferenciadas genéticamente por el escaso intercambio desde hace más de 200 000 años, por lo que deben ser consideradas como dos unidades evolutivas separadas.
“Cada hallazgo es una gran noticia y nos confirma que el gato andino continúa en el área y que los esfuerzos de conservación generan resultados concretos. [Malargüe] es una zona donde no lo habíamos registrado antes, pero lo estábamos monitoreando desde hace años a partir del testimonio de un productor que describió con notable precisión un encuentro con un ejemplar”, relató a Mongabay Latam María José Bolgeri, doctora en biología y gerente de manejo regenerativo de WCS Argentina.
“Junto al trabajo científico, el avistaje de pobladores y productores ganaderos de la zona es esencial para completar el conocimiento de la distribución de esta especie y las amenazas que enfrenta”, agregó la experta.
Registros de conservación
En los registros de las cámaras trampa se observa al gato andino moviéndose entre formaciones rocosas, prácticamente camuflado con el paisaje árido y volcánico que caracteriza a esa zona del sur de la provincia de Mendoza, en la frontera con Chile. El área protegida La Payunia es una de las reservas más grandes de Argentina, con más de 665 000 hectáreas.
Ese paisaje natural se caracteriza por la presencia de más de 800 conos volcánicos y coloridas planicies. Allí habitan una diversidad de especies vegetales y animales, como el cóndor andino (Vultur gryphus), el puma (Puma concolor), el zorro colorado (Lycalopex culpaeus), el choique o ñandú petiso (Rhea pennata), la mara o liebre patagónica (Dolichotis patagonum) y especies que solo pueden encontrarse en este lugar, como el lagarto de las rocas (Phymaturus patagonicus) de la Payunia. Además, es el escenario de la mayor migración de guanacos (Lama guanicoe) que existe, un proceso natural amenazado a escala global.
El gato andino enfrenta múltiples riesgos: caza por ganaderos para evitar pérdidas de ganado, atropellamientos en carreteras y caminos, reducción de presas como el chinchillón o vizcacha de montaña (Lagidium viscacia), degradación del hábitat por actividades extractivas e impactos del cambio climático.
WCS Argentina estudia la distribución del gato andino en el norte de la Patagonia desde 2005, encontrando que el 50 % de los registros eran de animales cazados por productores ganaderos con el fin de evitar pérdidas de ganado por parte de estos depredadores silvestres.
“El trabajo sostenido desde hace más de dos décadas permitió a WCS Argentina identificar áreas prioritarias para implementar medidas de conservación para la especie, generando desde entonces el 75 % de los registros confirmados hasta el momento, y la necesidad de sostener y expandir las medidas de coexistencia entre las actividades ganaderas y la fauna nativa”, afirmó Bolgeri.
Los recientes registros en Mendoza y la provincia vecina de Neuquén refuerzan el valor estratégico de la reserva de La Payunia. Desde el ámbito científico y de conservación se remarca que estas imágenes aportan datos valiosos para fortalecer estrategias de protección de la especie y del ecosistema en el que vive. Además, el registro en esta zona argentina refuerza la importancia de las áreas protegidas y del monitoreo sostenido con tecnología, como las cámaras trampa.
“Para cuidar La Payunia y la vida silvestre que la habita, trabajamos en colaboración con los gobiernos locales, comunidades, productores ganaderos, el sector privado, organizaciones de conservación y de investigación. Este es un claro ejemplo de la función clave que cumple un área natural protegida que impacta positivamente más allá de su límite”, explicó Fernando Miñarro, gerente de áreas protegidas terrestres de WCS Argentina.
El experto añadió que el gato andino necesita ser protegido dentro y fuera de un área natural protegida. “Trabajar en la elaboración e implementación de planes de manejo que derraman buenas prácticas productivas hacia el exterior, como la ganadería regenerativa o el turismo de naturaleza, asegura el éxito de la conservación y la coexistencia”, dijo Miñarro.
Según el experto, la ganadería regenerativa es clave para proteger al gato andino. Esta actividad, también llamada sostenible, silvopastoril o rotacional intensiva, consiste en combinar árboles, arbustos y pastos de calidad para mejorar la eficiencia ganadera, mitigar la sequía y aumentar la biodiversidad de la zona.
