Papel se busca, los problemas para imprimir ponen en jaque a la industria editorial

La falta de papel está llevando a la crisis a la industria editorial

“No hay precios”. “No hay papel”. “No hay presupuestos”. La semana pasada la industria editorial se llenó de ausencias. Tras la renuncia del ex ministro de Economía, Martín Guzmán, la incertidumbre se apoderó de la escena y puso al sector en una pausa momentánea. A la situación global de escasez que se vive alrededor del papel, y a las restricciones nacionales a las importaciones, se sumó el imprevisible contexto local y las alarmas comenzaron a sonar en distintos rincones: libros a punto de entrar a imprenta que quedaron congelados hasta nuevo aviso, revistas que no llegaron a los quioscos y publicaciones que decidieron reducir su cantidad de páginas. Con actores de diversos tamaños y recursos financieros, los reclamos del rubro se unifican y retoman la actividad con un horizonte plagado de dudas.    

Tanto los grandes editores de revistas como las pequeñas editoriales de libros y los talleres gráficos relatan las mismas dificultades en su actividad diaria. El papel se convirtió en un bien escaso a nivel mundial ya que, con la pandemia, el comercio electrónico acaparó la materia prima con la producción de embalajes y materiales como el cartón corrugado, utilizado para las cajas en las que se entrega la mercadería. Sumado a eso, la producción nacional del papel utilizado en la industria editorial está en manos de pocas empresas que manejan precios y entregas. Estas, a su vez, también dependen de materias primas importadas. Es decir, dolarizadas. En una economía inestable, con especulaciones e incógnitas en torno al tipo de cambio oficial y medidas para evitar la salida de dólares del país, la estabilidad del ecosistema editorial se vuelve frágil. 

A cada infraestructura, sus problemas

Gustavo Bruno, presidente de la Asociación Argentina de Editores de Revistas, lleva realizados reclamos a la Secretaría de Comercio y al Banco Central para solicitar medidas que faciliten la importación de papel para el sector. En el caso de Editorial Perfil, uno de los jugadores más grandes de revistas impresas del país, donde Bruno es director de Circulación y Ventas, el acceso a esta materia prima está frenado por no poder realizar pagos contra entrega de la mercadería. “Stock tengo cero. Tengo barcos y papel en aduana para dos meses, pero no lo puedo ingresar”, dice. El BCRA habilita el pago en dólares a 180 días posteriores al arribo de la mercadería, algo que imposibilita la negociación con las papeleras que traen el papel desde Estados Unidos, Finlandia, Japón y Rusia -con sus propias complicaciones- hacia la Argentina, en un contexto de escasez mundial. Se trata del papel bobina para impresión de revistas, utilizado para grandes tiradas, del que no hay producción local.

Stock tengo cero. Tengo barcos y papel en aduana para dos meses, pero no lo puedo ingresar

Gustavo Bruno Presidente de la Asociación Argentina de Editores de Revistas

Mientras tanto, las ediciones de julio de algunas publicaciones aún no llegaron a los quioscos por la falta del insumo. Otras se imprimen con menos páginas en un “papel en hoja”, producido en el país y utilizado para tiradas chicas, por lo que su costo duplica o triplica el del papel bobina. Se trata de una alternativa momentánea para seguir circulando y mantener el precio de la publicación, pero que no puede sostenerse más que unas semanas. Sin intervenciones oficiales para resolver el acceso al papel, más revistas seguirán saliendo de circulación. “Hay muchas fuentes de trabajo atrás. Hay canillitas, editores, distribuidores, impresores, un sinfín de puestos de trabajo que a veces no se dimensiona en los órganos políticos”, resume Bruno. 

Lejos de los números de las grandes editoras de revistas y sin posibilidades de recurrir al stock propio de papel, las editoriales de libros independientes se encontraron la semana pasada con una absoluta parálisis ante la incertidumbre de lo que ocurriría luego de la salida de Guzmán. “Después de una semana caótica, sin precio de papel, la situación se está normalizando. Lo que sucedió no es nuevo en nuestro país: en cada crisis económica y devaluación abrupta del peso, el papel, que cotiza en dólares porque es un commodity, aumenta aún cuando se trata de un producto nacional”, dice Leonora Djament, directora editorial de Eterna Cadencia, y suma: “La industria del papel es oligopólica. Si no hay políticas desde el Estado en un sentido diferente, difícilmente cambie está situación”.

El testimonio parece calcado en palabras de Julieta Elffman, directora de la editorial TantaAgua, quien días atrás, al igual que Eterna Cadencia, no pudo ingresar nuevos títulos a imprenta porque en los talleres no había precio de papel ni confirmación de los presupuestos que se venían manejando. Ahora, con costos actualizados, queda afrontar los cambios en las condiciones de pago, que en muchos casos es un anticipo inmediato del 50%, lo que para algunas editoriales representa un desembolso difícil de lograr. Para reflejar el momento, desde una imprenta consultada por elDiarioAR, informan que el papel ilustración aumentó entre un 80% y 90% desde la semana pasada a esta, y que no se sabe cuánto durarán las listas de precios actuales. El papel para libros, por su lado, que usualmente aumentaba cada 40 o 45 días un 11/12/13%, aumentó un 20%. “Lo que termina ocurriendo es una concentración de la industria. Está todo dado para que sobrevivan las editoriales que tienen la espalda para hacerlo. Sin una política estatal de apoyo a las editoriales independientes para atravesar estas cuestiones, se pierde bibliodiversidad”, explica Elffman. 

Como en cualquier lógica comercial, las editoriales grandes imprimen los títulos más rentables, mientras que las más pequeñas hacen apuestas a libros que, de otra manera, no circularían. Víctor Malumián, de Ediciones Godot, explica que con estos problemas económicos y de producción hay una reducción de las novedades editoriales hasta fin de año, y que los primeros en recortarse son los títulos más experimentales porque las editoriales necesitan asegurarse un piso de recuperación: “Estás adelantando plata para el papel, para la traducción, para la corrección, derechos de autor, y después no sabés la venta cómo va a venir. Además, adelantás por volúmenes grandes y luego, cuando cobrás, vas vendiendo cada mes de a pocos ejemplares, hay un desfasaje bastante grande en cuanto al egreso del dinero y el retorno de esa inversión”, detalla Malumián. El impacto también llega a las librerías, ya que el aumento en los costos de impresión se traslada al precio de los libros, lo que repercute negativamente en sus ventas. Sin perder de vista que, ante todas las publicaciones que dejan de circular o reducen su distribución, hay un público que deja de acceder. Porque se trata de una industria y un gran circuito con diversos y numerosos actores, pero también de un sector clave en la promoción y difusión de la cultura, de la lectura y del acceso a la información.  

JLC/MG

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