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Covid en China y secretos en primera persona: el documental que muestra cómo Beijing manejó la información apenas se desató la pandemia

"In The Same Breath: ¿qué es mentira y qué es verdad?" fue dirigido por la cineasta Nanfu Wang

“Todos nos consideramos capaces de separar la verdad de la mentira. ¿Pero cómo podemos hacer esa distinción cuando la desinformación proviene de la gente en la que se supone que debemos confiar?”. Esa es una de las preguntas que se hace la cineasta Nanfu Wang en su documental In The Same Breath: ¿qué es verdad y qué es mentira, que se estrenó en la última edición del prestigioso festival de cine de Sundance y que en las últimas semanas llegó al streaming local en la plataforma HBO Max. 

Se trata de un repaso por los primeros días de la pandemia en China, con imágenes hasta ahora nunca vistas, pero también una reflexión sobre el manejo en los medios, el rol de los gobernantes y la circulación de la información pública en un hecho de tanto impacto en todo el mundo.

El largometraje combina la búsqueda de testimonios con la propia experiencia de la cineasta, quien nació en China y vive desde hace una década en los Estados Unidos. 

Como sucede todos los años, a comienzos de 2020 Wang viajó a su tierra natal para visitar a su familia, acompañada por su hijo de dos años, a quien planeaba dejar por un tiempo al cuidado de su madre. No se imaginaba que llegaría a un país que muy poco después ocuparía las primeras planas de todos los medios por un entonces misterioso virus que se habría detectado allí.

En la primera parte del documental, la directora ubica a los espectadores en la escena que ella misma vivió al llegar a China: las fiestas populares apenas arranca 2020, los fuegos artificiales, las multitudes en las calles. Wuhan, que tiempo después se convertiría en el epicentro del brote en el país, lucía, tal como ella misma pudo reconstruir, “como cualquier otra ciudad”.

Sin embargo, una noticia que la documentalista pudo escuchar mientras todavía estaba en China la alarmó: ocho personas habían sido detenidas en Wuhan por “esparcir rumores sobre una supuesta neumonía”. Con las mismas palabras, los medios chinos –controlados por el gobierno central– daban la información al unísono.

De regreso a los Estados Unidos, ya con la confirmación de que el problema con esa enfermedad “muy parecida a una gripe” iba en aumento, Wang comenzó una investigación más profunda que derivó en In The Same Breath. Ella misma asegura que el desconocimiento era tan grande a mediados de enero de 2020 que al llegar a Nueva York no tuvo ningún tipo de control en el aeropuerto, pese a que volvía de una de las zonas más calientes de la pandemia. En paralelo, su hijo seguía en China al cuidado de su abuela y recién pudo volver unas semanas más tarde.

Entre novedosos testimonios e imágenes recolectadas apenas empezó a detectarse el virus en China, la cineasta muestra una situación compleja sin caer en generalizaciones. Entre otras cosas, contactó a fotógrafos y camarógrafos de Wuhan, que grabaron, a veces con permiso y a veces de manera clandestina, cómo se vivían esas horas de incertidumbre. Hablan enfermeros, médicos, personal de hospitales públicos y privados, muchos de ellos con miedo de dar su cara. Con la crisis desatada, la documentalista también consigue hablar con sepultureros de Wuhan, que aseguran que las cifras oficiales de muertos no se ajustaban a la realidad

Wang también exhibe imágenes bastante crudas que circulaban por las redes sociales en China –sometidas a un riguroso control estatal– que luego fueron borradas: personas que se descomponían en las calles, hospitales que empezaban a abarrotarse, familiares de personas enfermas que no recibían el cuidado necesario.

Según relata la propia directora en el largometraje, ella ofreció parte del material y algunas historias verdaderamente angustiantes de aquellos días a medios importantes de los Estados Unidos, pero ninguno se mostró interesado entonces.

Entre las escenas más impactantes de In The Same Breath se encuentran las de la celebración de un multitudinario congreso en Wuhan, en enero de 2020, una reunión anual de autoridades de las provincias chinas, en el que se firmó un documento en el que se aseguraba que habían cesado los contagios del por esos días misterioso mal.

Apenas unos días después, el 20 de enero, el gobierno, que prefería dar un mensaje de cierto optimismo, debió admitir que el virus se propagaba entre los humanos. El 23, finalmente, Wuhan entró en la cuarentena estricta que fue conocida por todo el mundo.

Hacia la mitad del documental, que dura casi una hora y media, la cineasta decide también mostrar cómo fueron aquellos días en Nueva York, donde ella vive con su marido y su hijo. Se pueden ver, también, los cambios de postura del gobierno estadounidense: el ex presidente Donald Trump asegura que el coronavirus no es más que una gripe y que tiene “todo bajo control” hasta que las guardias de los hospitales empiezan a colapsar.

En una entrevista reciente que brindó a la revista Filmmakers, Wang aseguró que al principio de su investigación se enfocó en ver qué podía rastrear en las redes sociales.

“En ese momento, la única manera de obtener información relacionada con la pandemia era leer historias en los medios o scrollear por las redes sociales constantemente. Quería buscar a la gente “del común”, familias con seres queridos en el hospital, gente que había trabajado para el gobierno. Quería encontrar información lo más real posible, sabiendo que eso no podés encontrarlo en las noticias (mientras que las redes sociales, por supuesto, siempre están llenas de contradicciones)”.

Lo que más intriga le causó por esos días, según contó, fue lo rápido que muchas de las historias de impacto que leía “desaparecían” de las redes.

En otra entrevista que brindó la directora, con la revista Indiewire, también reveló que su intención al contar esta historia no fue otra que mostrar los muchos puntos en común que encontró en algunos relatos que circularon en China y en los Estados Unidos sobre la pandemia evitando siempre caer en los prejuicios sobre los entrevistados que hablaron con ella y su equipo de trabajo.

“Como editora y directora tengo que tener paciencia y tratar de entender a las personas y escucharlas. Hay gente en China que elogia al gobierno más allá de tener familiares muertos por el Covid por falta de atención médica o por falta de cuidado por parte de las autoridades y así y todo sigue apoyando al gobierno. Yo miro a esa gente como si fueran de mi familia o mis amigos. Nunca los miraría con desprecio o desde un lugar de superioridad moral. Porque entiendo cómo fue que llegaron hasta ahí, con qué información y cómo se fue formando su ideología”, aseguró.

Tal vez con la intención de mostrar una especie de paralelo, así como la directora muestra las contradicciones de las autoridades chinas, también exhibe, por ejemplo al médico Anthony Fauci, asesor gubernamental entonces del gobierno de Donald Trump, cuando dijo en marzo de 2020 que no era necesario el uso de mascarillas. A la vez obtiene testimonios de profesionales de la salud estadounidenses que debieron lidiar con numerosos problemas en sus lugares de trabajo y también registra marchas de quienes niegan la existencia del virus.

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En el largometraje, la cineasta asegura que, tal como ocurrió con otros hechos trágicos en China, el relato oficial sobre el manejo de la pandemia en la historia oficial fue contado “como un triunfo más del Partido Comunista”. De hecho consigue tomas muy elocuentes de los festejos por la “victoria” china sobre el Covid y el final de las restricciones de circulación en Wuhan.

Wang ya había sorprendido al mundo en 2019 con otro documental de impacto llamado One Child Nation (disponible en la Argentina en la plataforma Amazon Prime), en el que se propuso indagar sobre las consecuencias sociales y familiares de la llamada “política de un solo hijo” que tuvo lugar en China entre 1979 y 2015.

AL

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