La industria del libro en la Argentina- Debate en la Feria de Editores 2022 Entrevista

Alejandro Dujovne: “El mercado interno es rico y potente pero también sufre las consecuencias de las crisis”

Alejandro Dujovne

Una charla con Alejandro Dujovne es la mejor puerta de entrada para comprender la producción editorial argentina. Viva y diversa, concentrada y poco federal. El mercado nacional se destaca entre los países de América Latina, pero tiene sus propios desafíos internos. En un evento realizado en el marco del programa de intercambio de la Feria de Editores 2022 (FED), Dujovne, doctor en Ciencias Sociales y director del Centro de Estudios y Políticas Públicas del Libro (Programa Lectura Mundi y Escuela IDAES de la UNSAM), compartió con representantes internacionales de la región y Europa un panorama histórico y actual de la edición argentina. En conversación con elDiarioAR, repasa con qué se encuentran quienes se asoman a este lado del mapa. 

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¿Cuál es el valor de estos encuentros para las editoriales argentinas que participan de la FED?

La pandemia ratificó que el negocio del libro es un negocio de contacto físico, de construcción de vínculos de confianza, de conversación. No es solamente encontrar un título que te gusta para traducir, sino que también es encontrar catálogos afines, editores y editoras con las cuales uno pueda tener miradas comunes. Entonces empieza a haber una compra y traducción más allá de un título en particular. Esta clase de experiencias presenciales funcionan muy bien para esa construcción que después se va a terminar materializando en producciones.

¿Cómo se describe a editores y editoras extranjeros la estructura del mundo del libro en la Argentina?

Hay que pensar en clave de ecosistema, no aislar a las editoriales sino entenderlas como parte de un conjunto de otros actores que conforman ese ecosistema. Hay editoriales independientes porque tenemos una red librera independiente muy buena y fuerte, que pese a que tiene muchos problemas en términos económicos, es muy superior en materia numérica y de diversidad en relación al resto de los países de América Latina. Muchas editoriales pueden desarrollarse porque encuentran dónde vender. Siempre hay que pensar de manera relacional a un actor respecto de los otros.   

¿Cómo es la circulación actual de la producción editorial argentina?

Argentina tiene una enorme virtud que tiene que ver con ese paisaje librero muy amplio, pero si a eso lo posás sobre el mapa del país, ves que hay un enorme desequilibrio. Por supuesto hay una variable demográfica, provincias y distritos con menos habitantes que van a tener menos librerías, pero hay asimetrías que exceden la cuestión poblacional, hay cuestiones económicas y de política pública de por medio. Así como Buenos Aires tiene un número muy grande, en términos globales, de habitantes por librerías, hay provincias argentinas con números muy bajos. Es un modo de ponderarlo. Cuando no tenés escala para que las distribuidoras lleguen bien, muchas editoriales pequeñas y medianas no tienen la capacidad de llegar, lo hacen solamente las editoriales que tienen lo suficientemente desarrollada y fuerte la parte de distribución. Entonces hay gente que no puede acceder a libros porque, por un lado, hay pocas librerías y, al mismo tiempo, la bibliodiversidad es menor. 

Alejandro Dujovne explica que esta reducción de oferta existente repercute en la producción, ya que las editoriales pequeñas difícilmente puedan publicar una cantidad de títulos al año si no tienen dónde distribuirlos. Buenos Aires es donde se concentra la mayor producción de libros en Argentina, que van de allí hacia el resto de las provincias. “Mientras más te alejás de los centros urbanos principales -Buenos Aires, Córdoba, Rosario- no solamente la posibilidad de lectores y lectoras de acceder a libros es menor, sino también de las propias editoriales de desarrollarse, por lo tanto, de los autores y autoras de verse publicados”, es como ilustra con claridad Dujovne y agrega: “El mercado por sí solo tiende a profundizar esos problemas”. 

¿Cuáles son las políticas públicas necesarias en un ecosistema como el que describís? 