Miñarro explicó que apuntan a evitar el pastoreo excesivo en áreas de roqueríos (espacio físico caracterizado por una gran acumulación o abundancia de rocas y peñascos) y bofedales para conservar el hábitat de sus presas. Además, dijo que la ganadería regenerativa promueve la coexistencia pacífica al implementar métodos no letales para proteger rebaños, evitando así que los productores cacen al felino.
Además, el turismo de naturaleza es clave para conservar al gato andino porque transforma a esta especie en un activo económico valioso para las comunidades locales. Este tipo de turismo fomenta el orgullo local, desalienta la caza tradicional, promueve la creación de áreas protegidas y permite financiar programas de monitoreo en ecosistemas altoandinos.
Un paisaje espectacular
Según el Gobierno de Mendoza, La Payunia es uno de los principales atractivos naturales de esa región. En esa zona hay un promedio de 10.6 volcanes cada 100 kilómetros cuadrados y tiene una vida silvestre impresionante, ya que los animales viven en condiciones extremas por la altura y las temperaturas bajas. Ahí está el gato andino, caminando solitario.
En Bolivia y Perú, la Fundación Teko Kavi impulsa la conservación de este felino dentro del proyecto Conservación del Gato Andino. Josef Rechberger, biólogo y director de esa organización, explicó a Mongabay Latam que la supervivencia de esta especie enfrenta serias amenazas, como la minería.
“Aunque no afecta de manera directa al felino, contamina los cuerpos de agua de los cuales depende toda la fauna silvestre. A esto se suman la ganadería extensiva de llamas y alpacas, que altera el equilibrio ecológico, y la presencia de perros y gatos domésticos sin control, que compiten por alimento e incluso transmiten enfermedades”, detalló Rechberger.
En Bolivia, acotó el también especialista en mastozoología, se instalaron 40 cámaras trampas en 2023 en el área protegida de Apolobamba, en el departamento de La Paz. Tras la implementación de ese método se pudo catalogar a dicha reserva como una zona clave para la conservación del gato andino, que en Bolivia tiene una clasificación de “En Peligro crítico”, según el Libro Rojo de Vertebrados.
“Este es un trabajo en equipo. Acá se debe trabajar con el Estado, con las comunidades, con organizaciones, todo para evitar la desaparición de esta especie tan asombrosa”, destacó Rechberger.
Una alianza transnacional por el gato andino
Argentina, Bolivia, Chile y Perú son los únicos países en el mundo habitados por esta especie, y existe un proyecto que promueve su conservación: la Alianza Gato Andino. Esta iniciativa, que reúne a profesionales, la mayoría de ellos biólogos, se creó en 1999 y desde entonces generó información científica de esta especie, además de una serie de campañas de difusión para sensibilizar a la audiencia y resaltar la importancia de su conservación.
Entre los logros de AGA, está el haber conseguido que el gobierno chileno nombre a este animal como embajador del Día de la Fauna Nativa, que se celebra cada 5 de noviembre en Chile. Rocío Palacios, doctora en Biología y directora de AGA, explicó a Mongabay Latam que sus programas tienen una “misión global”, pero con un “enfoque local”.
“Nosotros creamos una serie de intervenciones, que después mostramos a cada comunidad con la que trabajamos y ellos deciden qué implementar para tener más resultados en la conservación del gato andino. No solo se trata de proteger al gato andino, sino también a todo el paisaje donde habita”, resaltó Palacios.
Según la experta, las comunidades locales son actores fundamentales para la conservación del gato andino. Al ser los habitantes directos de su hábitat en las altas montañas, su rol es vital para frenar amenazas como la caza y la minería, promoviendo el cuidado del medioambiente a través de acciones de vigilancia y educación.
Por ejemplo, en las culturas aymara y quechua locales, este felino es considerado un animal sagrado, símbolo de fertilidad y vinculado a los espíritus protectores de las montañas.
El artículo original fue publicado por Ivan Paredes en Mongabay Latam. Puedes revisarlo aquí.
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