Actualmente no hay una política integral y mucho menos de largo plazo para tratar de revertir esta clase de problemas estructurales. Las crisis agudizan esto y concentran más al mercado. Si comparás con la región, Argentina sigue teniendo una potencia importante, sobre todo en el mercado interno. Ha perdido mercados externos, Argentina era una potencia exportadora y podría serlo todavía. Desde el Centro de Estudios y Políticas Públicas del Libro estamos trabajando con la cámara Argentina del Libro y con Cancillería para desarrollar un plan de internacionalización. Puedo enumerar medidas, pero en realidad no pasa por ahí. Primero, se necesita información para conocer la realidad del mercado, ese es el punto de partida para cualquier política. A partir de ahí, lo que necesitamos son planes integrales para el sector que sean duraderos. En el fondo, no hay una política del libro sin una política de lectura. Uno piensa en el mercado del libro en sentido de producción, pero se olvida que, si no hay más y mejores lectores, en sentido de más diversificados, el mercado del libro no tiene mucha vida.

¿Cuál es esa potencia del mercado interno argentino a la que te referís?

Para mí un indicador muy revelador es que, pese a las sucesivas crisis y pese a que no hay apoyos públicos, tenemos muchísimas librerías y muy diversificadas. Tenemos una muy buena ley que en general se respeta, que es la ley del precio único del libro (Ley 25.542), de 2001, y eso ha permitido que no se produzca una concentración muy marcada en el mundo de las librerías. Con lo golpeada que está la cultura, la economía, la sociedad, hay muchas librerías. Eso habla de una vocación, de una importancia del libro físico. También la cantidad de editoriales que surgen y se profesionalizan, y gente que dedica su tiempo y energía pese a que ese no es su ingreso principal. O los talleres literarios y los clubes de lectura. Creo que hay un vigor que obviamente durante las crisis se repliega, pero cuando apenas hay un poco de mejora económica, empieza a funcionar. Los catálogos de los sellos independientes son de calidad, hay una circulación y socialización de la información que ha permitido que quien se suma ya parte de un piso mucho más alto de conocimiento y desarrollo. Creo que hay algo intenso en esa vitalidad cultural y de a poco estas editoriales independientes entran a otros mercados de la región, a fuerza de calidad y de contactos internacionales.

¿Cómo puede impactar en el mercado editorial argentino la internacionalización de las publicaciones?

El mercado interno es rico y potente pero también sufre las consecuencias de las crisis. Cuando hay situaciones de retracción económica se restringe y lo sufren las editoriales. Es vigoroso en el sentido de que hay deseo de comprar libros, cuando el consumo medio está deprimido, se nota en menos compras. Cuando el Estado no compra libros también golpea fuertemente a muchas editoriales. No hay que perder de vista que Argentina es un país de crisis cíclicas y de largos periodos de situaciones de inestabilidad económica, lo que hace que sea un mercado muy oscilante, de crecimientos pero después de retracciones. El desarrollo de mercados externos, a través de coediciones, de imprimir en otros lugares o de exportar, permite a las editoriales tener un piso de ingreso más estable y afianzarse y animarse a hacer más títulos, más tiradas, a tener autores y autoras que tal vez no se hubiesen animado a publicar. Internacionalizarse no es solamente exportar la cultura argentina, o traducciones hechas en el país, también es la posibilidad de que lo que se produce en el país sea más y que incluso haya más trabajo y de mayor calidad. El mercado de editoriales del mundo es muy competitivo y Argentina tiene la virtud y el defecto de estar en una lengua muy potente, porque el castellano es una de las principales lenguas del mundo pero al mismo tiempo hay tantos países que escriben en castellano, y especialmente España, que tenés que hacer un enorme esfuerzo para mostrarte ante el mundo. Necesitás mostrar que tenés una literatura interesante, dinámica.

Independientes, ser o no ser 

El término independiente suena cada vez más entrecomillado al hablar con personas del ámbito editorial. Para Alejandro Dujovne es un concepto productivo en términos políticos para agrupar actores diversos, de distintos tamaños, trayectorias y perfiles editoriales. En este polo cultural se ubican las editoriales que apuestan por catálogos culturales, de calidad y por autores y autoras nuevos. El investigador prefiere retomar a Bourdieu para hablar de zonas independientes: “Frente a los grandes grupos que ocupan un polo del mercado editorial, hay una zona de editoriales independientes que se acercan o distancian en función de afinidades, de tamaño, de clase de libros que publican. Hay una enorme variabilidad. En términos políticos, aunque ya tuvo su momento de mayor auge, la noción de independiente aún tiene una potencia enorme de posicionamiento e identificación de muchos actores, me parece que aún le queda vida”. 

 

JL

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